14 de mayo, 2023
Joab se presentó ante el rey y le comunicó el sentir de Absalón; entonces el rey mando llamar a Absalón, y cuando éste se presentó ante el rey, se inclinó hasta tocar el suelo. Por su parte, el rey besó a Absalón.
II Samuel 24.33, Reina-Valera Contemporánea
Trasfondo
Los libros históricos del antiguo Israel no fueron
escritos con el propósito de contar las biografías de los personajes o de sus
familias como tales. Todo lo expuesto giraba alrededor del desarrollo de la
historia de la salvación y de la relación de pacto entre Dios y su pueblo. Los
diferentes linajes, tal como se aprecia en los libros anteriores son
presentados como parte del proceso religioso y espiritual de la vida del
pueblo. Algunas familias o conjuntos de familias (tribus), producto de la
organización patriarcal antigua tenían determinados derechos y atribuciones,
como sucedió con Leví y Judá-David, ya en tiempos de la monarquía.
La unidad de base es naturalmente la familia, ‘ahel, que es
un concepto relativamente amplio. Diversas familias emparentadas constituyen
una fracción o un clan, que se llama hamûleh o ‘asireh según las
religiones. La tribu misma se denomina qabíleh, antiguamente batn
o hayy. dos vocablos que expresan la unidad de sangre en que está
fundada. […] La bét ‘ab, la “casa paterna”, es la familia, que comprende
no sólo al padre, a la esposa o esposas y a sus hijos no casados, sino también
a los hijos casados, con sus esposas e hijos, y a la servidumbre. Varias
familias componen un clan, la mispahah. Ésta vive ordinariamente en el
mismo lugar o, por lo menos se reúne para fiestas religiosas comunes y comidas sacrificiales,
I Sam 20.6, 29. […] La rigen los cabezas de familia, los zeqenim
o “ancianos”.[1]
Estando todo dominado por el
sistema patriarcal (en los dos sentidos del término), la responsabilidad de los
padres era mayúscula, pues prácticamente eran dueños de la vida de su
descendencia. “En el tipo normal del matrimonio israelita, el marido es el
señor, ba’al de su esposa”.[2] Los relatos de la creación
insisten el matrimonio monógamo como la voluntad divina original, pero, en todo
caso, En todo caso, los patriarcas siguieron las costumbres de su ambiente. Según
el Código de Hamurabi (1700 a.C.), el marido podía tomar otra esposa sólo en
caso de esterilidad e incluso estaba privado de ese derecho si su esposa le
proporcionaba una concubina esclava. El hombre podía tener sólo una concubina,
pero ésta nunca tuvo los mismos derechos que la esposa.[3] Lo que predominó, entonces, fue
una monogamia relativa.
Las familias e hijos de david: los problemas de Amnón y Absalón (13.29,
37-39; 14. 21-23)
La biografía de David, entrelazada con la historia
de su pueblo, es larga y sumamente complicada: abarca I Sam 16-I Re 2.12, y I
Cr 11-29. Sus ocho esposas fueron Mical (hija de Saúl), Ajinoán de Jezreel,
Abigaíl, la carmelita exesposa del malvado Nabal), Macá (hija de Talmai, rey de
Gesur), Jaguit, Abital, Egla y Betsabé (exesposa de Urías, el hitita). Por lo
tanto, estaríamos hablando de unas ocho familias como mínimo. Sus hijos nacidos
en Hebrón, seis: “Amnón, hijo de Ajinoán la jezreelita; […] Quilab, hijo de
Abigaíl […]; Absalón, hijo de Macá […]; Adonías, hijo de Jaguit; Sefatías, hijo
de Abital; Itreán, hijo de Egla […]” (II Sam 3.3-5a). En Jerusalén, once:
Samúa, Sobab, Natán, Salomón (de Betsabé), Ibejar, Elisúa, Nefeg, Jafía,
Elisama, Eliada y Elifelet (II Sam 5.14b-16). I Crónicas 3.1-9 dice que fueron
en total 19 hijos y una hija, Tamar, sin contar los de sus concubinas (harén, unas
10, II Sam 15.16[4]). De modo que estamos delante de
un gran universo familiar en el que las envidias y las ambiciones estuvieron a
la orden del día, además de los duros problemas entre medios hermanos (Amnón y
Tamar: II Sam 13), especialmente por sus aspiraciones al trono (Adonías y
Absalón).
El realismo extremo con que se
narran los sucesos no excluye los detalles relacionados con los hijos de David:
Amnón violó a Tamar (II Sam 13.8-17) y su acción fue vengada violentamente por
Absalón (II Sam 13.20-29), lo que desencadenó la huida de éste (II Sam 13.34,
37-38), su regreso por voluntad de David (II Sam 14.21-22) y el inicio de su
rebelión. Un gran filtro de la historia fue el interés de la corte (representada
por Joab) por estabilizar la situación del monarca por encima, incluso, de sus
deberes como padre y jefe de familia: “No
olvidemos que esta familia es la Casa de David, y como tal está incluida en la
promesa dinástica. Por la misma razón, el autor nos da el punto de vista de la
corte, los efectos de la acción más que la acción misma. […] Lo cierto del caso
es que las semillas sembradas por la violación y el asesinato de David están
empezando a despuntar. Amnón violó a Tamar. Absalón asesinó a Amnón. Ha
empezado una cosecha de desgracias”.[5] El rey debió actuar con firmeza
y justicia en medio de su familia y no lo hizo:
Permitió que el conflicto entre algunos de sus hijos sumerja
a su familia en la tragedia. Su hijo mayor, Amnón, violó y deshonró a su media
hermana, Tamar (2 S 13.19). El hermano de Tamar, Absalón, odió a Amnón por ese
crimen, pero no le dijo nada al respecto. David conoce el problema pero decidió
ignorar la situación (2 S 13.21). [...] Todo parece estar bien durante dos
años, pero un conflicto sin resolver de esta magnitud nunca desaparece por sí
solo. […] El conflicto atrae a más miembros de la familia de David, los
aristócratas y el ejército, hasta que toda la nación se sume en la guerra civil.[6]
Rebeldía, ambición y excesos de Absalón: su muerte
trágica (II Sam 14.25-29; 15.1-6; 17.7-13; 18.14-17)
Absalón era un hombre muy
atractivo, tal como lo describe II Sam 14.25-29 (algo así como Saúl), y era muy
amado por su padre. “Absalón intenta ejercer influencia sobre las tribus del
sur y del norte, criticando la actuación jurídica de la corte. Parado delante
de la puerta, se anticipa a la corte, dirigiendo la palabra a las personas que
vienen al rey para resolver cuestiones jurídicas. Les da la razón en su causa,
critica la administración real y promete un régimen mejor que el actual (II Sam
15.2-4)”.[7] Encabezó una
revuelta que se venía incubando durante años, actuó paralelamente al rey y
David se vio obligado a desplazarse para huir de la violencia (II Sam
15.13-14).[8] “Paulatinamente,
una insana impaciencia se apoderó de Absalón; se empecinó en abreviar su tiempo
de espera. En las condiciones dadas, eso no era posible, a no ser por sobre el
cadáver de su padre. Pero los escrúpulos del príncipe en relación con eso no
deben de haber sido muy grandes; la indecisión no formaba parte de sus
defectos. Así, al final, dio un paso en dirección al levantamiento contra su
padre, el golpe de Estado”.[9] Los mayores excesos acontecieron cuando
tuvo relaciones con las concubinas de su padre a los ojos de todo el pueblo por
consejo de Ajitofel (II Sam 16.21-23) y cuando lo persiguió en la disputa por
el trono (II Sam 15.10, 13-18), hasta que perdió la vida en el campo de batalla
(II Sam 18.14-17). El dolor experimentado por David ante esa muerte fue enorme
(I Sam 18.33-19.4): su familia se desgajó irremediablemente y él no pudo
evitarlo.
Conclusión
Si buscamos
modelos de familia para nuestros tiempos en el Antiguo Testamento, tendremos
muchas dificultades, pues ni las de Abraham ni las de David parecen cubrir los
requerimientos. En el segundo caso, David debió arrastrar la carga de los
errores matrimoniales y familiares que cometió en diferentes momentos. Con todo
y el revisionismo practicado por las Crónicas, ha llegado hasta nosotros la
imagen de un personaje con virtudes y defectos, que delante de situaciones muy
exigentes tomó decisiones cuestionables cuyas consecuencias impactaron
notablemente en su reinado. El amor, la violencia y la reconciliación se
mezclaron en su familia de diversas maneras y demuestran la enorme complejidad
de la vida familiar en la antigüedad bíblica.
[1] Henri Cazelles, Instituciones
del Antiguo Testamento. Barcelona, Herder, 1976 (Biblioteca Herder, Sagrada
Escritura, 63), p. 30.
[2] Ibid., p. 50.
[3] Ibid., pp. 55-56.
[4] Ibid., p. 169.
[5] La Biblia de Nuestro Pueblo. Bilbao, Mensajero, 2008, pp. 411-412.
[6] J. Baker, B. Housman y Alice Mathews, “El manejo deficiente de David del
conflicto familiar desemboca en una guerra civil (2 Samuel 13-19)”, en www.teologiadeltrabajo.org.
[7]
Carlos Dreher,
“Resistencia popular en los inicios de la monarquía israelita”, en RIBLA,
núm. 32, 1999, p. 54.
[8] Alicia Winters, “Ollas, lentejas y queso...
Brindando esperanza a los desplazados por la violencia (2 Samuel 15-17)”, en RIBLA, núm. 39, 2001/2, pp. 44-51.
[9] Herbert
Donner, História de Israel e dos povos vizinhos. Vol.1. San Leopoldo-Petrópolis, Sinodal-Vozes, 1997, p.
245, cit. por Carlos Dreher, op. cit., p. 53.
No hay comentarios:
Publicar un comentario