9 de marzo, 2025
Dios fijó una ley permanente
para su pueblo Israel
y a nuestros abuelos les ordenó instruir en ella a sus hijos,
para que ellos, a su vez,
nos instruyeran a nosotros
y a las futuras generaciones
que todavía no han nacido
Salmo 78.5-6, Traducción en Lenguaje Actual
Trasfondo
La poesía épica celebró en la antigüedad las grandes hazañas de héroes humanos o divinos, según el caso. Los cantos que celebran esas gestas tenían como propósito avivar la llama de la admiración popular y establecerla en la memoria colectiva. Desde los títulos de las diversas epopeyas se plasmó esta intención por mantener en la conciencia de los pueblos las imágenes vivas de los actos heroicos relacionados con su surgimiento o consolidación. En la antigua Mesoamérica también se trabajó poéticamente el recuerdo de los grandes nombres como el de Quetzalcóatl. En el antiguo Israel se vivió el dilema de la elaboración de cantos épicos o epopeyas nacionales debido al origen peculiar de la nación. Es una “épica que reflexiona” (Karl Barth, KD, IV, 3, p. 59ss). En la memoria colectiva, el éxodo de Egipto se entendió más bien como una gesta de Yahvé, la divinidad liberadora, y todos los esfuerzos por canalizar los impulsos épicos estuvieron dirigidos a subrayar la forma en que este Dios consiguió el triunfo sobre la opresión, la esclavitud y la idolatría. Alrededor de la salida de las tribus hebreas al desierto, las acciones de Dios entraron a un circuito de recuerdo, celebración y alabanza que se extendió por todo el Antiguo Testamento.
La Ley fue establecida para instruir al pueblo de generación en generación (vv. 5-6)
La intención didáctica o
educativa de estos textos aparece con enorme claridad en las primeras palabras
del salmo 78 (vv. 1-4), adonde se manifiesta el propósito de enseñar al pueblo
que en todas las situaciones históricas ha habido un trato con Dios en las que
no siempre la comunidad de fe (comunidad nacional también) ha salido bien
librada. A continuación, se afirma la manera en que Dios “estableció testimonio
en Jacob” y “ley en Israel” (v. 5), a fin de que las nuevas generaciones
conectaran su fe y experiencia religiosa con las acciones liberadoras
originarias de Yahvé (vv. 6-7). La Ley es mucho más que los mandamientos y
prohibiciones, pues
Los mandamientos y normas
jurídicas son el desbordamiento de su voluntad de salvación que domina en
Israel. Por eso los mandamientos remiten a los acontecimientos fundacionales
del éxodo (Sal 81, 11). Los mandamientos de Yahvé se levantan sobre el signo de
su acción liberadora. Ellos son instrucciones para la libertad. La alegría que
este hecho desata resuena hasta en el tardío Sal 119. […]
…[es] la
bondadosa manifestación de la voluntad de Yahvé que sale al encuentro del
hombre, le traza un camino que no debe ser abandonado ni por la izquierda ni
por la derecha.[1]
Las normas fundamentales aquí son
la ley (“instrucción”) y el pacto (v. 10) que fue violado. “A diferencia de
otras presentaciones de los bruta facta [hechos brutos] de la acción salvífica
de Dios en una confesión de fe o en un himno, los deuteronomistas y las
personas influidas por ellos no conocen más que la tradición histórica esbozada
a base de la torá, interpretada didácticamente, y trasladada al mismo
tiempo a la realidad actual Esta trasmisión tiene sus raíces en la ‘proclamación
levítica didáctica’”.[2] Este
vocabulario procedente del Deuteronomio explica bastante el tono pedagógico de
esta parte del salmo y conduce a comprender adecuadamente la forma en que se
expone cómo el pueblo desobedeció la Ley como instrucción y, por consecuencia,
se alejó del pacto. “La enseñanza y la exhortación, más aún, la advertencia,
queda integrada en la exposición de la historia gracias al carácter vinculante
actual de la ley y del pacto. La historia de los encuentros entre Yahvé y su
pueblo se convierte en un espejo que refleja la conducta ante el orden de
salvación de la berit y ante el señorío y la obediencia debida a la torá”.[3] Lo ideal
era que cada generación aprendiera a obedecer los mandamientos (v. 7).
Prevenir la rebeldía y la desobediencia (vv. 7-8)
La culpabilidad del pueblo y de los dirigentes, en los diversos episodios históricos, especialmente durante la caminata por el desierto, aflora inmediatamente en el pórtico de este poema y el lenguaje profético se hace sentir intensamente, al referirse a las desobediencias antiguas. “Generación contumaz y rebelde;/ Generación que no dispuso su corazón, / Ni fue fiel para con Dios su espíritu” (v. 8). Inmediatamente después se valora la rebeldía de los tiempos pasados y se ejercita la autocrítica: “El poeta ve en la historia dimensiones de escarmientos y de gracias, y trata de hacerlas comprender a su generación, para que no sean rebeldes como sus antepasados. El autor está entrenado en la teología de la alianza y en el espíritu del Deuteronomio, y sigue sus esquemas para actualizar la historia y convertirla en luz para el presente”.[4] No podía haber ninguna sombra de triunfalismo ante las evidencias históricas de la conducta del pueblo:
Si alguien sospechara que Israel se sobrevaloró en híbrida arrogancia religiosa, debería tener presente el hecho y en qué medida se afirma una y otra vez que la palabra de Yahvé se dirige también contra Israel constantemente y que la historia de Dios con su pueblo fue también una historia contra su autorrealización religiosa y política. La suma de esta experiencia y conocimiento aparece en Sal 78 y se perfila en la mayoría de los “salmos de historia”. En ellos termina toda jactancia y resuena la glorificación de la fidelidad de Yahvé que rompió toda resistencia y voluntad contraria, toda caída y desobediencia a fin de introducir a su pueblo en su destino auténtico, el de ser pueblo de Yahvé, primogénito entre las naciones, portador de todas las promesas, camino y portón de la venida de Dios al mundo.[5]
Una y otra vez el pueblo incurrió en la desobediencia de la Ley por lo que siempre fue llamado a arrepentirse y a hacer penitencia. Cada generación tenía la obligación de redescubrir la grandeza y la importancia de los mandamientos para poder vivir sanamente delante de Dios. Por ello debía aprender a prevenir los ramalazos del juicio divino mediante una buena comprensión de los estatutos divinos.
Conclusión. Lecciones de la historia para el nuevo
trato con Dios desde la obediencia de la Ley
Mientras el pueblo estuvo
unificado y cuando se dividió, la búsqueda de obediencia de las leyes divinas
estuvo marcada por una expresión honesta de lo que los pensadores religiosos
elaboraron para procesar el juicio y el castigo. Hoy más que nunca se sigue
necesitando un diáfano entendimiento de lo que es la Ley: “Tal como se articula
para y por Moisés, la tradición del mandamiento pretende colocar la vida de
Israel bajo el gobierno de Yahvé. La vida de Israel ha de consistir en poner
todas las facetas de su existencia bajo la dirección de Yahvé, rechazando por
tanto la autoridad y las reivindicaciones de cualquier otro dios o de cualquier
otra lealtad. […] Dado que Yahvé es el soberano, no hay laxitud, deslices o
regateos. […] Un segundo aspecto de la Torá con frecuencia ha pasado
inadvertido en la tradición cristiana, lo que ha determinado la reducción de la
Torá a ‘ley’. Este segundo aspecto, que es igualmente constitutivo en Israel,
es que […] también implica guía, instrucción y educación, un proceso de exploración
e imaginación que no puede incluirse burdamente bajo la obediencia”.[6]
Ejemplo de análisis histórico específico a la luz del Salmo 78.5-8
1. ¿Cuántas planes o programas de estudio de la Biblia se han elaborado durante este medio siglo y cómo se han desarrollado?
2. ¿Cómo evaluamos los procesos
educativos de enseñanza del mensaje bíblico durante estos 50 años?
3. ¿Qué testimonio pueden dar los/as
expositores/as de la enseñanza bíblica y quienes la han recibido?
4. ¿Estaríamos dispuestos a
someternos a una evaluación (interna o externa) acerca del grado de
conocimiento bíblico con que cuenta la Iglesia de El Dorado?
[1] Hans-Joachim Kraus, Teología de los salmos. Salamanca, Ediciones
Sígueme, 1985 (Biblioteca de estudios bíblicos, 52), pp. 67, 217.
[2] H.-J. Kraus, Salmos I. 60-150. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1995, p. 187.
[3] Ídem.
[4] Ángel González, El libro de los Salmos.
Barcelona, Herder, 1966, p. 363.
[5] H.-J. Kraus, Teología..., pp. 78-79. Énfasis
agregado.
[6] Walter Brueggemann, Teología del Antiguo Testamento.
Un juicio a Yahvé. Salamanca, Ediciones Sígueme, 2007. p. 613.
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