viernes, 20 de junio de 2025

"Di a mi pueblo que marche hacia adelante" (Éxodo 14.15-18), Pbro. L. Cervantes-Ortiz


Marcha de los israelitas, Cassell's Illustrated Universal History (1888)

50º aniversario de la Iglesia Evangélica Misionera del Pacto El Dorado

22 de junio, 2025

 

Pero Dios le dijo a Moisés: —¿Y tú por qué me pides ayuda? ¡Mejor ordena a los israelitas seguir adelante! Toma la vara y extiende tu brazo sobre el mar, para que se abra en dos; así el pueblo podrá pasar por en medio, caminando sobre tierra seca.

Éxodo 14.15-16, TLA 

Trasfondo

Ante el 50º aniversario de la Iglesia El Dorado, un auténtico jubileo en el espíritu bíblico de reinicio y renovación de la fe, venimos ante Dios con él corazón henchido de gratitud por llegar hasta este momento tan significativo para esta comunidad de fe. Toda la experiencia acumulada y el conjunto de testimonios que dan cuerpo a lo que está iglesia ha sido y ha querido ser nos conecta en línea directa con el relato del Éxodo, de la salida hacia la libertad del pueblo de Dios. Porque el Señor siempre tiene a su pueblo en un éxodo continuo, en una búsqueda permanente de mejores condiciones de fe y de vida para estar a la altura de sus grandes proyectos.

Hacer historia de la iglesia y como iglesia (como se aprecia en las crónicas comunitarias) nos coloca cara a cara con los propósitos divinos que siempre nos rebasarán y que, aun así, deben funcionar como el horizonte utópico al que debemos aspirar sin renunciar a hacer cosas grandes en nombre de Dios (“En él haremos proezas”, como afirma el Salmo 60.12). La obra del Señor se basa en la fidelidad eterna de Dios a su pacto, a su alianza, en las diferentes circunstancias históricas vividas. Sumarse a ella es subirse a un barco que no detiene su marcha, a pesar de los escollos que se atraviesan para tratar de impedir el avance. Es lo que se ha estado revisando minuciosamente a partir de la historia recogida en Éxodo 14 y que ahora llega a su clímax al compás de la celebración y la expresión de gratitud.

Yahvé dialoga con Moisés y le ordena marchar (v. 15)

El relato busca su consumación luego de manejar un suspenso en el que Dios parecería que juega a las escondidas con el faraón mientras endurece su corazón. La dupla que hizo con Moisés permitió advertir la manera en que el ánimo del pueblo subía y bajaba (igual que la iglesia de hoy cuando no se decir de actuar en nombre del mismo Dios) ante la cercanía del ejército egipcio. La consecución del plan divino de libertad muestra “la decisión de Dios de sacar definitivamente a su pueblo de la tierra donde eran esclavos”.1] Cuando Dios ve dudar a Moisés le ordena avanzar: “...la instrucción de avanzar se ubica antes que la de alzar el bastón para abrir las aguas, con el fin de enfatizar el acto de fe al que son llamados”.2]

El pueblo de Dios de todas las épocas es convocado a tener una imagen clara de los momentos claves que Dios desea que experimente en su camino a las diversas “tierras prometidas” que aparecen como parte de su designio. La forma en que hoy entienden las iglesias su razón de ser debe reflejar esta comprensión de los tiempos en que Dios manifiesta su voluntad para la realización de la misión de alcanzar a más personas para la fe en Jesucristo. Y eso acontece todo el tiempo a nuestro alrededor.

La vara se extiende y el pueblo camina en tierra seca (v. 16)

La decisión de Moisés para actuar al frente del pueblo está completamente determinada por la voz divina que se va imponiendo paulatinamente a fin de hacer visible su proyecto de liberación en medio de circunstancias no necesariamente caóticas, pero que rozan peligrosamente el riesgo de que todo se viniera abajo. El relato insiste profusamente en subrayar el temor del pueblo a la hora de seguir el rumbo de Yahvé y de Moisés y al momento de que, por fin, se levanta la vara del dirigente, el pueblo de afirmó sobre sus pies y avanzó con la firmeza requerida.

Y es que cuando los intermediarios entre Dios y su pueblo logran captar las intenciones profundas de Dios con una actitud profética es posible compartir con la comunidad la visión y la proyección que la Divinidad tiene en mente. De ahí procede la enorme ambigüedad de quienes dirigen al pueblo, y ahora la iglesia, pues deben aprender a distinguir, siempre sobre la marcha, cuáles son sus intereses personales del momento y cuáles los más altos de Dios para aplicarlos a los destinos mayores del conglomerado que presiden.

Yahvé endurece al faraón y se glorificará en él (v. 17)

La paradoja del endurecimiento del faraón por parte de Dios muestra el grado de confrontación entre Dios y las divinidades egipcias, incluyendo al gobernante supremo. Únicamente un poder superior podía doblegar esa barrera máxima que se interponía entre el pueblo y la libertad. Por ello se insiste reiteradamente en el endurecimiento, esto es, en la terquedad y soberbia del faraón, pues esa expresión “significa que se niega a dejar libres a los esclavos, pero también expresa la deshonestidad y crueldad de su actitud. […] En este caso el sentido parece connotar algunos elementos distintos, al mostrar que el faraón actuará irracionalmente y en contra de sus propios intereses”.3]

Cuando una iglesia revisa su historia en los diferentes niveles (local, distrital, nacional, confesional) debe saber encontrar las paradojas y los conflictos en los que la mano divina se manifiesta para desenredar nudos, dar golpes de mano y de timón para reconducir a las comunidades por el rumbo que Dios desea. En medio de ellos es muy posible advertir las resistencias institucionales para que los factores de cambio se desarrollen como el Señor de la Historia lo desea.

Yahvé demuestra su poder liberador (v. 18)

Si alguna imagen de Dios brota de este relato es la de una Divinidad profundamente comprometida con la justicia, la libertad y la igualdad, valores que no estaban muy en boga en aquella época antigua. El Dios que emergió en la gesta del Éxodo estaba comprometido con los esclavos, era un “dios de esclavos”, de ahí el desprecio y la arrogancia del faraón y su pueblo hacia ese “dios menor”. Pero la revelación de Dios daría un vuelco con este suceso para mostrar a una divinidad superior que acabaría con el orgullo de los egipcios de arriba a abajo.

Para nadie era una sorpresa hablar de los dioses con poder en su espacio étnico, cultual y cultural. Pero otra cosa fue proyectar la universalidad de la salvación para todos los pueblos de la tierra tal como afirma Amós 9.7 y el hecho de que otros pueblos se unieron a los hebreos para salir de la esclavitud (Éx 12.38). Dios estableció así una plataforma en la historia en la que lo espiritual y lo sociopolítico se entrelazaron profundamente para conducir al pueblo hacia un horizonte nuevo de existencia. Esa voluntad del Señor y Dios continúa vigente en la iglesia a la que también le ordena seguir siempre hacia adelante.

Conclusión

Acercarse una vez más a la historia del episodio fundador de la nación divina en la antigüedad permite trazar puentes claros entre las exigencias divinas de un tiempo preñado de posibilidades en el que hay que leer e interpretar adecuadamente los signos del Kairós divino para situarnos en las coordenadas que Dios desea que nos ubiquemos, no para quedar bien con nadie sino para estar a la altura de sus propósitos de salvación y dignificación de la vida humana que es como debería denominarse buena parte de la misión que intentamos realizar.

Proclamar la vigencia del llamado para tomar en serio la salvación en Jesucristo (anuncio) y asumir una postura profética ante los signos contrarios al Reino de Dios en el mundo (denuncia) son las dos acciones que están estrechamente ligadas en la vida y misión de la iglesia de hoy. Pero la historia no termina allí, pues el proyecto de Dios tendría aún más etapas para conseguir sus altas metas:

 

La victoria sobre el faraón no significa, por supuesto, la consecución definitiva de todos los objetivos de un proyecto de liberación. Pero es determinante porque remueve el principal obstáculo para que el pueblo avance hacia la “tierra que mana leche y miel”, a la nueva y espaciosa tierra de justicia, de la fraternidad feliz y de la libertad plena. El triunfo sobre los enemigos del pueblo es un momento básico; con él se cumple una fase de la lucha y se entra en la etapa, no menos laboriosa y difícil, de la construcción de la nueva sociedad.4 

Ése fue el espíritu original de la fiesta de la Pascua, fiesta de liberación y del inicio del crecimiento en la libertad. 

El Dios liberador nos acompaña

cuando el tiempo se interpone entre nosotros

y las fuerzas insumisas se desatan.

 

El Dios liberador se manifiesta

si creemos sus promesas redentoras

afinadas en el curso de la vida.

 

El Dios liberador es alguien cierto

al probar el sabor de las derrotas

y sentir sus alquimias bienhechoras.

 

El Dios liberador nos interpela

mientras somos bendecidos y guiados

por su fuerte mano firme en liberar.

 

El Dios liberador cumple promesas

al salir de la muerte el pueblo esclavo

y mirar horizontes de verdad.

 

El Dios liberador muestra su fuerza

cuando el pacto mantenemos fiel y cierto

y por Él nos dejamos conducir. (LC-O)

 

A la memoria de Daniel S. Prince Alarcón



[1] Pablo Andiñach, El libro del Éxodo. Salamanca, Ediciones Sígueme, 2006, p. 241.

[2] Ibid., p. 243.

[3] Ibid., pp. 237-238.

[4] José María Hernández, Dios visita y libera a su pueblo. México, Ediciones Dabar, 1995, p. 36. Énfasis agregado.

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