1 de diciembre, 2024
Pero, al llegar el momento cumbre de la historia [pléroma tou kronou], Dios envió a su Hijo, nacido [genómenon] de mujer, nacido [genómenon] bajo el régimen de la ley, para liberarnos del yugo de la ley y alcanzarnos la condición de hijos adoptivos de Dios.
Gálatas 4.4-5, La Palabra (Hispanoamérica)
Se trata de la solidaridad máxima de Dios en su Hijo, quien asume la historia en toda su dimensión humana: nacido de mujer y bajo la ley. La liberación acontece desde abajo: consiste en abolir la esclavitud de la ley y de todo otro sistema esclavizante, convirtiendo a los esclavos y esclavas en hijos e hijas llamados a vivir en libertad.[1]
Elsa Tamez
Trasfondo
Estamos nuevamente en tiempo de Adviento, a punto de experimentar una
vez más la alegría de la intervención directa de Dios mediante el nacimiento de
su Hijo en el mundo. Esta gran acción divina se ha identificado con la imagen
de la luz que viene al mundo a iluminar su oscuridad. Nada más exacto: la
historia de la salvación es el proceso por medio del cual Dios ha manifestado
históricamente su presencia en el mundo. La frase del filósofo griego,
modificada por el teólogo Karl Barth, lo expresa maravillosamente: “Después de
que Dios mismo se hiciera hombre, el ser humano es la medida de todas las cosas”.[2]
Y es que en la Navidad celebramos el esfuerzo divino para entrar en la historia
y quedarse en ella. A partir de la primera Navidad, Dios se quedó
irremediablemente ligado al mundo: Dios se introdujo a sí mismo en el mundo
profano y se quedó en él voluntariamente. El Adviento
significa anticipar, preparar, anunciar la venida de quien viene a hacer nuevas
todas las cosas. Tal como se plantea desde el ámbito valdense italiano: “La
anticipación de la Navidad fortalece cada año nuestra confianza en que se nos
ha abierto una puerta a la gloria de Dios. ¿Conoces niños esperando algo? ¿La
llegada de invitados a una fiesta? ¿Los abuelos que podrían tocar el timbre en
cualquier momento? Los niños preguntan constantemente ¿cuánto falta más? Si
eres consciente de su impaciente felicidad, habrás captado la atmósfera del
Adviento. Las semanas previas a Navidad son semanas de espera. Esperamos con
impaciencia, pero al mismo tiempo llenos de alegría, la llegada de Nuestro
Señor, celebrada simbólicamente en la celebración navideña”.[3]
“El Adviento es hacer conciencia de que Dios está con nosotros” (Sarah Mae
Gabuyo, reverenda filipina).
La Navidad según
san Pablo
Dos de los cuatro evangelios narran los sucesos relacionados con el
nacimiento de Jesús. Nadie incluiría a San Pablo entre los “promotores” de la
fiesta navideña como tal, pero eso no significa que el apóstol de los gentiles
no tuviera en alta estima el hecho mismo de la encarnación del Hijo de Dios en
el mundo, aunque con una mirada sumamente crítica y aguda. Su percepción del
nacimiento de Jesús se enmarcaba en el contexto mayor de la historia de la
salvación y del esfuerzo divino por superar las limitaciones impuestas por una
interpretación de la Ley religiosa antigua, la cual, en vez de acercar a la
humanidad a las consecuencias de la salvación, la mantenía alejada debido a la
primacía de las prácticas rituales externas. “El pasaje más antiguo
del Nuevo Testamento sobre el nacimiento de Jesús se encuentra en la Epístola a
los Gálatas [4.4] […] Este es probablemente el momento cumbre de la Epístola,
en el que Pablo anuncia el cumplimiento de la salvación. Dios Padre interviene
en el curso de la historia con un acontecimiento extraordinario, pues ha
llegado la plenitud (en griego: ‘el llenado’) de los tiempos: el tiempo
mesiánico. Las épocas que precedieron a este punto de inflexión no son sólo un
período previo, sino un tiempo de preparación y expectación para el
cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento”.[4]
Pablo da el salto cósmico, histórico y existencial para situar el
nacimiento de Jesús como parte del proceso de superación de la ley, como
“cumplimiento del tiempo” (pléroma tou jronou: adentro del tiempo
cronológico, histórico), de la plenitud de los designios divinos, de la madurez
de la historia humana de salvación, pero sólo mediante la experiencia de vivir
bajo ella, previo “nacimiento de una mujer”. Como escribe Benjamín Hernández:
“Pablo no hace una narración anecdótica, sino una descripción teológica de las
implicaciones de los eventos que se dieron esa noche [“navideña”]”.
De este modo, el apóstol situaba la aparición de Jesús en la historia como parte del inicio de un nuevo eón, es decir, de la nueva etapa de relación de Dios con la humanidad y con la formación de un nuevo pueblo que dejara atrás la amarga, aunque enriquecedora experiencia de Israel. Para él, la Navidad vendría a ser algo así como la punta del iceberg del trabajo de Dios por traer a la luz una etapa de libertad y dignificación de la vida en medio de tantos signos de muerte. El nacimiento de Jesús no fue un hecho aislado sino que se colocó en el centro y la raíz de la consumación de la salvación.
El tiempo
maduro para Dios: “el momento cumbre de la historia” (4.4a)
Cuando Dios tuvo a bien asumir la forma humana en la persona de Jesús de
Nazaret, un hombre histórico sujeto a todas las situaciones del mundo, la
centralidad del cuerpo en el plan divino alcanzó una dimensión extraordinaria,
pues semejante acontecimiento abrió las puertas para plantear lo que en la
Revelación era un sueño remoto. Hablamos de la humanidad de Dios, pues
estrictamente hablando, el Creador de todas las cosas, asumía, por fin,
radicalmente, como nunca antes, la existencia histórica adentro del mundo.
Dios se situó en el mundo de una manera que podía redimirlo radicalmente para
convertirse en el espacio donde su Reino podría manifestarse plenamente. No
sería necesario, con ello, practicar una ruptura o un choque con las realidades
visibles para relacionarse con Él. Su voluntad redentora atravesaría
airosamente la aduana corporal para hacer visible su gloria mediante la persona
de alguien que revelaría su amor y justicia por igual.
Los peros de Pablo son sumamente aleccionadores: en Gál 3.23 a 4.7 hay cuatro de ellos, todos iluminadores y directos. “Pero antes de que viniese la fe” (3.23), referido a las condiciones de sometimiento a la ley; “pero venida la fe ya no estamos bajo ayo (paidagogos, 3.25), todavía en el plano de la época antigua, cuando el maestro todavía cree que puede enseñarnos mucho y no renuncia todavía a ser nuestro preceptor: es la etapa de la oscuridad. “Pero también digo: entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo”: la posposición de derechos hasta poder alcanzar la mayoría de edad. Finalmente, “pero cuando vino el cumplimiento del tiempo (4.4)”, cuando la historia estaba madura, por fin, para recibir al Hijo de Dios, no antes ni después, cuando la historia se había embarazado lo suficiente. Se cumplieron los tiempos, no el alineamiento de estrellas o planetas, en una coyuntura determinada, como si Dios se impacientara ante la arrogancia de los imperios, para que Dios mismo hiciera su aparición en la historia en la figura de un niño. “La plenitud del tiempo no depende de los hombres, sino exclusivamente de la decisión libre e inexplicable de Dios”.[5] “No se ha cumplido el plazo para que Dios intervenga, ni cuando lo pedía ‘el desarrollo de la humanidad logrado hasta un cierto punto» (de Wette), ni cuando la autoconciencia de la humanidad había llegado a la madurez (F. Chr. Baur), ni cuando la necesidad de redención se había hecho más acuciante (Sieffert), sino cuando plugo a Dios”.[6]
Nacido de
mujer, nacido bajo la ley
“Dios envió a su Hijo, nacido de mujer”, como cualquier persona común y
corriente, sin ningún aspaviento. Pablo desnuda de tal forma el evento de la
encarnación de Dios, para que los gálatas entendieran la manera en que Dios
mismo se enfrentó al predominio de la ley, el verdadero enemigo del plan de
Dios. “Cuando se colmó la medida, que él había estabalecido, cuando llegó ‘la
plenitud del tiempo’, el Hijo eterno de Dios se hizo hombre según la voluntad
del Padre; tomó carne de una mujer como cualquier hombre, y
como cualquier hombre se sometió a la ley. El Hijo preexistente de Dios, que
existía desde la eternidad, entró en la historia de una forma sencilla,
inadvertida por el gran mundo. La acción salvadora de Dios no es una
experiencia del alma a solas con Dios, sino que fue una historia ‘en el año
decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de
Judea (Lc 3.1)’”.[7]
“Nacido bajo la ley”: porque la ley es la matriz de las armas de la muerte, las armas de la oscuridad que intentan someter al mundo bajo sus argucias. Sólo que no se cuenta lo suficiente con que el espíritu paternal/maternal de Dios recurre a la sensibilidad y a la ternura para hacerse presente en el mundo y en la vida de cada persona para transmitir su sentido de familiaridad y apego. Nacer bajo la ley es estar bajo el signo de Caín, del pecado, de la injusticia. A Dios, en su Hijo, le hacía falta caminar bajo esa sombra, bajo esa carga que ahora se sigue experimentando en medio de las crisis.[8] Pero también está presente el enigma y la paradoja de la Ley, esa mirada omnipresente que todo lo juzga y que a él mismo no dejó de señalarlo como un proscrito por haberla obedecido íntegramente, porque finalmente el sueño divino se cumplió: hubo alguien que, históricamente, fue capaz de obedecerla a cabalidad, de principio a fin. Y fue ella quien lo mató luego de conseguirlo, luego de derrotarla y sustituirla como garantía de la acción de Dios en los sucesos de todos los días…
La segunda expresión que acentúa la
humillación es haber “nacido bajo una Ley” (en griego no hay artículo). Jesús
no es sólo un hombre entre los hombres, sino también un judío: está sometido a
la ley mosaica. Por eso vino en condición de esclavo: la situación del hombre
antes de la venida mesiánica, debida precisamente a la Ley (cf. Gál 4,5), es
decir, a una norma externa, a la que hay que someterse, obedecer, y que
conlleva incluso la pena de muerte. El Señor, perfectamente libre ante la Ley,
se sometió a ella, para ser en todo, excepto en el pecado, igual a nosotros.[9]
Conclusión
El propósito del nacimiento de Jesús, dice Pablo en otras palabras, es “redimir a los que estaban bajo la ley” (v. 5) y a través de un nuevo inicio (otro nacimiento, otra creación: II Co 5.17) sumarse a la nueva humanidad iniciada por Jesús como “segundo Adán” (Romanos). En el esquema salvífico paulino en Gálatas, esto sucede gracias a la adopción como hijos verdaderos, una figura jurídica que se impone sobre los lazos de sangre, pero que tiene el mismo valor, en lo que acaso sea uno de los más grandes logros de la ley humana y ahora divina:
Es decir, Pablo concluye
diciendo que esta madurez y responsabilidad de los hijos e hijas de Dios los conducirá
a la verdadera humanidad, a la verdadera libertad, propósito supremo de la
salvación en Cristo Jesús. De esta manera es posible que se cumpla la máxima
aspiración humana en el marco de la voluntad divina. Así es como la “Navidad”
alcanza sus objetivos específicos. “Ésta es la Navidad según Pablo. El Apóstol no habla
de cueva, ni de pesebre, ni de ángeles, ni de pastores; no menciona a María, ni
a José. No hay Belén, no se menciona la posada donde no había sitio; faltan
Herodes, los doctores de la Ley y los Magos. Sin embargo, existe lo esencial:
el nacimiento del Salvador en la carne para nuestra salvación”.[11]
[1] E. Tamez,
“Gálatas”, en A. Levoratti, dir, Comentario bíblico latinoamericano. Nuevo
Testamento. Estella, Verbo Divino, 2007, p. 914.
[2] K. Barth, Church
Dogmatics, III/2, pp.740s, 743s, cit. en K. Barth, “Culto político”, Instantes.
Textos para la reflexión. Maliaño, Sal Terrae, 2005, p. 108.
[3] Gesine
Traversari, “Adviento: el tiempo en que se abren las puertas”, en Chiesa Valdese, 27
de noviembre de 2024, https://chiesavaldese.org/avvento-il-tempo-in-cui-le-porte-si-aprono/.
Cf. Antoine Nouis, “Le temps de l’Avent pour les protestants”, en Regards
Protestants, 28 de noviembre de 2024, https://regardsprotestants.com/dossier/article/le-temps-de-lavent-pour-les-protestants/.
[4] “‘Nacido de
mujer, nacido bajo la Ley’: La Navidad según San Pablo”, en La Civiltá
Cattolica, 23 de diciembre de 2022, https://www.laciviltacattolica.es/2022/12/23/nacido-de-mujer-nacido-bajo-la-ley-la-navidad-segun-san-pablo/
[5] Carlos H.
Lenkensdorf, Comentario sobre la epístola a los Gálatas. México, El
Escudo, 1960, p. 72.
[6] Heinrich Schlier,
La carta a los Gálatas. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1975, p. 227, n.
224.
[7] Otto Kuss, Carta
a los Romanos. Cartas a los Corintios. Carta a los Gálatas. Barcelona,
Herder, 1976, pp. 429-430.
[8] “‘Nacido de
mujer, nacido bajo la Ley’: La Navidad según San Pablo”, en La Civiltá
Cattolica, 23 de diciembre de 2022, https://www.laciviltacattolica.es/2022/12/23/nacido-de-mujer-nacido-bajo-la-ley-la-navidad-segun-san-pablo/
[9] Ídem.
[10] F.F. Bruce,
Un comentario de la epístola a los Gálatas. Terrassa, CLIE, 2004 (Colección
teológica contemporánea, 7), p. 268. Énfasis agregado.
[11] “Nacido de mujer, nacido bajo la Ley…”; op. cit.

