12 de noviembre de 2023
Dios mío, ¡no te alejes de mí!
Dios mío, ¡ven pronto a salvarme!
Salmo 71.12, Reina-Valera Contemporánea
Levántate delante de las canas. Muestra respeto ante los ancianos. Muestra temor ante tu Dios. Yo soy el Señor.
Levítico 19.32, Reina-Valera Contemporánea
Trasfondo
En los últimos años se ha
comenzado a hablar acerca de una “cultura del envejecimiento digno”, es decir,
“al predominio de la educación, la protección, la comprensión, el cariño, la
aceptación, el respeto y la dignificación de las personas adultas mayores, en
el marco de una relación intergeneracional”. Esto implica que la identidad, el
contexto y la expectativa de vida para las personas otorgue privilegio a la
dignidad y a las formas más sanas de convivencia entre las personas de
diferentes edades, con el énfasis puesto en quienes se encuentran en una etapa
más avanzada de la vida. Esta cultura debe promoverse en todos los grupos de
edad para que, de manera preventiva, se asuma una nueva actitud ante las
personas. Se plantea que en México aún se carece de una cultura sólida en ese
sentido y que “la preparación para el envejecimiento debe ser desde diferentes
aspectos; por ejemplo, en el plano psicológico se tiene que pensar cómo ser
felices y la calidad de vida que se tendrá, en ello juega un papel importante
la estabilidad económica, si se va a disfrutar o no de una pensión por
jubilación, qué va a pasar con la salud física y mental, así como con las
habilidades cognitivas y las relaciones sociales. A partir de las respuestas a
estas preguntas debe partir la preparación (Samana Vergara Lope)”.[1]
Cuando entra en juego la fe, las perspectivas de vida y esperanza deben
procesarse también de la mejor manera.
“Muchos se sorprenden al verme” (vv. 7-11)
Para
la lectura y reflexión sobre el Salmo 71 es preciso plantearse algunas
preguntas importantes sobre el lugar de la fe en las diferentes etapas de la
vida. Una persona de 77 años entrevistada al respecto dijo que “la vejez y la
fe están en el último piso de un edificio, se sostienen por los pisos que están
abajo”.[2] Se
afirma que ambas, la fe y la vejez interactúan de una forma muy simbólica y
ritual en la vida cotidiana pues no son mundos separados, y en cuyas lógicas
íntimas, privadas y públicas es necesario ubicarse. La experiencia descrita en
el Salmo 71.7-16 atraviesa por circunstancias no tan amables y se basa, sobre
todo, en cómo reaccionan las personas que rodean a quien habla: “Muchos se
sorprenden al verme, / porque tú eres para mí un sólido refugio” (v. 7).
En el v. 7 el orante declara que él apareció ante “muchos” como un “prodigio” es decir, que, para los que le rodeaban, el que sufría era “signo terrible”, una señal que les atemorizaba, una manifestación de la cólera de Dios, la cual habría dado origen a la persecución y a la acusación. Pero —y aquí se cierra el círculo de los pensamientos que comenzaron a expresarse en el v. 1— Yahvé se convirtió para el oprimido en “poderoso refugio”. Sobre el “pero tú”, que en el v. 7b establece un vigoroso contraste, cf. Sal 3.4; 142.4. En la seguridad que ofrece ahora el recinto de la protección divina, comienza ya la alabanza y la glorificación de Yahvé (v. 8).
En la petición del v. 9 se trasluce la ansiedad de quien siente que sus fuerzas disminuyen por aumentar su edad y suplica ardorosamente la intervención del Señor contra sus enemigos, quienes se juntan para acabar con él (10): “Los designios de muerte que abrigan los perseguidores no son desconocidos para el oprimido. Éste se los recuerda a Yahvé (citándolos) para moverle a intervenir. Los enemigos creen que el que ha buscado refugio en Yahvé está perdido sin remedio y ha sido abandonado por Yahvé (v. 11). Por consiguiente, no se ha pronunciado aún el juicio divino”.[3] Las observaciones sociológicas coinciden al referirse a muchas de las sensaciones propias de esa edad y la forma en que la fe actúa en medio de ellas: “Aparece la ansiedad, la depresión, el miedo, la tristeza; padecimientos que no es posible curar por medio de los cuidados físicos, por la administración de medicinas o con la presencia de enfermeras y médicos, sino con la elaboración de frases y palabras que al comunicarlas puedan funcionar como instrumentos para reactivar la fe, la esperanza, ese estado emocional que incentiva la conducta relacionada con la salud y que contribuye al buen envejecimiento”.[4]
“Dios mío, no te alejes de mí” (vv. 12-16)
De
ese modo, las peticiones de los vv. 12-13 se entienden como clamor solicitando
ayuda en la desgracia, y confusión y vergüenza para sus adversarios. Pero en
los vv. 14ss “la confianza y la alabanza vuelve a ocupar el centro de atención.
El perseguido se aferra a su Dios y sabe perfectamente que su opresión servirá
únicamente para acrecentar la gloria del Dios salvador (v. 14). En los vv.
15-16 se formulan las primeras manifestaciones del voto de acción de gracias”.[5] La
confianza expresada en las acciones liberadoras de Dios produce una exaltación emocional
y litúrgica: “Todo el día mi boca proclamará tu justicia, / y tus hechos de
salvación, / aun cuando no puedo enumerarlos”. “En la acción de gracias, se ‘narrará’
la intervención salvífica de Dios y se indica la ‘relación íntima con la
salvación’. Los que van a dar gracias entran en el templo en procesión solemne
(cf. Salmo 118.20)”.[6]
La
experiencia de la adultez mayor creyente mezcla todo lo vivido y coloca la fe
en un espacio privilegiado:
A
través de la fe se organiza y estructura la forma de vivir, pensar y actuar.
Es decir, se conforman todas las peculiaridades, así como las instancias,
espacios y acciones individuales o colectivas, especialmente cuando se necesita
construir o reconstruir nuevos espacios, pues a medida que la familia original
empieza a desmembrarse (ya sea por la partida de los hijos o por la muerte del
cónyuge), se requiere hacer adecuaciones, incluso cambios drásticos en
los estilos de vida, donde las personas de edad avanzada muchas de las veces
tienen que cambiar de lugar de residencia e irse a vivir con los hijos en la
ciudad, en espacios más pequeños, y tienen que acostumbrarse a nuevos horarios,
comidas, distracciones y trabajos, como cuidar a los nietos y vigilar la casa,
entre otras cosas. Otras veces tienen que acostumbrarse a la soledad, a
sobrevivir con recursos cada vez más escasos, a cambiar actividades rutinarias,
a dejar las decisiones en manos de los hijos y nietos, yernos o nueras.
Asimismo, tienen que acostumbrarse a ser dependientes; y ya no se diga cuando
se está en una situación de total dependencia debido a enfermedades crónicas
degenerativas […], donde la relación entre la fe y la vejez depende de la
lucidez y capacidad física que tiene la persona.[7]
Conclusión
Atravesar
todas las edades y mirar hacia atrás con nostalgia, gratitud o decepción, son
sensaciones que pueden vivirse con mayor claridad gracias a la fe. Así, este
salmo es un recuento espiritual de la experiencia de una persona que, gracias
al aprendizaje en medio de la familia y la comunidad, se presenta ante Dios con
todo lo vivido a cuestas, con una sabiduría bien ganada y con unas peticiones
muy claras para el Señor, y Él seguramente respondió valorando profundamente
las palabras del Salmo.
[1] José
Luis Couttolenc Soto, “México carece de una cultura para asimilar la vejez”, en
Universo, Sistema de noticias de la UV, 16 de agosto de 2017, www.uv.mx/prensa/reportaje/mexico-carece-de-una-cultura-para-asimilar-la-vejez.
[2] Felipe
Vázquez Palacios, “La metamorfosis de la fe en creyentes de edad avanzada”, en Península,
vol. X, núm. 1 enero-junio de 2015, p. 53.
[3] Hans-Joachim Kraus, Los Salmos. II. 60-150. Salamanca, Ediciones
Sígueme, 1995, p. 114.
[4] F. Vázquez Palacios, op. cit., p. 55.
[5] H.-J. Kraus, op. cit., p. 114.
[6] Ídem.
[7] F. Vázquez Palacios, op. cit., p. 56. Énfasis
agregado.
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