31 de diciembre, 2024
El Señor se compadece de los que le honran
con la misma compasión del Padre por sus hijos,
pues él sabe de qué estamos hechos,
¡él bien sabe que estamos hechos de polvo!
Salmo 103.13-14, Reina-Valera Contemporànea
¿Qué tiene de extraño si lo conoce todo? Pero su modo de conocer nuestro barro fue asumirlo por amor.
Gregorio Magno (540-604)
Trasfondo
No cabe duda de que, cuando la fe procesa
adecuadamente las acciones de Dios en la vida, la visión se ensancha y permite
comprender mejor su voluntad. Salmos como el 103, un auténtico monólogo inicial
en el que quien habla se presenta ante la eternidad divina con una sana
conciencia y con buena claridad acerca del camino de salvación realizado por
Dios, expresan la sensación de gratitud que brota de un corazón sincero. Al hablar
así, la persona o la comunidad se proyectan en el tiempo y alcanzan el estatus
de ”clásicos de la espiritualidad bíblica” al volcar en esas palabras repetidas
por las generaciones posteriores toda una experiencia común de fe. “
No existe un salmo en el que la misericordia del Señor sea descrita con términos más dulces que los del Sal 103.11ss y 17. La comparación del Padre misericordioso hacia los hijos (13) alcanza la ternura de la parábola del hijo pródigo de Lc 15. La diferencia es que sólo Jesús nos ha revelado plenamente cómo Dios es Padre y nos ha hecho hermanos suyos. […] De ahí se pasa a la sublime descripción de la misericordia de Dios Padre en el himno colectivo (vv. 7-18), que la comunidad cristiana saborea superando los propios dolores, las propias miserias y los mismos inevitables conflictos internos.[1]
La
voz interior de la fe (vv. 1-5)
La invitación interior (“¡Bendice, alma mía al Señor! / ¡Bendiga todo mi ser su santo nombre!”, v. 1) es parte de un desdoblamiento interior de observación psicológica bien conocido y practicado en el Salterio:[2] quien ora se incita a sí mismo para valorar todo lo que ha hecho Dios por él en un recuento puntual: perdón y sanación (3), rescate y favores misericordiosos (4), alimento y renovación de fuerzas (5). “Es una auténtica movilización personal” de quien habla: todo el ser es convocado a celebrar el nombre santo del Señor Dios. Pues ha sido rescatado de la fosa: “Inundado de gozo agradecido, trasciende su experiencia personal y se abre a un horizonte más amplio. [...] Podemos imaginar que un judío devoto medita la definición clásica del Señor 'compasivo y clemente' (8), y la proyecta a su experiencia personal, a la de su comunidad nacional, a la condición humana” (Ídem).
La
voz plural de la comunidad (vv. 6-10)
“También podemos imaginar como arranque un hecho
nacional: los desterrados 'oprimidos' han vuelto a la patria” (Ídem). La
fecha posterior la exilio es muy probable porque no se mencionan Sión ni
Jerusalén y la palabra "oprimidos" puede ser general. La justicia
divina ha sido una constante y permanente su intervención a favor de "los
que sufren por la violencia" (6). “Hacer justicia al oprimido es defender
sus derechos, liberarlo del opresor. Por el resultado es acto de misericordia y
compasión” (Ídem). La misericordia y clemencia del Señor ha sido patente
(8a), la clásica fórmula lo expresa con claridad: “…es lento para la ira, y
grande en misericordia” (8b). Aquí se repiten los títulos de Éxodo 34.7: “misericordioso
y piadoso”. La hésed, su amor-fidelidad, es “democratizada” pues se
sobreponen la davídica y la sinaítica para beneficio del pueblo en medio de las
situaciones más dolorosas que viva.
Se reconoce que Dios ha sido magnánimo pues no ha reprendido todo el tiempo (9) ni ha castigado como el pueblo lo merecía (10) con todo y sus desobediencias. “Sí acusa y pleitea y se irrita, pero no perpetuamente; sí paga y castiga, pero no como merecemos. El destierro superado es prueba de ello. [...] La medida del castigo no es el delito, porque su justicia está temperada y superada por la misericordia” (Ídem).
"Bien
sabe que estamos hechos de polvo" (vv. 11-14)
Los contrastes de los vv. 11-12 (distancia entre
cielo-tierra, oriente-occidente) sirven al Salmo para enfatizar la misericordia
de Dios y el perdón por las rebeliones. “Si el destierro ha sido un 'alejar' a
los culpables de la patria (Jr 27.10; Ez 11.16), el perdón es un 'alejar' el
pecado hasta fuera de alcance” (Ídem). Ello también es muestra de su
condescendencia pues Él sabe muy bien que “estamos hechos de polvo” (14) y “se
acuerda”. El contraste con su eternidad es crucial: “Con los términos de
alfarería ysr y 'ypr fabrica el poeta su imagen. Además de padre,
Dios es el alfarero que toma la arcilla y la modela. Nadie como él conoce el
material empleado y el modelado impreso. Pues bien, Dios ha trabajado con
barro, y el modelado ha resultado lo que dice Gn 6.5, antes del diluvio. Porque
conoce como nadie, Dios comprende y perdona. Nuestra fragilidad de cerámica,
nuestra contextura que cede, es nuestra mayor ventaja, sobre todo porque
nuestro alfarero es nuestro padre” (Ídem). Nuestra finitud garantiza,
paradójicamente, que Él considera profundamente nuestra condición perecedera y
maleable, por lo que se mueve a compasión”.
“Nuestros días”, agrega el v. 15, son limitados como la hierba y las flores, “y desaparecemos, sin dejar ninguna huella” (16a). “Humilde hierba... belleza efímera, indefensa ante el viento cálido o violento” (Ídem). Ante tantas limitaciones la eterna misericordia de Dios, que está por encima de todos los vaivenes históricos, es el cobijo más confiable para nuestra humanidad transitoria. Por eso cantamos así:
Roca
de la eternidad,
fuiste
abierta tú por mí,
sé
mi escondedero fiel,
sólo
encuentro paz en ti;
rico,
limpio manantial,
en
el cual lavado fui (SDG, 642).
Conclusión
Al trasponer los diversos umbrales de nuestra vida
cronológica Dios nos va acompañando en cada una mostrando su amor paterno y
maternal, recordando siempre que somos tan efímeros y lo contrario de lo que es
Él. Pero esa es precisamente nuestra ventaja. Por eso debemos apegarnos a esa
"Roca de la Eternidad" que es nuestro Dios, el acompañante continuo
de toda nuestra existencia individual y comunitaria. "Su reino domina
sobre todos los reinos" (v. 19b): su victoria cósmica es la victoria de la
misericordia.

