26 de enero, 2025
Dirijamos al Dios del cielo
nuestras oraciones más sinceras,
y corrijamos nuestra conducta.
Lamentaciones 3.41b-42, Traducción en Lenguaje Actual
Trasfondo
Lamentaciones 3 se encamina,
luego de haber alcanzado las conclusiones en su centro poético y espiritual, a
subrayar las consecuencias de la fidelidad de Dios en medio de una historia
conflictiva en medio de la cual el pueblo ha sido juzgado y castigado. Las conclusiones
provisionales que presenta el poema se van a desplegar como parte de una
espiritualidad individual y colectiva que se entreteje para tratar de encontrar
luz al final del túnel. La reflexión se detiene a observar cómo se entremezclan
también los designios divinos con la voluntad humana de someterse, aun a su
pesar, a ellos como parte de una nueva situación posterior al juicio y al
castigo. Los aspectos éticos en la actuación de Dios son destacados en el
proceso de comprender lo que ha hecho en la vida del pueblo desterrado: “En
resumen, si la ruina de Israel ha sido provocada por sus propios pecados, el
castigo era merecido y no arbitrario. A partir de esta convicción surge un
atisbo de esperanza: el arrepentimiento y la sumisión a la voluntad divina
podían atraer la misericordia de Dios y poner fin a tantas calamidades. Sin
arrepentimiento no queda lugar para la restauración”.[1]
En otras palabras, la experiencia del pecado debía doler
para encontrar el camino de la corrección, algo que en nuestros tiempos no comprendemos
por habernos alejado del concepto de hacer penitencia, que aparece en
algunas traducciones de las palabras de Juan el bautista y del propio Jesús de
Nazaret al anunciar la llegada del Reino de Dios. Otras dicen: “haced pues obras
dignas de arrepentimiento” (Mr 1.15; Lc 3.3).
Dios observa el comportamiento ético de la humanidad y
toma partido (vv. 34-39)
Lo primero que aparece en esta sección es aquello con lo
que el Señor Dios no transige (vv. 34-36): a) pisotear a los
encarcelados de la tierra (violentar los derechos humanos, TLA); b) torcer
el derecho; y c) no dar un juicio justo. Todo ello en el terreno de la
ética visible y de la justicia distributiva. No cabe duda de que la renovación
espiritual del pueblo en todos sus niveles atraviesa por la comprensión de las
acciones éticas de Dios, no existe otro camino. El arrepentimiento colectivo
tenía que conducir a un nuevo sendero de relación con ese Dios justo y exigente
ya sin la mediación monárquica que tantos problemas había ocasionado. El pueblo
debía relacionarse con Dios de la manera más eminentemente espiritual posible.
Como muestra de la justicia irrefutable de Dios se afirma: “Los mortales
cautivos en la tierra reciben la promesa de ser liberados de la carga de su
entorno opresivo mediante el poder de Dios, que libera al pecador de la
esclavitud del pecado y de sí mismo”.[2]
Puesto que
el ser humano es imagen y semejanza de Dios es en él en donde debe buscarse la
acción ética que espera el Señor. Los derechos y la dignidad del individuo son de
enorme importancia para el Creador. Ninguna persona debe ser privada de sus
derechos elementales como son el derecho y la justicia verdaderos, bien
administrados porque Dios es el supremo árbitro entre los seres humanos (v. 37)
como se plantea en la primera pregunta retórica. Todo lo malo y lo bueno suceden
por su designio y “puesto que nada puede ocurrirle a una persona de lo cual
Dios no tenga conocimiento, el hombre debiera soportar la desgracia con
paciencia y sin protesta, confiando en que la misericordia de Dios produzca
bien a partir del mal” (38).[3] Se
espera del creyente sancionado que acceda al arrepentimiento (39).
El camino para reencontrarse con el Dios del pacto (vv.
40-42)
Luego el poeta extrae las
consecuencias de sus reflexiones: la exhortación es a examinar a fondo la conducta
anterior y los resultados (40-42). La infidelidad y rebeldía deben ser reconocidas
con franqueza porque eso produjo la indignación del Señor y los castigos
subsecuentes. Debido a que el pacto con Israel era eterno “se insta a la nación
a que haga un inventario espiritual y se vuelva en actitud penitente hacia
su Dios. Una vez que se evidencia un sincero arrepentimiento, se puede esperar
que los justos castigos de que han sido impuestos sean levantados y que la
nación sea restablecida en su relación con Dios”.[4] El verbo
“examinar” (hapas) “significa también ‘explorar’, ‘buscar’, ‘sondear’,
rastrear’. Se trata, pues, de una búsqueda total, tanto en la superficie como
en la profundidad. El verbo ‘averiguar’ (haqar) añade al anterior la
precisión de la inspección o la investigación”:[5] “Examinemos
con precisión nuestra conducta y convirtámonos a Yahvé”. ¿Cuántas veces tenemos
que convertirnos al Señor? Las que sean necesarias.
El llamado a la renovación
espiritual apela a la motivación interna, y no a la clase de rituales externos de
los que había habido un exceso en tiempos preexílicos (Jl 2.13). el proceso de
catarsis espiritual debe empezar con la certidumbre de que la nacipon está bajo
el juicio divino a causa de su iniquidad. Cuando se haya hecho una confesión
sincera y total por el pecado, entonces Dios tendrá la oportunidad cierta de
perdonar al pueblo por su pecado pasado. En este versículo se da un paso
adelante al reconocer que la nación ha sido pecadora y rebelde.[6]
Conclusión
Según este poema, la búsqueda y la invocación deben ir acompañadas del abandono de cualquier plan desatinado y de una verdadera vuelta sincera al Señor.[7] Se trata de todo un programa de espiritualidad y queda así claro el proyecto de las Lamentaciones como expresión del dolor, confesión del pecado y anuncio de la esperanza recuperada para otorgar sentido de futuro al pueblo de Dios:
En un punto la lamentación comunitaria se asemeja al oráculo: durante el día de ayuno en el que se entona la lamentación, se solicita la ayuda de Dios y éste responde con la promesa de retornar su predilección por su pueblo. En este sentido, estos cantos predicen un futuro mejor que se resume en el retorno de la especial relación entre el pueblo elegido y su Dios. El valor oracular de la lamentación reside, entonces, en su poder de convocar el renacimiento de la esperanza.[8]
[1] Armando J. Levoratti, “Lamentaciones”, en A.J.
Levoratti, dir., Comentario bíblico latinoamericano. Antiguo testamento.
Vol. II. Estella, Verbo Divino, 2007, p. 878.
[2] R.K. Harrison, Jeremías y Lamentaciones. Buenos
Aires-Downers Grove-.Grand Rapids, Ediciones Certeza-Subcomisión Literatura Cristiana,
p. 256.
[3] Ibid., p. 257.
[4] Ídem.
[5] Víctor Morla, Lamentaciones. Estella, Verbo
Divino, 2004, p. 304.
[6] R.K. Harrison, op. cit., p. 258.
[7] V. Morla, op. cit, p. 305.
[8] Alexánder Sánchez Mora, “Las
Lamentaciones de Jeremías y La Reconquista de Talamanca. La parodia de
un intertexto bíblico en una novela bananera”, en Káñina. Revista de Artes y
Letras de la Universidad de Costa Rica, vol. 31, núm. 1, 2007, p. 32.