Qué alegría tan profunda estar aquí con ustedes comenzando
celebración de los 50 años de vida comunitaria, de fidelidad, de luchas,
de esperanzas compartidas. ¡Qué bendición volver a esta casa que fue
mi hogar pastoral por un tiempo y sigue siendo parte de mi historia! Hoy,
más que predicar, me siento llamado a compartir desde el corazón, a
agradecer con ustedes, y a mirar hacia adelante con esperanza.
En medio de este jubileo, estos 50 años de celebración la Palabra nos
trae una exhortación clara y hermosa: “Cada uno ponga al servicio de
los demás el don que haya recibido, como buenos administradores de
la multiforme gracia de Dios.” (1 Pe 4,10).
Esta gracia de Dios no es un solo color, una sola forma, una sola
historia. Es multiforme: se ha hecho pan compartido en la cocina de la
iglesia, abrazo en medio del duelo, palabra oportuna, oración silenciosa,
predicación encendida, acompañamiento fiel... ¡Qué gracia tan rica ha
caminado entre ustedes durante medio siglo!
Yo tengo hermosos recuerdos:
Hechos 29, Vistas al hospital con la Dra Montaño, a mi hija corriendo por
esta nave con su pequeña guitarra, bautizando jovenes, el café de la fe,
con Tomás y Juanita de quien aprendí tantas cosas, con mi hermano
Miguel, visitando a Alfredo Tepox para tomar café…
1. Gracia que transforma desde dentro
Pedro comienza recordándonos que seguir a Cristo implica asumir una
nueva forma de vivir, no ya marcada por los deseos egoístas, sino por
la voluntad de Dios. No es una tarea sencilla. Nos cuesta dejar atrás
patrones del mundo, ambiciones vacías, prejuicios earraigados,
resentimientos que endurecen el alma. Pero es justamente ahí donde
la gracia actúa como fuego que purifica y como bálsamo que sana.
Al mirar hacia atrás, no podemos sino reconocer que si esta iglesia ha
caminado por 50 años, ha sido por pura gracia. No porque todo haya
salido perfecto. No porque no haya habido errores o caídas. Sino porque
Dios, en su infinita misericordia, ha sostenido a su pueblo. A lo largo de
estas décadas, muchas personas han pasado por estas puertas.
Algunas han servido desde la sencillez del anonimato. Otras han
predicado, enseñado, sanado, organizado, dado consuelo. A todos
ellos, Dios les dio una parte de su gracia para ser compartida.
Y aquí está lo maravilloso: la gracia no es premio para los perfectos. La
gracia es regalo para los humildes, medicina para los quebrantados,
impulso para los cansados. La gracia ha sido luz en medio de
oscuridades personales, familiares y comunitarias. Ha sido la presencia
de Dios que no se retira incluso cuando nos equivocamos. Esa gracia
es la que celebramos hoy.
¿Dónde necesitamos hoy que esa gracia vuelva a entrar? ¿Qué
aspectos personales o comunitarios necesitan ser sanados, renovados
o transformados?
2. Gracia que se expresa en el amor, el servicio y la hospitalidad
Pedro nos dice: “Ténganse intenso amor unos por otros, porque el amor
cubre multitud de pecados” (v.8). ¡Qué frase tan poderosa! No cubre
con hipocresía, sino que cura, restaura, reconstruye relaciones
quebradas. Luego nos llama a ser hospitalarios —sin quejarnos— y a
usar los dones recibidos para servir.
El texto no se queda en la gracia recibida. Nos empuja hacia la gracia
compartida. Dice: “Minístrela cada uno a los otros”. No es una gracia
para acumular, para presumir, para esconder. Es una gracia para
repartir. Y aquí está el llamado de Dios a su iglesia: ser comunidad que
actúa con gracia. ¿Cómo tratamos a quienes son distintos? ¿Cómo
acogemos al que viene herido por la vida? ¿Qué espacio damos a
quienes aún no comparten nuestra fe, pero buscan sentido, amor,
pertenencia?
La gracia se vuelve concreta cuando servimos con los dones que hemos
recibido. La gracia se vuelve poderosa cuando perdonamos, cuando acogemos, cuando abrimos los brazos al extranjero, al pobre, al joven
que duda, al anciano que se siente solo. La gracia no discrimina. No se
encierra. No se aísla. La gracia camina con los pies descalzos de Jesús,
y nos invita a caminar con él hacia los márgenes, hacia las periferias,
hacia los rostros olvidados.
Éste es el corazón de la administración de la gracia: compartir lo que
Dios nos ha dado, sin temor ni reserva.
Aplicación. Hoy más que nunca, ser iglesia significa abrir puertas,
romper con la lógica del “nosotros y ellos”, y recordar que la gracia nos
alcanza a todos o no es gracia.
3. Gracia para el camino que sigue: con quienes sufren y con
quienes sirven
Pedro termina con una exhortación clara: que todo lo que hagamos sea
para que Dios sea glorificado por medio de Cristo.
Este aniversario no es un punto final, sino una nueva página. Dios no
ha terminado su obra en esta iglesia. Al contrario, el desafío es más
grande hoy que nunca. En un mundo marcado por la desigualdad, la
violencia, la soledad y la desesperanza, necesitamos comunidades que
reflejen la gracia de Dios con hechos y no solo con palabras.
Necesitamos una iglesia que no tenga miedo de tocar las heridas del
pueblo. Que esté dispuesta a trabajar por la justicia, a defender al débil,
a escuchar al que nadie escucha. Una iglesia que no se encierre en sus
certezas, sino que se abra al misterio de Dios que se revela también en
quienes no piensan igual que nosotros.
La multiforme gracia de Dios nos llama a múltiples misiones. Algunos
enseñarán, otros consolarán, otros organizarán, otros sanarán, otros
escucharán. Pero todos, todos, hemos recibido algo. Y todos estamos
llamados a servir con lo recibido.
La misión continúa. Hoy Dios sigue necesitando una iglesia que no se
conforme, que no se encierre, que no se rinda. Una iglesia que escuche el clamor del pueblo, que se anime a nuevas formas de servicio, que no
olvide nunca que la fe se verifica en el amor concreto.
Aplicación. En los rostros de quienes sufren violencia, injusticia,
soledad... ahí está Jesús. ¿Dónde está El Dorado llamado a estar en
los próximos años?
Seguir caminando bajo la gracia
Querida Iglesia de El Dorado: han caminado 50 años, y cada paso ha
sido sostenido por la gracia. Pero no hemos llegado al final. La gracia
de Dios no se agota, se renueva, se multiplica, se diversifica. “la
gracia es la posibilidad siempre abierta de volver a empezar”.
Hoy les invito, con todo mi corazón, a seguir administrando esa gracia:
• Con gratitud: reconociendo lo que Dios ha hecho.
• Con fidelidad: siendo testigos del amor que transforma.
• Con valentía: saliendo al encuentro del que sufre.
• Con esperanza: sabiendo que Cristo vive y su Espíritu nos
impulsa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario