7 de septiembre, 2025
¡Jesucristo nos ha hecho libres! ¡Él nos ha hecho libres de verdad! Así que no abandonen esa libertad, ni vuelvan nunca a ser esclavos de la ley.
Gálatas 5.1-9, Traducción en Lenguaje Actual
Trasfondo
Primeramente, dos puntualizaciones importantes: la temática general es “Una libertad total probada en la historia”, es decir, que Dios de manera continua ha promovido y ha actuado para que la libertad sea una realidad en la historia en medio de las peores condiciones y la oposición contra ella, la opresión, la esclavitud, la explotación. Su compromiso con ella ha sido irrestricto, incondicional y siempre en contraste con los impulsos por dominar la existencia de las personas. Los poderes materiales y espirituales que buscan someter a los seres humanos y restarles la libertad siempre han sido confrontados por el Dios de la Biblia, un Dios eminentemente liberador. Tal como lo subraya Deuteronomio 26.5-11, uno de los credos más antiguos de la historia de salvación. Por otro lado, la proclamación bíblica de la libertad estará incompleta si no se relaciona directamente con lo hecho por Jesús de Nazaret y, especialmente, con lo afirmado por él mismo en Juan 8.32 y 36: “Y conocerán la libertad y la verdad los hará libres” y “Si el Hijo los liberta, serán verdaderamente libres”. Dicho en otras palabras: existe una auténtica historia bíblica de la libertad que inició desde la antigüedad y llega hasta nosotros hoy en la persona misma del Señor Jesús. Por ello, exponer Gálatas 5 debe hacerse en diálogo directo con las enseñanzas y acciones del Señor, tal como lo hizo el apóstol Pablo. Asimismo, nunca debe perderse de vista que el cristianismo es una religión profundamente ligada a la libertad, de principio a fin:
La venida de Jesucristo al mundo, su predicación, su vida, su muerte y su
Resurrección, hay que entenderlos dentro del horizonte de espera, abierto por
el Antiguo Testamento y su apocalipsis, del Dios venidero y de su Reino de
Libertad. Los Evangelios nos muestran cómo Jesús, al predicar la proximidad de este
Reino, habla con potestad de libertad (exousia), aporta libertad
concreta al mundo. Llama bienaventurados a los pobres y a los tristes, abre las
puertas de su Reino a los fatigados y oprimidos, promete la ley divina de la
Libertad a los pecadores y publicanos —a los que están fuera de la ley—. […] En el Nuevo
Testamento el hombre ve apuntar un brote concreto de libertad cada vez que
Jesús trae algo de la soberanía divina a un mundo encadenado y alienado. Porque
la libertad del hombre se entendió siempre como el correlato de la soberanía
divina. Por esto en el Nuevo Testamento aparece el singular paralelismo entre
Dios y hombre: todo es posible para Dios - todo es posible para el creyente. El
que cree participa en la libertad y en el poder de Dios…[1]
Jesucristo, el portador de la libertad
total (vv. 1-4)
En su exposición sobre el lugar de la ley, Pablo incluye la alegoría de Agar y Sara, y afirma que “somos hijos de la libre” (4.31). A continuación, prorrumpe en una exclamación-exhortación que afirma que el Señor Jesucristo obtuvo la libertad para quienes lo siguen. Lo que ha ganado él es infinitamente superior a lo que representa la ley, entendida como un sistema de represión y control sobre la vida. Empeñado como estuvo en demostrar las limitaciones de la ley y la superioridad de la obra del Señor:
Nuevamente Pablo contrasta la ley y la fe. Esta última se caracteriza por
la libertad, aquella por la esclavitud. Tanto libertad como esclavitud son
incompatibles y así también la ley y la fe. Por tanto el apóstol aclara a los
gálatas la situación de ellos: tienen que decidirse entre las dos. La mezcla de
ambas es tan imposible que la de esclavitud y libertad, por eso Pablo pone
manifiesta la alternativa entre esclavitud y libertad. […]
La obra de Cristo es liberación de nosotros, es decir, para que los cristianos obtengan la libertad (cf. v.13). en cuanto a ésta el apóstol amonesta a los gálatas que estén firmes, que la guarden, porque si no la guardasen se someterían otra vez bajo el yugo de la esclavitud de la ley o de los elementos.[2]
La
justificación por la fe produjo una nueva identidad en los creyentes, pues
ahora eran justos y libres. La eleutheria es un resultado grandioso de
la salvación. Pablo insiste en que los gálatas vivan en esa condición y se
mantengan firmes. “El objeto de la liberación en Cristo no consiste en
cambiar de amo, sino en vivir el don de la libertad. Volver a la
circuncisión es someterse a la ley, lo cual equivale no sólo a caer en la
esclavitud sino también a separarse del dador de la vida”.[3]
El asunto de fondo no tiene que ver con ritos, es más bien sobre una nueva
manera de pensar y de vivir: Jesucristo libera, produce vida y salva.
Nada puede someter a quienes siguen al
Señor (vv. 5-9)
El
Espíritu garantiza la aceptación de Dios (5). Ya no importaba estar
circuncidados o no “gracias a lo que Cristo hizo” (6a), pues lo que importa
ahora es confiar en la obra redentora suya y que esa confianza haga amar a los demás
(6b). Es la libertad cristiana como una ventana abierta a la creatividad del
amor que supera primero el pecado como amo enajenante, la sumisión a una ley
opresora y dominante. La libertad se erige entonces como el punto de partida
para la acción del amor liberador para todos los demás. Ya no existe culpa,
autoflagelación ni rendición ante poderes externos, pues únicamente el poder de
Dios será el que conduzca la vida completa. “La nueva identidad de los seres
justificados y liberados es visible sólo a través de las obras del amor o la
caridad”.[4]
La justificación y la liberación producen amor (ágape).
Pero
esa libertad siempre enfrenta riesgos, internos y externos, porque cuando se
entiende mal o se practica mal puede distorsionarse o conducir a situaciones impensadas.
La verdadera libertad cristiana, tal como la interpretó Lutero desde el siglo
XVI es un camino de paz y de justicia que permite consagrar la vida entera al
servicio y la sana construcción de la comunidad. Los gálatas enfrentaron ese
riesgo y estuvieron a punto de retroceder (7) y de ser dominados por la ley
debido a algunos maestros que los hicieron desconfiar de la suficiencia de la
obra de Cristo: “la persuasión de seguir la ley no dimana de Dios que los llamó
(6) sino que se origina en los que los fascinaron (3.1)”.[5]
La verdadera libertad avanza siempre y nunca retrocede hacia los rudimentos de
la fe, por más que se presenten como auténticos. Esa doctrina judaizante (“levadura”,
v. 9) puede contribuir a destruir la verdad de la fe en Cristo.
Conclusión
Experimentar
la libertad de Dios en Cristo es un gran desafío para la fe de la iglesia de
todos los tiempos. El Señor Jesucristo nos ha rescatado para la libertad. Malinterpretarla
o vivirla mal puede conducir a excesos indeseables que no son compatibles con
la fe en el Señor. Practicarla en el mundo es una acción refrescante para todos
los seres humanos pues implica descubrir el rostro de un Dios que ama y promueve
la libertad. A diferencia de la liberación otorgada a los hebreos en su
momento, Pablo proclama la liberación definitiva y universal adquirida por
Cristo que aplica para todo aquel/la que se vincule a él mediante la fe. Ésa es
la dimensión de la inmensa libertad operada por el Señor y que podemos
apropiarnos mediante el seguimiento fiel de su persona y mensaje.
[1] Jürgen Moltmann, “El
cristianismo como religión de libertad”, en Convivium, núm. 26, 1968, p.
44, https://raco.cat/index.php/Convivium/article/view/76338/98937.
[2] Carlos Lenkersdorf, Comentario
sobre la epístola a los Gálatas. México, El Escudo, 1960, p. 87.
[3] Elsa Tamez, “Carta a los
gálatas”, en Comentario bíblico latinoamericano. Nuevo Testamento. Estella,
Verbo Divino, 2015, p. 916.
Énfasis agregado.
[4] Ídem.
[5] C. Lenkersdorf, op. cit.,
p. 92.
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