18 de mayo, 2025
Tengan una buena conciencia, para que sean avergonzados aquellos que murmuran y dicen que ustedes son malhechores, y los calumnian por su buena conducta en Cristo. Es mejor que ustedes sufran por hacer el bien, si Dios así lo quiere, que por hacer el mal.
I Pedro 3.16-17, Reina-Valera Contemporánea
Trasfondo
Varios son los códigos de conducta que aparecen en el Nuevo Testamento. Se centran en la transformación interior y en la vida de acuerdo con el amor y la gracia de Dios. Enfatizan la importancia de amar a Dios y al prójimo, viviendo una vida coherente con las enseñanzas de Jesús y practicando el perdón y la reconciliación. Pedro no dicta un nuevo código de conducta propiamente dicho sino más bien un estilo nuevo de vida. En lo que coincidió San Pablo al hablar de “las buenas obras” como resultado de la “nueva creación en Cristo” (Ef 2.10). En el fondo, se trata de practicar una auténtica ética cristiana que sea capaz de mostrar la novedad de vida en medio del mundo y de superar las limitaciones morales que establecen los sistemas de gobierno y que tratan de controlar las conciencias de las personas. En esto el apóstol Pedro va a ser muy concreto al referirse a la necesidad de tener y promover una conciencia sana que aplique las consecuencias de la salvación en la vida cotidiana, incluso en los detalles más minuciosos.
“Ama y haz lo que quieras” es una frase atribuida a San Agustín que resume muy bien las bases de la conducta cristiana en medio del mundo: “En su exposición de la epístola de San Juan a los partos se encuentra un excelente compendio […]: “Ama y haz lo que quieras; si callas, calla por amor; si clamas, clama por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor; si está dentro la raíz del amor, no podrá salir de esa raíz sino el bien”. Su imprecación “¡haz lo que quieras!” es un imperativo categórico del amor. Los imperativos éticos que harán su entrada en la historia siglos adelante nunca rozarán la dimensión ética y esperanzadora del “ama y haz lo que quieras”.[1]
No devolver mal por mal (vv. 8-12)
I Pedro 3 inicia con una serie de exhortaciones sobre
la vida conyugal que entra muy bien en el esquema de los “códigos domésticos”
que debían normar la conducta de las personas (Col 3.18-4,.1; Ef 5.22-6.9; 1 Tim
2.8-15, 6.1-2; Tito 2.1-10). Se marcan los deberes recíprocos de los esposos,
de los hijos con los padres, de los esclavos con los amos y viceversa. “Pedro
caracteriza el estilo de vida de las comunidades cristianas y acaba su
exhortación con la cita del Salmo 34.13-17”.[2] La exhortación comienza
con un llamado a mantener una misma actitud sin fisuras (v. 8a) pues en los
criterios fundamentales de conducta no puede haber discrepancias entre los
creyentes. “La solidaridad y el amor fraterno en el interior de la comunidad
son indiscutibles como talante cristiano”.[3]
Los
tres primeros adjetivos (misma actitud, solidaridad y amor fraternal) apuntan
hacia la convivencia de la comunidad de fe. Los dos últimos que aconsejan tener
buen corazón y de ser de carácter humilde (v. 8b) y lo que se agrega en el v. 9
acerca de no devolver mal por mal aplican para los demás, que incluso pueden
ser adversarios.[4] La
misericordia y la humildad en las relaciones con los otros implica abajarse y
considerar superiores a los demás. La convergencia en hacer el bien en medio
del mundo apunta hacia la fraternidad universal. La actitud predominante debe
ser la de bendecir continuamente a todas las personas (9b): “Al contrario,
bendigan, pues ustedes fueron llamados para recibir bendición”. A continuación,
viene la extensa cita del Salmo 34 para corroborar lo dicho.
Forjar y consolidar una buena conciencia
(vv. 13-17)
La
pregunta retórica del v. 13 es crucial para el resto de la exhortación: “¿Quién
podrá hacerles daño, si ustedes siguen el bien?”. Practicar
el bien por encima de todo y responder con él siempre es la consigna dominante
de toda esta sección. El recuerdo de las bienaventuranzas es bastante evidente
al referir el sufrimiento por causa de la justicia. Exactamente como acaba de
suceder en Argentina al ser objeto de la represión por apoyar la causa justa de
los jubilados.[5] “El bien sigue siendo
el objetivo fundamental de la actividad cristiana. El sufrimiento por la
fidelidad a los valores cristianos, que incluyen la búsqueda de la justicia del
plan de Dios sobre la humanidad, la adquisición de la libertad para todo ser
humano y la lucha permanente por la paz, constituye, sin duda, el culmen del empeño
en hacer el bien hasta el punto de que quien lo consiga se puede considerar
realmente dichoso”.[6]
La exhortación a no experimentar temor cuando se hace el bien (v. 14b) procede de Isaías 8.12-13, pues al único que hay que temer es a Dios. “Resistir al mal haciendo el bien significa tener el coraje de saber aguantar, la libertad de criticar desde el evangelio cualquier situación injusta y la valentía de enfrentarse por obediencia a la verdad, a cualquier instancia que maltrate u oprima a los seres humanos”.[7] Con ello se glorificará al Señor en su corazón (15a) y se podrá dar razón de la esperanza en Él (15b). La invitación a hacerlo busca dar testimonio verbal y racional de la esperanza profunda de cada creyente. Y es allí adonde aparece el lugar central de la conciencia, de la “buena conciencia” (16a), una conciencia limpia y segura de las acciones que conducen a hacer presente el bien en el mundo.[8]
Conclusión
El hermoso aforismo con que concluye esta sección (“Es mejor que ustedes
sufran por hacer el bien, si Dios así lo quiere, que por hacer el mal”, v 17)
relaciona los tres aspectos enunciados previamente: hacer el bien, la voluntad
de Dios y el sufrimiento: “La voluntad de Dios consiste en hacer el bien y éste
va asociado en esta carta a ponerse a disposición de los demás (2.12-17; 3.6),
a sufrir (3.17) y a aguantar (2.20). La voluntad de Dios no es que alguien
sufra por hacer el bien, sino que hacer el bien sea la actitud propia del
creyente ante cualquier circunstancia, ya se encuentre éste ante la ignorancia
de los no creyentes (2.15) o se enfrente al sufrimiento (4.19)”.[9]
“Lejos de desesperar del mundo, Pedro da por descontado que para los cristianos
el obrar bien desarmará cualquier crítica y acabará inclinando a los
paganos hacia el Señor en el día de su visita”.[10]
[1] Alejandro Poli Gonzalvo, “Ama y haz lo que quieras”, en La Nación, Buenos Aires, 5 de diciembre de 2022, www.lanacion.com.ar/opinion/ama-y-haz-lo-que-quieras-nid05122022.
[2] Edouard Cothenet, Las cartas de Pedro. Estella, Verbo Divino,
1984, p. 30.
[3] José Cervantes Gabarrón, “Primera carta de Pedro”, en Armando J.
Levoratti, dir., Comentario bíblico latinoamericano. Nuevo Testamento. Estella,
Verbo Divino, 2008, p. 1127.
[4] Ídem.
[5] “‘Cf. “‘El miedo no les va a salir bien’ organizaciones religiosas
exigen el fin de la represión”, en Página 12, Buenos Aires, 16 de mayo
de 2025, www.pagina12.com.ar/826112-el-miedo-no-les-va-a-salir-bien-organizaciones-religiosas-ex.
Cf. Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, 15 de mayo de 2025, www.facebook.com/share/p/19UodRJnr3/:
“Esta semana, la fe se enfrentó con la fuerza. En una acción pacífica
celebrada el 14 de mayo frente al Congreso Nacional de Argentina, líderes
religiosos se reunieron para bendecir y acompañar a jubilados que exigían
pensiones justas. Lo que pretendía ser un acto simbólico de unidad y
solidaridad se convirtió en un escenario de violencia estatal. Entre quienes
fueron brutalmente reprimidos se encontraban pastores de la Iglesia Evangélica
del Río de la Plata y de la Iglesia Reformada en Argentina, ambas miembros de
la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas (CMIR)”.
[6] J. Cervantes Gabarrón, op. cit., p. 1129. Énfasis agregado.
[7] Ídem.
[8] Ídem.
[9] Ibid., p. 1130.
[10] E. Cothenet, op. cit., p. 36. Énfasis original.
No hay comentarios:
Publicar un comentario