19 de octubre, 2025
Introducción
A lo largo de la
vida todos luchamos, nos esforzamos, estudiamos, trabajamos duro y enfrentamos
obstáculos con el deseo de tener éxito. Sin embargo, más importante que cómo
empezamos es cómo terminamos. La Biblia nos enseña que estamos llamados a
terminar bien.
Hay
una estadística alarmante: el 70% de los líderes cristianos no terminan bien.
No se trata solo de números, sino de realidades que he visto con mis propios
ojos: personas que comenzaron sirviendo apasionadamente a Dios, pero con el
tiempo fueron seducidas por las distracciones, los deleites del mundo o
simplemente el descuido espiritual y terminaron mal.
La
historia bíblica está llena de ejemplos.
•
El apóstol Pablo no comenzó bien —fue perseguidor de la Iglesia—, pero su final
fue glorioso: terminó su carrera fiel a Cristo.
•
En contraste, Saúl, el primer rey de Israel, comenzó con humildad, pero su
orgullo, su desobediencia y su falta de atención a las advertencias de Dios lo
llevaron a un final trágico
Pablo,
en su despedida a Timoteo, escribe en 2 Timoteo 4:7-8: “He peleado la buena
batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás me está
guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel
día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida.”
Ilustración:
Filípides (en griego antiguo, Φιλιππίδης o Φειδιππίδης) fue un héroe de la
Antigua Grecia en la batalla entre Grecia y Persia. La leyenda dice que el
mensajero griego Filípides corrió desde Maratón hasta Atenas para anunciar la
victoria sobre los persas, exclamando "¡Hemos vencido!", recorriendo
40 km, antes de morir de agotamiento. Se trata de la figura central de la
historia que inspiró un acontecimiento deportivo moderno: la maratón carrera
principal en los Juegos Olímpicos.
¿Qué significa esto para ti?
• Nuestro destino es ser
glorificados con Cristo, ese es el final de nuestra carrera, y es en Cristo en
quien nuestros ojos deberían estar todo el tiempo…
• La vida cristiana es una
carrera, el premio final es la eternidad con Cristo. Y entonces no puedes
descuidarte ni siquiera en los metros finales. Pon todo tu esfuerzo hasta el
último paso, hasta el último aliento.
• El esfuerzo bien vale la pena,
¡Él te entregará la corona prometida!
La pregunta entonces es: ¿Cómo
podemos asegurarnos de terminar bien?
Texto
base: Job 8:5-7.
Si
tú de mañana buscares a Dios,
y
rogares al Todopoderoso;
si
fueres limpio y recto,
ciertamente
luego se despertará por ti,
y
hará próspera la morada de tu justicia.
Y
aunque tu principio haya sido pequeño,
tu
postrer estado será muy grande. (RVR)
De este pasaje podemos aprender
siete principios para terminar bien:
1. “Si tú de mañana buscares a Dios…” – Poner a Dios primero
Buscar
a Dios temprano significa darle el primer lugar en cada área de nuestra vida. No
sólo en la mañana, sino también en nuestras decisiones, relaciones y metas.
Ejemplo
práctico: Antes de revisar el celular o las redes sociales, dedica unos minutos
a orar, leer un salmo, o simplemente agradecer. Empieza el día buscando la
dirección de Dios. Esa disciplina diaria fortalecerá tu espíritu. Hoy con Dios,
es una herramienta para tener un encuentro con Él.
2. “Y rogares al Todopoderoso” – Orar con pasión
Job no dice
simplemente “orar”, sino rogar. Rogar es orar con intensidad, con fe,
con sinceridad. Dios no se impresiona por oraciones largas o repetitivas, sino
por un corazón que clama con verdad.
Jesús
acaba de enseñar a sus discípulos el Padre Nuestro (Lc 11.1-4), le da una
parábola del amigo importuno (5-13), no es solo una anécdota de quien llama en
altas horas de la noche a pedir un favor insiste en recibir los 3 panes a altas
horas de la noche. Y, para completar su enseñanza, les muestra cómo debe ser la
actitud del que ora. No basta con repetir fórmulas: hay que hacerlo con
insistencia, confianza y audacia filial.
¿Podemos
atrevernos a importunar a Dios? La palabra importunar (en griego anaideia,
que significa “atrevimiento, insistencia sin vergüenza”). Jesús nos enseña que
Dios no se molesta con nuestra insistencia; al contrario, le agrada
que acudamos a Él con perseverancia, incluso cuando parezca “a deshoras”.
Atrévete
a insistir. No temas “molestar” a Dios. Él es Padre, no juez distante. Tu
oración constante es señal de fe, no de duda.
Ejemplo
práctico: Recientemente mi hijo Efraín tocó a la puerta diciendo: “¡Papá,
necesito tu ayuda!” — No podemos seguir pagando un alquiler tan caro, hemos
buscado y no hemos encontrado nada. ¿Cómo responder a su solicitud?
•
Así debemos presentarnos ante Dios. No basta con tocar la puerta: ¡hay que
insistir hasta que Él responda! “Dios no se cansa de ser importunado; somos
nosotros los que nos cansamos de pedir.” Termina diciendo: ¡cuánto más el Padre
del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!”.
3. “Si fueres limpio y recto” – Vivir en santidad
Ninguno
de nosotros es perfecto —Romanos 3.23 dice: “por cuanto todos pecaron…”—, pero la
sangre de Jesús nos limpia y nos capacita para vivir con rectitud. Ser
limpio y recto no es no fallar, sino reconocer nuestros errores y volver al
camino de Dios.
Ilustración:
•
El pastor Samuel llegó a los cincuenta sintiendo el peso de los años y las
preocupaciones. Después de décadas sirviendo fielmente, comenzó a involucrarse
en negocios “para ayudar un poco en casa”. Al principio todo parecía
inofensivo, pero poco a poco su corazón se fue llenando de números, reuniones y
planes… y vaciándose de oración y silencio.
•
Un día, al entrar al templo vacío, sintió que algo se había apagado dentro de
él. Cayó de rodillas y oró:
•
“Señor, me enredé en los negocios de la vida… pero no quiero perderte a Ti.”
• Entonces comprendió que el mejor negocio del Reino no está en ganar más, sino en guardar el corazón y servir con fidelidad. Desde ese día, volvió a su llamado con gratitud, sabiendo que Dios siempre ofrece segundas oportunidades a quienes regresan a Él. Si caes en una tentación, no te quedes allí. Pide perdón, levántate y sigue. Termina bien, aunque hayas tropezado.
4. “Ciertamente luego se despertará por ti” – Dios actuará a tu favor
Cuando
buscamos y obedecemos a Dios, Él mueve Su mano a nuestro favor. Romanos
8.31 nos recuerda: “Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?”.
Ejemplo práctico: Quizás enfrentas una crisis económica o familiar; no te desesperes. Sigue fiel, y verás cómo Dios abre puertas que nadie puede cerrar.
5. “Hará próspera la morada de tu justicia” – Dios bendice la obediencia La verdadera
La verdadera prosperidad no solo es económica; es paz, gozo y estabilidad en el
hogar. Cuando vives conforme a la justicia de Dios, Él trae orden y bendición a
tu casa.
Ejemplo práctico: Si eres justo en tus negocios, honesto en tu trabajo, y fiel en tu matrimonio, Dios respaldará tus pasos. Puede que el mundo avance por atajos, pero el justo avanza con propósito.
6. “Aunque tu principio haya sido pequeño…” – No te desanimes por los comienzos
Dios no evalúa tu vida por cómo comienzas, sino por cómo terminas. Isaías 35.8 dice:
“Habrá allí calzada y camino, el cual será llamado Camino de Santidad; no
pasará inmundo por él… el que anduviere por este camino, por torpe que sea, no
se extraviará.”
Ejemplo práctico: Quizás hoy te
sientes débil, sin recursos o sin dirección. Aférrate a la promesa: Jesús es
tu Pastor y Él guiará tus pasos hacia un final glorioso.
Ilustración: Centro Penitenciario
Stateville, Joliet, Illinois,
7. “Tu postrer estado será muy grande” – Dios honra a los que
perseveran
Terminar
bien no siempre significa fama o riqueza. Significa haber vivido una vida fiel,
íntegra y fructífera. Ser “grande” puede ser tener una familia que ama a
Dios, una comunidad bendecida por tu ejemplo, o una fe que inspira a otros.
Ejemplo práctico: Muchos hombres
poderosos, como Salomón, comenzaron con sabiduría, pero terminaron alejados de
Dios. No repitamos ese error. Mantengamos el corazón humilde y la mirada puesta
en Cristo.
Ilustración: Iglesia Tal como Soy, visita del equipo médico. Jesús dijo en Mateo 5:48: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” Eso no significa ser sin error, sino buscar la madurez y la plenitud en Él.
Conclusión
Queridos hermanos, no importa cómo empezaste, lo que importa es cómo terminas. Quizás hubo errores, caídas o temporadas difíciles, pero Dios todavía tiene planes de bien para ti. Si permaneces fiel, Él se encargará de que tu final sea mejor que tu principio.
Oración: Señor,
gracias por recordarme que me llamaste no solo a comenzar, sino a terminar
bien. Ayúdanos a mantenernos fiel en la carrera, a buscarte cada día con
pasión, a vivir con rectitud y perseverar hasta el final. Haz que mi vida
refleje tu gloria, y que mi postrer estado sea muy grande en Ti. En el nombre
de Jesús, Amén.
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