5 de noviembre de 2023
Señor, en ti busco refugio;
¡jamás permitas que sea yo avergonzado!
Salmo 71.1, Reina-Valera Contemporánea
El cabello plateado es corona de gloria para los que han vivido honestamente.
Al joven se le admira por su fuerza, y al anciano se le respeta por sus canas.
Proverbios 16.31, 20.29, Palabra de Dios para Todos
Trasfondo
Según el Inegi, 14% de la
población mexicana es mayor de 60 años, unos 18 millones de personas, de las
cuales 49% trabajan por su cuenta, aproximadamente 1.7 millones viven solas y
un 69% tiene alguna forma de discapacidad.[1] La
gente mayor (zeqenim) era toda una institución en el antiguo Israel al
grado de que eran ellos quien ejercían labores de gobierno y consejo; se les
menciona unas 150 veces en el A.T. y se exhorta a respetarlos (Lv 19.32). Incluso
sobrevivieron a la ruina de la monarquía: “Los cabezas de familia, que formaban
en cada ciudad una especie de consejo (I Sam 30.26-31)”.[2] “Se
sentaban a la puerta de la ciudad, donde se discutían todos los negocios de la
comunidad, cf. Gn 23.10; Job 29.7; Pr 24.7; 31.23.[3] Acercarse
a un tema como “No me deseches cuando llegue la vejez”: fe y experiencia,
basado en el Salmo 71 demanda consideración, delicadeza y sensibilidad para
conectar con el contenido de un texto que expresa lo vivido por una persona
cuya trayectoria espiritual la ha llevado hasta un punto en el que lo valora
como parte de una relación continua con Dios. En cada etapa de su vida este
creyente ha acumulado una perspectiva sólida de la espiritualidad adecuada.
La
alabanza de Dios llenaba la vida del anciano que recitó y cantó el Salmo 71. El
tiempo de su vida lo consumió él en los cánticos de alabanza entonados por
Israel; cantó las grandes hazañas de Dios y tomó parte, como poeta instruido
por Dios, en la tradición sálmica de la comunidad. Pero en la ancianidad ha
caído sobre él un grave sufrimiento. Para los que vivían a su alrededor, aquel
hombre herido por Dios era como un signo que inspiraba horror (v. 7). Se
investigó cuáles podían ser sus delitos; se le persiguió, y se formuló
acusación contra él. Sin embargo, dentro del recinto en que se disfruta de la
protección divina, se alzan —henchidos de confianza— cánticos de alabanza y un
voto de alabanza.[4]
El canto está hondamente impregnado de expresiones de confianza y de exclamaciones de júbilo. La estructura ofrece el siguiente esquema: vv. 1-8, peticiones y expresiones de confianza, que concluyen en el v. 8 con un cántico de júbilo; vv. 9-16, descripciones de la desgracia y súplicas, que en los v. 14-16 se convierten en un cántico de alabanza; vv. 17-24, voto de alabanza entretejido con peticiones.
“Señor, en ti busco refugio” (vv. 1-3)
El cantor del salmo ha encontrado refugio en el recinto de asilo y protección del santuario (v. 1, cf. Sal 11.1; 16.1; 18.3, 31; 15.20; 31.2, 10). Pide la intervención del Señor para no hallarse desvalido y avergonzado frente a los enemigos que le acusan y persiguen (v. 4). “En tu justicia sálvame”, en el v. 2 podría traducirse: “en el ámbito de tu salvación”. En el v. 3 aparecen términos y símbolos que expresan con relieve la seguridad que se disfruta en el ámbito de protección del santuario: “roca de refugio”, “castillo fuerte”, es el lugar inaccesible. El autor cita el Sal 31.2-4 o una fórmula usada para después de penetrar en el recinto de asilo.[5] La segunda parte del v. 3 combina las metáforas de refugio (roca y fortaleza) con la certeza salvífica que sólo viene de Dios.
“Tú, Señor mi Dios, eres mi esperanza” (vv. 4-6)
En el v. 4 se ve claramente el peligro en que se hallaba el perseguido: “Dios mío, líbrame del poder de los impíos, / del poder de los perversos y violentos”. Sin embargo, todos los temores son rechazados mediante declaraciones de firme confianza: “Tú, Señor mi Dios, eres mi esperanza; / tú me has dado seguridad desde mi juventud” (v. 5). Allí se hace alusión al tiempo transcurrido, que ha permitido al hablante afianzar su confianza. A propósito del v. 6 (“Desde el vientre de mi madre me has sostenido; / ¡tú me sacaste de las entrañas de mi madre, / y para ti será siempre mi alabanza!”), aplica el comentario al Salmo 22.10-11 (“Tú me sacaste del seno materno, me protegiste al pecho de mi madre. / A ti me echaron desde el seno materno, desde el vientre materno tú eres mi Dios”): la intuición piadosa remite la acción de Dios desde el momento de la gestación en que la anticipación divina es una realidad irrefutable.
Conclusión
El
acompañamiento divino en todas las etapas de la vida se vuelve más anhelado en
los años avanzados de las personas, motivo por el cual la reflexión es más
honda y apunta hacia las lecciones existenciales de las Escrituras en aspectos
tan puntuales como éste.
El
salmista contempla a los enemigos junto a él, y al momento los olvida, para
pasar a la alabanza; se siente envejecer y teme ser abandonado, pero la
esperanza le habla luego de un renovarse de sus fuerzas y de una vida
indefinida. Al evocar la larga carrera de su vida, ve en ella la aflicción y
los pesares, pero descubre, al mismo tiempo, que el Dios en quien esperó desde
la infancia, le mostró tantos favores, que ni sabría enumerarlos. Este Dios
providente le dará de nuevo vida, le concederá mirar a los impíos confundidos,
y él cantará sus alabanzas para las generaciones venideras.[6]
[1] “Estadísticas
a propósito del Día Internacional de las Personas Adultas Mayores”, en
Comunicado de prensa, 30 de septiembre de 2022, www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2022/EAP_ADULMAY2022.pdf.
[2] Henri
Cazelles, Instituciones del Antiguo Testamento. Barcelona, Herder, 1976,
p. 110.
[3] Ibid.,
pp. 217-218. Cf. “Qué dice la Biblia
sobre las canas”, en www.biblia.work/articulos/que-dice-la-biblia-sobre-las-canas/.
Este artículo resume su tema en tres puntos: Las canas son un recordatorio de
la fidelidad de Dios, la imagen de una vida bien vivida y un signo de sabiduría.
[4] Hans-Joachim
Kraus, Los Salmos. II. Salmos 60-150. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1995,
p. 115.
[5] Ibid., p. 113.
[6] Ángel González, El libro de los Salmos. Barcelona, Herder, 1984,
pp. 323-324.
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