sábado, 19 de abril de 2025

"El último enemigo que Cristo destruirá..." (I Corintios 15.22-28), Pbro. Raúl Méndez Yáñez

 20 de abril, 2025

INTRODUCCIÓN: LA INMORTALIDAD HUMANA DEL FUTURO

Tal como nuestro grupo de jóvenes ha representado en su mural, la esperanza de la Resurrección, es decir, el poder de derrotar a la muerte ha estado presente como uno de los mayores anhelos de los seres humanos. Desde antiguas mitologías de casi todas las partes del mundo hasta guiones de series y películas actuales. La obstinación humana de no rendirse ante el fatalismo es, quizá, la lucha más grande que hemos emprendido como humanidad. Como lo expresaba el pensador español Miguel de Unamuno: “Quiero vivir siempre, siempre, siempre, y vivir yo, este pobre yo que me soy y me siento ser ahora y aquí, y por esto me tortura el problema de la duración de mi alma, de la mía propia”.[1]

El problema filosófico de la inmortalidad ha trascendido a la ciencia y a la tecnología. Sabemos, gracias al historiador de la ciencia David Noble, que durante todo el siglo XX, y aún el día de hoy, existen presupuestos de laboratorios biológicos y tecnológicos para intentar preservar lo más posible la existencia humana.[2]

Del lado de la biotecnología se busca “detener el envejecimiento” e, incluso, retrotraerlo. En realidad, no es algo inédito entre los seres vivos. En nuestro mural “Anhelos de vida eterna” podrán encontrar la imagen de una curiosa medusa llamada Turritopsis nutricula, la cual cuando llega a su madurez adulta, como si se tratara de Brad Pitt en la película El curioso caso de Benjamin Button, ¡comienza a rejuvenecer a su fase de pólipo! Solo que, a diferencia del Benjamin Button (personaje, por cierto, original de F. Scott Fitzgerald, cuya novela dio origen a la película), la medusa de la que hablamos no muere como una bebé-anciana, sino que ¡vuelve a comenzar su ciclo reproductivo y madura otra vez como adulta!, solo para que posteriormente, una vez más, regrese a su fase de pólipo. Es como si constantemente el pequeño metazoo estuviera desafiando a las garras de la muerte. Es por eso que a la medusa Turritopsis nutricola se le considera “biológicamente inmortal”. Desde luego alguien la puede aplastar o comer, porque no es físicamente inmortal. Sin embargo, casos como éste del reino animal han despertado la pregunta, ¿pudiéramos conseguir una inmortalidad biológica en los seres humanos? Desde cremas rejuvenecedoras hasta investigación con células madre, en estos momentos hay científicos intentando hacernos inmortales.

Del lado de la tecnobiología nuestra corporalidad pasa a segundo término y lo que algunos genios informáticos desean es preservar nuestra conciencia despojada de esta cárcel del alma llamada cuerpo. Así, la tecnobiología, sigue reseñando David Noble, intenta crear dispositivos de Inteligencia Artificial los cuales puedan ser cargados con un software muy peculiar: la conciencia de alguien que ha muerto biológicamente. Suena a ciencia ficción, como en el capítulo “San Junípero” de la serie The Black Mirror, pero la idea de copiar nuestra alma a una USB o subirla a una nube digital para que podamos seguir concientes por tiempo indefinido aún sin cuerpo, es parte de proyectos reales.

Podemos ver que ante la muerte todos atacamos: Las mitologías, la filosofía, la ciencia, la tecnología, ¡y hasta Netflix! La muerte, en efecto, parece ser el enemigo final (The Final Boss) que tanto en lo individual como en el conjunto de nuestra especie tenemos que encarar.

Aquí es donde lo más natural es que el predicador dijera: “¡Pero solo Cristo habrá de derrotar a la muerte en nuestra Resurrección! Haciendo realidad todos los anhelos humanos de inmortalidad. O como dijo alguna vez C.S. Lewis, “hacer real el mito”. Sin embargo, no quiero terminar el sermón tan pronto. No sin antes exponer lo que en 1 de Corintios 15 se entiende por Resurrección. 

ADÁN O CRISTO

“Así como todos mueren porque todos pertenecemos a Adán, todos los que pertenecen a Cristo recibirán vida nueva” (1 Corintios 15:22). La clave de este versículo es “pertenecer” o bien “estar en”. Estar en Adán o estar en Cristo. En tanto parte de la simiente de Adán, los seres humanos estamos condenados por el pecado y de ahí que se cierna sobre nosotros la sombra constante de la muerte. Es decir, no es meramente un asunto biológico, sino eminentemente espiritual. La muerte como acontecimiento biológico no es por sí misma el enemigo, sino la condenación que, como seres humanos, tenemos en Adán. Técnicamente no nos debiera preocupar morir, sino encontrarnos en condenación, enemistados con Dios. Tal como Pablo afirma recurrentemente en su epístola a los Romanos, por ejemplo, cuando dice: “La paga que deja el pecado es la muerte” (Romanos 6.23a). Así podemos ver mejor a nuestro enemigo. No es como tal la muerte biológica, sino la muerte en Adán, la muerte en pecado, que es la vida en condenación.

De nada nos valdría vivir 969 años como Matusalén si todos esos años nos encontraremos bajo el yugo de esclavitud del pecado. ¡Al contrario! En ese caso, cada año prolongando nuestra existencia es prolongar más nuestro castigo y maldición Si los informáticos apocalípticos tuvieran éxito y lograran deshacerse de nuestros cuerpos para llevar nuestra conciencia al reino de la Inteligencia Artificial donde bits desencarnados sean preservados, lo único que conseguirían es migrar a la nube nuestro pecado. Básicamente llenarían de virus ese Servidor de la Humanidad Inmortal. Su gran logro sería ¡digitalizar a la muerte! Volver inmortal a la simiente de Adán sería, con toda seguridad, la mayor catástrofe que pudiera cometer nuestra de por sí ya catastrófica especie humana. Esa “hambre de inmortalidad”, como le llamaba el ya citado Unamuno, tiene como guía el egoísmo mundano de acaparar todo lo posible. Como si no nos bastara con un acaparamiento de bienes y recursos, también deseamos acaparar al propio tiempo. Ese deseo de inmortalidad surge desde lo más profundo de nuestra pecaminosa voluntad.

Es por eso que nuestro pasaje en 1 Corintios 15 nos ayuda a poner las cosas en perspectiva. No se trata de una inmortalidad individual, desde mi yo egoísta que quiere vivir más y más. Es una Resurrección de mí en Cristo, no para que yo viva más y más, sino para Cristo sea glorificado. Una Resurrección bajo la autoridad de Cristo, o como también señala este versículo según un “orden”. Veamos a continuación de qué se trata ese orden de la Resurrección y combatamos a los especuladores escatológicos que tratan de acaparar el mercado religioso con vanos discursos apocalípticos. Porque la Resurrección no se trata de vivir “más y más”, sino pasar del orden de Adán al orden de Cristo. 

EL ORDEN DE LA RESURRECCIÓN

“Pero esta resurrección tiene un orden: Cristo fue resucitado como el primero de la cosecha, luego todos los que pertenecen a Cristo serán resucitados cuando él regrese” (1 Corintios 15.23). No se trata de un orden estrictamente cronológico. Considerarlo como un orden temporal es lo que ha llevado a la existencia de las diversas escuelas escatológicas. Qué va a pasar primero en los últimos tiempos, qué va a pasar después. Pero como la Biblia afirma cosas tan inconexas, parciales y oscuras respecto de “los últimos tiempos”, hay quienes afirman que la resurrección será durante la Segunda Venida de Cristo poco antes de que entre por los cielos, otros que será cuando regrese Cristo, pero luego de que se haya instalado como Rey Supremo. Hay quienes ven aquí un anuncio de Resurrección para comparecer ante un juicio, el Tribunal de Cristo, o el Juicio a las Naciones… pero la Biblia no debiera usarse para especulaciones escatológicas ni para que perdamos el tiempo intentando armar un rompecabezas con versículos de Daniel, Apocalipsis, Corintios, Mateo 24, etcétera. Si el Señor hubiera deseado que tuviéramos un “Programa de los Últimos Tiempos” detallado y cronológico ¡nos lo hubiera revelado de ese modo! Tendríamos la seguridad de cómo ocurrirían las cosas aquel Día de Jehová:

 

·  6 de la mañana: El Anticristo lanza un comunicado de una única religión a todo el mundo.

·  6:30 am. Se levantan los Dos Testigos en contra del Anticristo.

·  8:00 am. Desayuno (porque ese no puede faltar ni en el último día).

·  10:00 am. Los 144 mil salen de la oficina de Sellos.

·  11:00 am. Suena la Alerta Sísmica.

·  12:00 pm. Lluvia de meteoritos… 

¡Pero la Biblia no nos da algo así! No satisface nuestra curiosidad futurista. Aquí aplica la queja de Juan Calvino en contra de los especuladores teológicos, igual de perniciosos que los especuladores económicos.

 

Su vanidad, juntamente con su soberbia, se muestra en que los miserables hombres no se elevan sobre sí mismos, como sería razonable, para buscar a Dios, sino que todo lo quieren medir conforme a la capacidad de su juicio carnal, y no preocupándose, verdaderamente y de hecho, de buscarlo, no hacen con su curiosidad más que dar vueltas a vanas especulaciones. Por esta causa no lo entienden tal cual Él se nos ofrece, sino lo imaginan como con su temeridad se lo han fabricado.[3]

La vanidad no sólo no nos deja entender que en la pobreza se sabe querer, sino que la vanidad también nos hace perder el tiempo especulando en lo que no tiene sentido especular, tal como lo es el infructuoso intento de reconstruir el Programa de los Últimos Tiempos. Porque no se trata de un orden temporal, sino de un orden de autoridad y de salvación. Orden, en este pasaje no debe tomarse como una secuencia temporal de acontecimientos, sino como la expresión de la estructura de la realidad, la forma de la creación y de la redención tal como Dios la ha estipulado en Cristo. Por eso nuestro pasaje afirma: “Dios ha puesto todas las cosas bajo su autoridad (de Cristo)” (v. 27), y a su vez “el Hijo se pondrá a sí mismo bajo la autoridad de Dios, para que Dios, quien le dio a su Hijo la autoridad sobre todas las cosas, se completamente supremo sobre todas las cosas en todas partes” (v.28). Podemos notar, entonces, que no se está describiendo un programa cronológico, ¡se nos está presentando el orden, estructura o autoridad de la misma creación! Tan válido en el futuro, como en el pasado y en nuestro presente.

Nuestro pasaje de hoy, por tanto, no es para que especulemos sobre la Resurrección en el futuro, sino para que vivamos nuestra resurrección el día de hoy. Porque hoy, Cristo ¡ya ha resucitado! Y, por lo tanto, hoy mismo, nosotros también debemos considerarnos resucitados. Como señala el exégeta Nicholas Thomas Wright: “La Resurrección no se refiere a alguna parte o aspecto del ser humano que no muere, sino (al ser humano) que continúa en una vida en un modo nuevo; se refiere a algo que sí muere pero que se le otorga una nueva vida”.[4]

1 Corintios 15 no debe ser un pasaje atado a la escatología especulativa, en realidad, es un mensaje urgente para nosotros el día de hoy. No es especulación, sino lo que podemos llamar, junto con Jürgen Moltmann, escatología o teología de la esperanza. Porque el pasaje nos dice cómo la culpa de Adán no opera más en nosotros, porque ahora, nosotros no estamos en el reino de la muerte, sino en el orden, estructura, autoridad de la Resurrección en Cristo. Por eso el mismo Moltmann dice: “La realidad de la resurrección se desplaza de ser un acontecimiento ocurrido en el Jesús crucificado, a ser un acontecimiento ocurrido en la existencia de los discípulos… en un hoy sin pasado ni futuro… que está siempre presente ”.[5] 

LA RESURRECCIÓN ¡ES HOY!

“Y el último enemigo que será destruido es la muerte” (1 Corintios 15.26). En 1935 el físico Erwin Schrödinger propuso el siguiente experimento mental: Imagina un gato dentro de una caja sellada junto con un dispositivo que contiene una partícula radiactiva, un matraz de veneno y un mecanismo que rompe el matraz si detecta radiación. Desconocemos si el mecanismo se activó o no, pero lo cierto es que la partícula fulminante está ahí. Mientras la caja está cerrada no podemos afirmar nada con seguridad respecto del gato. Schrödinger concluye que antes de abrir la caja, el gato está, vivo y muerto al mismo tiempo. A esto Schrödinger le llamó “estado de superposición cuántica”. Sin embargo, ¿qué pasa si la caja se abre? Entonces el estado cuántico "colapsa" y el gato se encuentra en uno de dos estados definitivos: vivo o muerto. Como he dicho, este es un ejercicio mental, ningún gato salió cuánticamente dañado en este experimento.

¿Cómo es posible que la Resurrección ya se haya trasladado a nosotros si, en realidad, seguimos muriendo? ¿Significa que estamos, como el gato de Schrödinger, vivos y muertos al mismo tiempo? La paradoja en física es nueva, no lleva ni un siglo. Sin embargo, desde la teología una paradoja semejante ya se había planteado mucho tiempo atrás, cuando Martín Lutero definió al cristiano como Simul iustus et peccator (justo y pecador al mismo tiempo). Es decir, como cristianos, en tanto simiente de Adán tenemos que encarar a la muerte, pero en tanto pertenecientes a Cristo gozamos de la vida eterna. Como en el experimento mental del gato se Schrödinger estar de uno u otro lado depende de quien observa. En ese experimento alguien puede abrir la caja y ver al gato vivo, o bien, pudo hacerlo otra persona en otro momento y encontrarlo muerto. En nuestro caso, hay nombres para esos observadores. Si quien abre nuestra caja donde estamos nosotros y la radioactiva partícula del pecado es Adán, es decir, si somos nosotros mismos quienes tratarnos de medirnos con nuestra propia justicia, entonces solo podremos encontrarnos muertos, pues, como dice en Job 25.6: “Las personas son gusanos, nosotros los mortales somos simples lombrices”.

¡Por eso no intentemos abrir la Caja escatológica! No intentemos adelantarnos al futuro y llegar, por nuestros propios recursos a armar el Programa de los Últimos Tiempos convirtiendo a los textos bíblicos en piezas de un rompecabezas morboso, atrevido y especulativo. Mejor pacientemente esperemos al Señor (Salmo 40.1) y dejemos que sea Cristo quien abra la caja, porque sólo ante su mirada podremos ser vivificados.

Mientras eso ocurre, nosotros que aún estamos dentro de esta caja de la historia, viviendo nuestra vida en la incertidumbre del mañana, sólo nos queda aferrarnos a la esperanza de la Resurrección. Pero no a una Resurrección meramente futurista, tras la muerte, sino una Resurrección tan poderosa que es eficaz aún cuando biológicamente hayamos de morir. Podemos llamarle una Resurrección en superposición cuántica, o mejor aún, una Resurrección bajo el orden de Cristo. En términos de Oscar Cullmann, nuestra Resurrección “ya” está operando, pero “todavía no” llega a su final consumación.[6] Mantengamos la esperanza en este todavía no, albergando en nuestros corazones el anhelo de vida eterna en Cristo aún más allá de la muerte. Pero también ejerzamos el ya de la Resurrección, y declaremos con toda seguridad: ¡La muerte ha sido vencida!, porque ¡Cristo ya ha resucitado!

Y esa Resurrección opera hoy mismo. Toda vez que logras levantarte en la mañana pese a todos los deseos de ya no querer vivir, ahí está la Resurrección de Cristo; toda vez que superas una enfermedad o logras vivir aún en enfermedad, pero luchando, ahí está el poder de la Resurrección. Reorientar la vida de un camino de muerte y destrucción hacia decisiones sensatas y llenas de sabiduría, es también resucitar. Saborear un bocado en paz con quienes amas, disfrutar del abrazo cálido de reconciliación o descansar libre de ansiedad por la noche recordando que “en paz me acostaré y así mismo dormiré” es también una manifestación de la resurrección “porque solo tú Señor me haces vivir confiado” (Salmo 4.8). Vivir en Cristo es vivir plenamente, aceptando lo que Elsa Tamez llama “el desafío de vivir como resucitados”.[7]

Ésta es la buena noticia de este Domingo de Pascua, una noticia urgente, para nuestro presente. ¡La muerte ya ha sido derrotada! ¡La Resurrección es hoy!



[1] Miguel de Unamuno (1912). Del sentimiento trágico de la vida. Madrid, Renacimiento.

[2] David Noble (1999), La religión de la tecnología. La divinidad del hombre y el espíritu de invención. Barcelona, Paidós.

[3] Juan Calvino (1999). Institución de la religión cristiana, I, iv, 1, Rijswijk, Fundación Editorial de Literatura Reformada.

[4] N.T. Wright (2003). Christian Origins and the Question of God, Volume 3. Resurrection Son of God. Lanham: Fortress Press.

[5] Jürgen Moltmann. (1972). Teología de la esperanza. Salamanca, Sígueme, p. 246.

[6] Oscar Cullmann. (2010). Cristo y el tiempo: La concepción del tiempo y de la historia en el cristianismo primitivo. Madrid. Ediciones Cristiandad.

[7] Elsa Tamez, “El desafío de vivir como resucitados”. Documento escrito para la preparación del XI Encuentro Intereclesial de las Comunidades Eclesiales de Base de Brasil.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

"Ha puesto eternidad en el corazón de ellos" (Eclesiastés 3.9-15), Pbro. L. Cervantes-Ortiz

  31 de diciembre, 2025 …todo lo hizo hermoso y a su tiempo, e incluso les hizo reflexionar sobre el sentido del tiempo, sin que el ser huma...