sábado, 15 de marzo de 2025

Un pueblo contradictorio ante el designio divino (Salmo 78.17-20), Pbro. L. Cervantes-Ortiz

16 de marzo, 2025

Pero nuestros abuelos

volvieron a pecar contra Dios:

¡en pleno desierto se pusieron

en contra del Dios altísmo!

Salmo 78.17, Traducción en Lenguaje Actual

 

Trasfondo

Como parte de la historia de la salvación que desembocó en Jesucristo, el pueblo de Dios debía valorar suficientemente su comportamiento delante del Señor para que de ese modo comprendiese el plan que Él tenía de hacerse presente en el mundo. El Salmo 78 retoma las observaciones acerca de la reacción del pueblo ante lo que Dios estaba haciendo en medio de ellos. El v. 12 inicia la exposición histórica con el recuerdo de lo sucedido en la salida de Egipto y cómo Dios acompañaba al pueblo de día y de noche con señales visibles (14), y cómo les dio agua milagrosamente para calmar su sed en el desierto (15-16): “La tradición de Éx 17.6 se describe también en sus efectos, cuando la abundancia del manantial se compara con los ‘océanos primordiales’, las aguas primigenias que henchían el universo. De la peña del desierto brotan ‘arroyos’”.[1] No obstante, el escenario es el que comenzó a plantearse desde el v. 8, adonde se habla de la rebeldía y desobediencia del pueblo. La plataforma autocrítica para hablar de la actitud del pueblo está colocada para avanzar en la interpretación de la historia. 

Dudar de Dios y ponerlo a prueba (vv. 17-18)

“La reacción ante esos milagros en Egipto y en el desierto se resume en el v. 17 con la siguiente afirmación: ‘Ellos seguían pecando contra él’. Estas palabras se refieren a una actitud permanente de los padres (v. 12). La trasgresión de la berit fundamental (v. 10s) se manifiesta en los continuados yerros que despiertan la cólera de Dios. La respuesta a los milagros de Yahvé es ese hacer caso omiso, ese errar en la actitud debida: ese estar irritando constantemente al ‘Altísimo’. Elyon es una denominación de Dios enraizada en la tradición cultual de Jerusalén, y que expresa la soberana perfección del poder divino”.[2] La “actitud permanente” del pueblo era el problema, es decir, la falta de arraigo en una fe firme, sostenida, capaz de estar dispuesta a ver las acciones de Dios. Las reminiscencias del éxodo eran la referencia principal para considerar la manera en que la fe del pueblo atesoraba la intervención divina liberadora en tiempos en los que la nación de comenzó a forjar al calor de la revelación divina. Ese gran acontecimiento estaba grabado en la memoria espiritual y social del antiguo Israel, y era la base de toda la experiencia histórica que acumulaba los testimonios de lo que Dos había hecho a su favor.

“La salida de Egipto es el dato fundamental y primero de la elección. Israel no especuló acerca de la elección, sino que se refirió siempre al acontecimiento de la aproximación de Yahvé, que significaba liberación y salida”. Ése fue el equivalente de lo que sería siglos después la pascua de Jesús, el telón de fondo del sacramento que instituyó, con la sangre colocada en las puertas que afirmó la pertenencia de los hebreos al Dios vivo y verdadero incluso en la tierra de esclavitud, de la “casa de siervos”. Poner a prueba a Dios fue un enorme desatino que puso en tela de juicio el milagro de la libertad obtenida por causa de la necesidad de ser alimentados en el desierto, lo que no justificó su falta de sed. Toda comunidad tiene su Egipto, su desierto, su hambre y su sed (y su previsible rebeldía y desobediencia) en la historia para que, a partir de la precariedad (la famosa caseta de la Iglesia de El Dorado…) se pueda apreciar en su justa dimensión lo que Dios hizo, ha hecho y seguirá haciendo por ella. 

Poner en entredicho el poder divino (vv. 19-20)

“El cantor del Sal 78 renuncia al orden que previamente se había fijado en la tradición; no pretende enunciamos los hechos en su sucesión cronológica, sino que mediante transiciones originales combina las diversas tradiciones. Así, una reflexión acerca del pueblo que conduce al relato del maná figura inmediatamente después del milagro de la roca. Los que acaban de recibir milagrosamente agua para saciar su sed se sienten movidos por su avidez y tientan a Yahvé”.[3] Tentar a Dios fue la prueba máxima que enfrentó el pueblo al valorar de manera equivocada lo hecho por Él a su favor: Hablaron mal de Él y comenzaron a murmurar negativamente: “El contenido de esas palabras de tentación se condensa en la siguiente pregunta: ¿Será capaz Yahvé de hacer más por nosotros? ¿podrá proporcionarnos también pan y comida?”.[4] Estas dudas ponían en entredicho el poder del Señor para actuar sobre la vida natural y su capacidad para imponer su voluntad sobre la realidad, así fuera en contra de las leyes biológicas “Por consiguiente, ‘tentar a Dios’ significa: poner en duda su bondad y su perfecto poder mediante deseos provocadores y codiciosos (sobre la ‘tentación de Dios’, cf. Éx 17.2; Sal 95.9; 106.14; 1 Cor 10.9; Heb 3.9). Una característica de esas provocaciones es el menosprecio, la nula estima del milagro que se acaba de producir”.[5]

Si la función de esos actos sobrenaturales fue acrecentar la fe del pueblo, en ese momento ésta entró en crisis al dudar de que Yahvé fuera capaz de actuar. Por ello el Señor se indignó ante la incredulidad (21-22) pero aun así los sació con el alimento del cielo que envió (23-29). “Les cumplió, pues, su deseo” (29b). El poder del Señor se manifestó una vez más, pero hubo un elemento de juicio en la respuesta divina ante la tentación de que Dios fue objeto: “Aun estaba la comida en su boca. […] e hizo morir a los más robustos de ellos” (30b, 31b). 

Conclusión

Asumir los episodios de incredulidad del pueblo de Dios es parte del reconocimiento histórico de lo que éste ha si y cómo ha actuado al servicio del Señor. Dar testimonio de la obra de Dios en la vida de una comunidad de fe es parte de la tarea de transmisión del mensaje bíblico. Lo que se denomina “evangelización” es una tarea que implica a todos los integrantes de la comunidad. Incluso definir adecuadamente que es la misión y qué la evangelización implica comprender adecuadamente la historia de salvación que desemboca en Jesucristo. Es preciso trazar la continuidad del pueblo de Dios desde la antigüedad hasta el tiempo presente para encontrar las constantes y las variaciones en la conducta del pueblo y de la iglesia de hoy. En ese sentido, podríamos tratar de responder algunas preguntas más específicas al respecto:

 

1. ¿Tenemos bien claras las diferencias entre misión y evangelización? ¿Cómo se relacionan entre sí?

2. ¿Qué modelos de evangelización han sido los más utilizados y cuáles son sus pros y contras?: ¿el masivo, el individual, las células familiares, el activismo social y de servicio?

3. ¿Nuestra tarea de misión y evangelización toma en cuenta los cambios acontecidos en las últimas décadas?



[1] H.-J. Kraus, Salmos I. 60-150. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1995, p. 187.

[2] Ídem. Énfasis agregado.

[3] Ídem.

[4] Ibid., énfasis agregado.

[5] Ídem.

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