viernes, 26 de septiembre de 2025

Practicar el fruto del Espíritu en libertad total (Gálatas 5.19-26), Pbro. L. Cervantes-Ortiz

28 de septiembre, 2025 

En cambio, el Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto.

Gálatas 5.22-23, Traducción en Lenguaje Actual

 

Trasfondo

El cierre de Gálatas 5 es una celebración de la obra del Espíritu de libertad en la vida de los creyentes. Es, también, una sólida exhortación a experimentar esa libertad de manera continua y a practicar el fruto de esa libertad en todas las áreas de la existencia. Como bien escribió Karl Lenkersdorf al comentar las palabras inmediatamente anteriores al v. 19: “Quien se deja guiar por el Espíritu no está bajo la ley. El versículo corresponde al v. 16: el estar bajo la ley es idéntico con el cumplir la codicia de la carne, porque la ley provoca la codicia carnal (Ro 7.7), sea transgrediéndola o cumpliéndola (Ro 10.3); pero el Espíritu de Cristo guía al servicio de los unos a los otros. Así la ley, cumpliéndose conforme a su verdadero propósito se manifiesta como la voluntad de Dios”.[1] El apóstol Pablo concluye esta sección aterrizando claramente las diversas dimensiones de la libertad cristiana como acción directa y permanente del Espíritu Santo. Esa libertad se desdoblará en el fruto del Espíritu que cada persona y comunidad desarrolle en su vida.

 

La libertad contraria al Espíritu (vv. 19-21)

El “catálogo” de antivirtudes que aparece aquí (¡17 en total!) va a servir para contrastar de manera específica los frutos de las acciones de la carne, que contrariamente a los que produce el Espíritu de libertad, manifiestan una radical oposición al designio divino. Todas ellas forman parte del ejercicio de una forma de libertad que entra más bien en el esquema del libertinaje humano, el cual no es más que una clara deformación de lo que es la verdadera libertad. Evidentemente, Pablo no quiso ofrecer una lista exhaustiva de todas las “obras de la carne” (19a) pues le bastó con una mediana selección de vicios que las manifiestan. Ésta, para él, puede reinar también “en el hombre por medio de las obras requeridas por la ley, lo que Pablo había aclarado”.[2] Varias de estas antivirtudes atentan contra la misma persona que los practica (adulterio, fornicación, lascivia, borracheras), otros son de abierta desobediencia a los mandamientos del Señor (idolatría, hechicerías), otros afectan directa o indirectamente al prójimo (enemistades, pleitos, iras, contiendas, homicidios, envidia, disensiones) y no se dejan de mencionar las desviaciones doctrinales (herejías). En todos está en juego un mal uso de la libertad de decisión y práctica para dejarse dominar por acciones contrarias a la voluntad de Dios.

“La nueva identidad de quienes están en Cristo demanda manifestaciones concretas de hijos e hijas libres. La libertad es un don que se manifiesta frente a Dios y a la sociedad. Por eso en esta sección Pablo exhorta y aconseja a los gálatas sobre cómo vivir una ética responsable. Él contrapone ‘carne’ y ‘espíritu’ como dos fuerzas opuestas”.[3] Se trata, pues, de tomar distancia de todas estas acciones que son contrarias a la libertad del Espíritu y de manifestar plenamente la superioridad de la libertad que Jesucristo otorga a sus seguidores. La muestra de prácticas de libertad contraria evidencia la importancia de la libertad recibida del Señor.


El fruto del Espíritu de libertad (vv. 22-26)

Por el contrario, el fruto plural del Espíritu despliega la libertad cristiana como una nueva y auténtica forma de vida. A la desatada ética convencional de judíos y griegos del mundo helenístico, Pablo opone este fruto encabezado, como no podía ser de otra forma, por el amor. A él le siguen otras ocho virtudes, el gozo, la paz, la paciencia, la mansedumbre y, sobre todo la templanza, es decir, la posibilidad de autocontrolar la libertad recibida (v. 23a), en el mismo tenor de I Corintios 10.23: “Todo me está permitido, pero no todo es provechoso; todo me está permitido, pero no todo edifica”. El creyente ahora puede emplearse a fondo para discernir adecuadamente entre lo que proviene del Espíritu y lo que no: “Aunque las tendencias de la carne no desaparecen en los seres humanos, Pablo recuerda que la carne con sus deseos ha sido crucificada junto con Cristo [v. 24]. Posiblemente aluda al bautismo, pues en el bautismo el yo es crucificado para que muera al pecado y viva para Dios”.[4]

No hay que espantarse ante las dimensiones de semejante don, la libertad plena que viene de Jesucristo, el Señor, más bien hay que servirse de su Espíritu para disfrutarla poniéndola por obra en un mundo que se solaza en recordar a sus seguidores que el riesgo de recaer en el libertinaje, “en la carne”, enemiga de la libertad verdadera, es permanente. “El Espíritu prevalecerá frente al poder de la carne, si el creyente es dócil a sus impulsos e inspiraciones (v. 25)”.[5]

 

Conclusión

La exhortación final (v. 26: “No seamos orgullosos, ni provoquemos el enojo y la envidia de los demás por creernos mejores que ellos”) que se extiende hasta 6.10 es una serie de consejos concretos para la comunidad expresados con frases y proverbios comunes a las culturas judía y helenista. Es bueno recordar que: “Las primeras comunidades cristianas que vivieron en suelo helenístico poseían un lema impresionante; rezaba así: ‘Aquí está el Espíritu y la Libertad’. En esta divisa quedan anuladas todas las diferencias humanas: las diferencias religiosas, políticas, sociales, e incluso las que se ha venido en llamar diferencias naturales”.[6] Nuevamente en consonancia con otra gran afirmación paulina: “Donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad” (II Corintios 3.18). Apeguémonos a esa consigna para que presida todo lo que hagamos, pensemos y planeemos al momento de contribuir a la extensión del Reino de Dios.



[1] Carlos Lenkersdorf, Comentario sobre la epístola a los Gálatas. México, El Escudo, 1960, p. 102.

[2] Ídem.

[3] Elsa Tamez, “Carta a los gálatas”, en Comentario bíblico latinoamericano. Nuevo Testamento. Estella, Verbo Divino, 2015, p. 917. Énfasis agregado.

[4] Ídem.

[5] Ídem.

[6] Jürgen Moltmann, “El cristianismo como religión de libertad”, en Convivium, núm. 26, 1968, pp. 45-46, https://raco.cat/index.php/Convivium/article/view/76338/98937.

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