sábado, 13 de mayo de 2023

David y sus familias: amor, violencia y reconciliación (II Samuel 24.25-33), Pbro. L. Cervantes-Ortiz


Marc Chagall (1887-1985), David y Absalón

14 de mayo, 2023

Joab se presentó ante el rey y le comunicó el sentir de Absalón; entonces el rey mando llamar a Absalón, y cuando éste se presentó ante el rey, se inclinó hasta tocar el suelo. Por su parte, el rey besó a Absalón.

II Samuel 24.33, Reina-Valera Contemporánea

 

Trasfondo

Los libros históricos del antiguo Israel no fueron escritos con el propósito de contar las biografías de los personajes o de sus familias como tales. Todo lo expuesto giraba alrededor del desarrollo de la historia de la salvación y de la relación de pacto entre Dios y su pueblo. Los diferentes linajes, tal como se aprecia en los libros anteriores son presentados como parte del proceso religioso y espiritual de la vida del pueblo. Algunas familias o conjuntos de familias (tribus), producto de la organización patriarcal antigua tenían determinados derechos y atribuciones, como sucedió con Leví y Judá-David, ya en tiempos de la monarquía.

 

La unidad de base es naturalmente la familia, ‘ahel, que es un concepto relativamente amplio. Diversas familias emparentadas constituyen una fracción o un clan, que se llama hamûleh o ‘asireh según las religiones. La tribu misma se denomina qabíleh, antiguamente batn o hayy. dos vocablos que expresan la unidad de sangre en que está fundada. […] La bét ‘ab, la “casa paterna”, es la familia, que comprende no sólo al padre, a la esposa o esposas y a sus hijos no casados, sino también a los hijos casados, con sus esposas e hijos, y a la servidumbre. Varias familias componen un clan, la mispahah. Ésta vive ordinariamente en el mismo lugar o, por lo menos se reúne para fiestas religiosas comunes y comidas sacrificiales, I Sam 20.6, 29. […] La rigen los cabezas de familia, los zeqenim o “ancianos”.[1]

 

Estando todo dominado por el sistema patriarcal (en los dos sentidos del término), la responsabilidad de los padres era mayúscula, pues prácticamente eran dueños de la vida de su descendencia. “En el tipo normal del matrimonio israelita, el marido es el señor, ba’al de su esposa”.[2] Los relatos de la creación insisten el matrimonio monógamo como la voluntad divina original, pero, en todo caso, En todo caso, los patriarcas siguieron las costumbres de su ambiente. Según el Código de Hamurabi (1700 a.C.), el marido podía tomar otra esposa sólo en caso de esterilidad e incluso estaba privado de ese derecho si su esposa le proporcionaba una concubina esclava. El hombre podía tener sólo una concubina, pero ésta nunca tuvo los mismos derechos que la esposa.[3] Lo que predominó, entonces, fue una monogamia relativa.

 

Las familias e hijos de david: los problemas de Amnón y Absalón (13.29, 37-39; 14. 21-23)

La biografía de David, entrelazada con la historia de su pueblo, es larga y sumamente complicada: abarca I Sam 16-I Re 2.12, y I Cr 11-29. Sus ocho esposas fueron Mical (hija de Saúl), Ajinoán de Jezreel, Abigaíl, la carmelita exesposa del malvado Nabal), Macá (hija de Talmai, rey de Gesur), Jaguit, Abital, Egla y Betsabé (exesposa de Urías, el hitita). Por lo tanto, estaríamos hablando de unas ocho familias como mínimo. Sus hijos nacidos en Hebrón, seis: “Amnón, hijo de Ajinoán la jezreelita; […] Quilab, hijo de Abigaíl […]; Absalón, hijo de Macá […]; Adonías, hijo de Jaguit; Sefatías, hijo de Abital; Itreán, hijo de Egla […]” (II Sam 3.3-5a). En Jerusalén, once: Samúa, Sobab, Natán, Salomón (de Betsabé), Ibejar, Elisúa, Nefeg, Jafía, Elisama, Eliada y Elifelet (II Sam 5.14b-16). I Crónicas 3.1-9 dice que fueron en total 19 hijos y una hija, Tamar, sin contar los de sus concubinas (harén, unas 10, II Sam 15.16[4]). De modo que estamos delante de un gran universo familiar en el que las envidias y las ambiciones estuvieron a la orden del día, además de los duros problemas entre medios hermanos (Amnón y Tamar: II Sam 13), especialmente por sus aspiraciones al trono (Adonías y Absalón).

El realismo extremo con que se narran los sucesos no excluye los detalles relacionados con los hijos de David: Amnón violó a Tamar (II Sam 13.8-17) y su acción fue vengada violentamente por Absalón (II Sam 13.20-29), lo que desencadenó la huida de éste (II Sam 13.34, 37-38), su regreso por voluntad de David (II Sam 14.21-22) y el inicio de su rebelión. Un gran filtro de la historia fue el interés de la corte (representada por Joab) por estabilizar la situación del monarca por encima, incluso, de sus deberes como padre y jefe de familia: “No olvidemos que esta familia es la Casa de David, y como tal está incluida en la promesa dinástica. Por la misma razón, el autor nos da el punto de vista de la corte, los efectos de la acción más que la acción misma. […] Lo cierto del caso es que las semillas sembradas por la violación y el asesinato de David están empezando a despuntar. Amnón violó a Tamar. Absalón asesinó a Amnón. Ha empezado una cosecha de desgracias”.[5] El rey debió actuar con firmeza y justicia en medio de su familia y no lo hizo:

 

Permitió que el conflicto entre algunos de sus hijos sumerja a su familia en la tragedia. Su hijo mayor, Amnón, violó y deshonró a su media hermana, Tamar (2 S 13.19). El hermano de Tamar, Absalón, odió a Amnón por ese crimen, pero no le dijo nada al respecto. David conoce el problema pero decidió ignorar la situación (2 S 13.21). [...] Todo parece estar bien durante dos años, pero un conflicto sin resolver de esta magnitud nunca desaparece por sí solo. […] El conflicto atrae a más miembros de la familia de David, los aristócratas y el ejército, hasta que toda la nación se sume en la guerra civil.[6]

 

Rebeldía, ambición y excesos de Absalón: su muerte trágica (II Sam 14.25-29; 15.1-6; 17.7-13; 18.14-17)

Absalón era un hombre muy atractivo, tal como lo describe II Sam 14.25-29 (algo así como Saúl), y era muy amado por su padre. “Absalón intenta ejercer influencia sobre las tribus del sur y del norte, criticando la actuación jurídica de la corte. Parado delante de la puerta, se anticipa a la corte, dirigiendo la palabra a las personas que vienen al rey para resolver cuestiones jurídicas. Les da la razón en su causa, critica la administración real y promete un régimen mejor que el actual (II Sam 15.2-4)”.[7] Encabezó una revuelta que se venía incubando durante años, actuó paralelamente al rey y David se vio obligado a desplazarse para huir de la violencia (II Sam 15.13-14).[8] “Paulatinamente, una insana impaciencia se apoderó de Absalón; se empecinó en abreviar su tiempo de espera. En las condiciones dadas, eso no era posible, a no ser por sobre el cadáver de su padre. Pero los escrúpulos del príncipe en relación con eso no deben de haber sido muy grandes; la indecisión no formaba parte de sus defectos. Así, al final, dio un paso en dirección al levantamiento contra su padre, el golpe de Estado”.[9] Los mayores excesos acontecieron cuando tuvo relaciones con las concubinas de su padre a los ojos de todo el pueblo por consejo de Ajitofel (II Sam 16.21-23) y cuando lo persiguió en la disputa por el trono (II Sam 15.10, 13-18), hasta que perdió la vida en el campo de batalla (II Sam 18.14-17). El dolor experimentado por David ante esa muerte fue enorme (I Sam 18.33-19.4): su familia se desgajó irremediablemente y él no pudo evitarlo.

 

Conclusión

Si buscamos modelos de familia para nuestros tiempos en el Antiguo Testamento, tendremos muchas dificultades, pues ni las de Abraham ni las de David parecen cubrir los requerimientos. En el segundo caso, David debió arrastrar la carga de los errores matrimoniales y familiares que cometió en diferentes momentos. Con todo y el revisionismo practicado por las Crónicas, ha llegado hasta nosotros la imagen de un personaje con virtudes y defectos, que delante de situaciones muy exigentes tomó decisiones cuestionables cuyas consecuencias impactaron notablemente en su reinado. El amor, la violencia y la reconciliación se mezclaron en su familia de diversas maneras y demuestran la enorme complejidad de la vida familiar en la antigüedad bíblica.



[1] Henri Cazelles, Instituciones del Antiguo Testamento. Barcelona, Herder, 1976 (Biblioteca Herder, Sagrada Escritura, 63), p. 30.

[2] Ibid., p. 50.

[3] Ibid., pp. 55-56.

[4] Ibid., p. 169.

[5] La Biblia de Nuestro Pueblo. Bilbao, Mensajero, 2008, pp. 411-412.

[6] J. Baker, B. Housman y Alice Mathews, “El manejo deficiente de David del conflicto familiar desemboca en una guerra civil (2 Samuel 13-19)”, en www.teologiadeltrabajo.org.


[7] Carlos Dreher, “Resistencia popular en los inicios de la monarquía israelita”, en RIBLA, núm. 32, 1999, p. 54.


[8] Alicia Winters, “Ollas, lentejas y queso... Brindando esperanza a los desplazados por la violencia (2 Samuel 15-17)”, en RIBLA, núm. 39, 2001/2, pp. 44-51.

[9] Herbert Donner, História de Israel e dos povos vizinhos. Vol.1. San Leopoldo-Petrópolis, Sinodal-Vozes, 1997, p. 245, cit. por Carlos Dreher, op. cit., p. 53.

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