sábado, 29 de noviembre de 2025

"Vuestra vida está escondida en Cristo" (Colosenses 3.1-11), Pbro. L. Cervantes-Ortiz

30 de noviembre, 2025

 

Porque ustedes ya han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria.

Colosenses 3.3-4, Traducción en Lenguaje Actual 

Trasfondo

La forma en que Pablo de Tarso anunció la novedad de vida en Cristo Jesús adquirió en su carta a los Colosenses un tono muy peculiar. Como ya se ha visto, relacionó directamente lo que le sucedía a cada creyente en el bautismo con la nueva existencia basada en la fe. Esa nueva vida estaba ligada a la libertad obtenida en Cristo que permitía a sus seguidores “morir a los principios de este mundo” (2.20a) para acceder a un estilo de vida dominado por la vida ganada por el Señor en la resurrección. Entrar en él es beneficiarse de todas las consecuencias de la vida obtenida por el Salvador. El lenguaje paulino transmite la grandeza de la nueva existencia espiritual que estaba más allá de las ordenanzas y prohibiciones que pretendían someter al cuerpo, pero que en realidad promovían una “religiosidad sumisa” incapaz de conseguirlo (2.23a). Por eso en el cap. 3 apunta hacia la manera en que la vida de Dios está “escondida en Cristo” aguardando su plena manifestación (segunda venida), posterior a la primera aparición en el mundo que es la que se anuncia y se espera con ansia durante la temporada de Adviento. Cada relectura y celebración de ese anuncio/espera debe ser una oportunidad para refrescar nuestra percepción del misterio y el milagro de la venida del Señor que tanto nos llena de júbilo.

 

“Esperar al Señor es hacer sitio a las víctimas en la mesa de la vida” (J. Sobrino). En el Adviento, no sólo esperamos al Mesías de estampita, sino que nos comprometemos con su causa. El verdadero Adviento no es escapar de la realidad en grupitos de autosatisfacción emocional o ilusionarnos con liturgias pop de mercado, sino un llamado a transformarla en Reino de Dios.

El Adviento, lejos de ser una costumbre litúrgica, es un tiempo de conversión radical. La nostalgia del pasado, con sus promesas de seguridad y estabilidad, obstaculiza la auténtica esperanza cristiana. El verdadero Adviento no es la restauración de estructuras pasadas ni la alianza con populismos fundamentalistas, sino la creación de un futuro nuevo, fundado en la justicia, la compasión y la dignidad humana.[1] 

Anunciar y esperar con ansia la manifestación (venida) del Señor (vv. 1-4)

Después del bautismo, el cristiano debe mirar hacia arriba, reorientarse hacia arriba “porque allí está el nuevo centro hacia donde convergen los deseos. La vida del cristiano se caracteriza como una unión indisoluble con Cristo”.[2] Mientras que en 2.12-13 parecía que ya todo estaba realizado, en esta sección se mantiene la tensión entre el ya y el todavía no tan presente en el Nuevo Testamento. Mirar hacia arriba es mirar adonde se encuentra el Señor “sentado a la derecha de Dios” (3.1b). Por el contrario, las cosas de la tierra (3.2b) son las pasiones: “Esto significa una radical transmutación de los valores en la vida del cristiano, pero de ninguna manera significa que el cristiano pueda descuidar sus obligaciones y tareas terrenas; sólo que no debe extraviarse en ellas como si tuvieran un valor definitivo”.[3] El Adviento nos recuerda las “cosas de arriba” y promueve en nosotros la sana ansiedad por conectarnos con ellas mediante la fe en el que vendrá para cumplir todas las expectativas de fe.

La exigencia de dirigir la mirada hacia arriba se apoya en el hecho de haber muerto en el bautismo. La oposición muerte-resurrección es muy frecuente en los textos paulinos. Aquí se presenta un par de antítesis fundamentales: “han muerto” y “están vivos” y esa vida “está escondida (“encriptada”, siguiendo la palabra griega kékriptai) con Cristo en Dios” (3.3b). De modo que esa vida ya se deja ver, pero todavía no se ha manifestado plenamente. “Es difícil quitarle fuerza a esta expresión traduciendo por ‘conservada’, ya que también la expresión paralela de 2.3 afirma cuando menos el carácter secreto de lo que aún no se ha manifestado. […] El carácter inconcluso del acontecimiento, que se inicia con la muerte en el bautismo, es permanente”.[4] La vida plena, en el nivel del futuro de Dios está, efectivamente, escondida en su Hijo, el Cristo, que la ofrece, la promueve y la aplica a todos/as quienes optan por buscar su Reino y realizarlo en el mundo. Eso forma parte del anuncio/espera del Adviento bien entendido.

 

Si su vida está escondida con Cristo en Dios, si Cristo mismo es su vida, esto significa que sólo es vida en plenitud lo que el Señor hará en su día con aquellos que le han seguido, y no lo que existe ahora en la tierra. La realidad del hombre no la puede expresar ni su bella apariencia actual de cadáver maquillado, ni la evocación más conmovedora, ni el recuerdo consolador en los corazones de sus amigos y parientes, ni lo imaginable a nivel psicológico, caso de que un trauma infantil o una educación errónea no lo haya inhibido; tampoco puede ex presar lo que es un hombre ni siquiera tampoco lo que el hombre ha pensado sobre sí mismo; esto lo dice sólo la gracia, es decir, la palabra del Señor que brinda inmerecidamente la verdadera vida y la verdadera personalidad, esa palabra de su Señor que entonces se manifestará.[5] 

Revestirse de la nueva humanidad (vv. 5-11)

La cadena de elementos terrenales que deben superarse es amplia y abarca los vv. 5-9 debe ser superada por revestirse con la nueva humanidad, aquella que se anuncia y espera con la venida del Señor. Al estar muertos al pecado, se vive en una novedad existencial que rebasa, con mucho, lo experimentado con anterioridad. Mortificar lo antiguo y revestirse de lo nuevo son dos acciones opuestas y complementarias. La primera lista de cinco vicios (v. 5) atañe a los practicados por los gentiles y, la segunda (v. 8), los que existían en la comunidad: “La sección concluye con la advertencia contra la mentira y se fundamenta con la referencia al cambio radical del hombre viejo al hombre nuevo (v. 9s), que surge con la entrada en el nuevo mundo de Cristo (v. 11)”.[6]

“Revestirse de Cristo” es una imagen que tiene sus raíces en el Antiguo Testamento: “Quiere decir dejar las prácticas antiguas y seguir una vida según Cristo. Este ser humano nuevo no deja de renovarse constantemente”[7] hasta alcanzar “el conocimiento pleno” (11), una madurez prácticamente total. 

Conclusión

La venida de Cristo (la primera, en su nacimiento, y la segunda, en la parusía) se superponen en el Adviento y se avizoran como el cumplimiento pleno de las promesas de Dios para su pueblo cuando Él abre las puertas: “Cada año, el Adviento fortalece nuestra confianza en que se nos ha abierto una puerta a la gloria de Dios. A través de esta puerta podemos vislumbrar la alegría y la felicidad que ya llegó a nuestro mundo con el nacimiento de Jesús y que llegará en plenitud al final de los tiempos con su regreso. Y esta puerta no la abrimos nosotros […] sino Dios mismo, quien nos abre la puerta de su reino y nos permite entrar: “Mira, he puesto delante de ti una puerta abierta, que nadie puede cerrar” (Ap 3.8). El Adviento es tiempo de puertas abiertas. Esta puerta que Jesús nos abre hacia el Padre también puede abrir puertas en nuestra vida”.[8]



[1] Guillermo Jesús Kowalski, “La esperanza del Adviento frente a la nostalgia fundamentalista”; en Religión Digital, 27 de noviembre de 2025, www.religiondigital.org/poliedro_y_periferia-_guillermo_jesus_kowalski/Adviento-esperar-toda-nostalgia-fundamentalista_7_2838086164.html.

[2] César Mora Paz, “Carta a los Colosenses”, en Armando Levoratti, dir., Comentario bíblico latinoamericano. Nuevo Testamento. Estella, Verbo Divino, 2007, p. 973.

[3] Ídem.

[4] Eduard Schweizer, La carta a los Colosenses. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1987 (Biblioteca de estudios bíblicos, 58), p. 152.

[5] Ibid., p. 155.

[6] Ibid., p. 157.

[7] C. Mora Paz, op. cit., p. 974.

[8] Gesine Traversari, “Adviento: el tiempo en que abren las puertas”, en Chiesa Evangelica Valdese, 24 de noviembre de 2024, https://chiesavaldese.org/avvento-il-tempo-in-cui-le-porte-si-aprono/

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