16 de marzo, 2025
Pero nuestros abuelos
volvieron a pecar contra Dios:
¡en pleno desierto se pusieron
en contra del Dios altísmo!
Salmo 78.17, Traducción en Lenguaje Actual
Trasfondo
Como parte de la historia de la
salvación que desembocó en Jesucristo, el pueblo de Dios debía valorar
suficientemente su comportamiento delante del Señor para que de ese modo
comprendiese el plan que Él tenía de hacerse presente en el mundo. El Salmo 78
retoma las observaciones acerca de la reacción del pueblo ante lo que Dios
estaba haciendo en medio de ellos. El v. 12 inicia la exposición histórica con
el recuerdo de lo sucedido en la salida de Egipto y cómo Dios acompañaba al
pueblo de día y de noche con señales visibles (14), y cómo les dio agua
milagrosamente para calmar su sed en el desierto (15-16): “La tradición de Éx
17.6 se describe también en sus efectos, cuando la abundancia del manantial se
compara con los ‘océanos primordiales’, las aguas primigenias que henchían el
universo. De la peña del desierto brotan ‘arroyos’”.[1] No
obstante, el escenario es el que comenzó a plantearse desde el v. 8, adonde se
habla de la rebeldía y desobediencia del pueblo. La plataforma autocrítica para
hablar de la actitud del pueblo está colocada para avanzar en la interpretación
de la historia.
Dudar de Dios y ponerlo a prueba (vv. 17-18)
“La reacción ante esos milagros
en Egipto y en el desierto se resume en el v. 17 con la siguiente afirmación: ‘Ellos
seguían pecando contra él’. Estas palabras se refieren a una actitud permanente
de los padres (v. 12). La trasgresión de la berit fundamental (v. 10s)
se manifiesta en los continuados yerros que despiertan la cólera de Dios. La
respuesta a los milagros de Yahvé es ese hacer caso omiso, ese errar en la
actitud debida: ese estar irritando constantemente al ‘Altísimo’. Elyon es una denominación de Dios enraizada en la tradición cultual de Jerusalén, y
que expresa la soberana perfección del poder divino”.[2] La “actitud
permanente” del pueblo era el problema, es decir, la falta de arraigo en una fe
firme, sostenida, capaz de estar dispuesta a ver las acciones de Dios. Las
reminiscencias del éxodo eran la referencia principal para considerar la manera
en que la fe del pueblo atesoraba la intervención divina liberadora en tiempos
en los que la nación de comenzó a forjar al calor de la revelación divina. Ese gran
acontecimiento estaba grabado en la memoria espiritual y social del antiguo
Israel, y era la base de toda la experiencia histórica que acumulaba los
testimonios de lo que Dos había hecho a su favor.
“La salida de Egipto es el dato fundamental y primero de la elección.
Israel no especuló acerca de la elección, sino que se refirió siempre al acontecimiento
de la aproximación de Yahvé, que significaba liberación y salida”. Ése fue
el equivalente de lo que sería siglos después la pascua de Jesús, el telón de
fondo del sacramento que instituyó, con la sangre colocada en las puertas que afirmó
la pertenencia de los hebreos al Dios vivo y verdadero incluso en la tierra de
esclavitud, de la “casa de siervos”. Poner a prueba a Dios fue un enorme
desatino que puso en tela de juicio el milagro de la libertad obtenida por
causa de la necesidad de ser alimentados en el desierto, lo que no justificó su
falta de sed. Toda comunidad tiene su Egipto, su desierto, su hambre
y su sed (y su previsible rebeldía y desobediencia) en la historia para
que, a partir de la precariedad (la famosa caseta de la Iglesia de El Dorado…) se
pueda apreciar en su justa dimensión lo que Dios hizo, ha hecho y seguirá
haciendo por ella.
Poner en entredicho el poder divino (vv. 19-20)
“El cantor del Sal 78 renuncia al
orden que previamente se había fijado en la tradición; no pretende enunciamos
los hechos en su sucesión cronológica, sino que mediante transiciones
originales combina las diversas tradiciones. Así, una reflexión acerca del pueblo
que conduce al relato del maná figura inmediatamente después del milagro de la
roca. Los que acaban de recibir milagrosamente agua para saciar su sed se
sienten movidos por su avidez y tientan a Yahvé”.[3] Tentar a
Dios fue la prueba máxima que enfrentó el pueblo al valorar de manera
equivocada lo hecho por Él a su favor: Hablaron mal de Él y comenzaron a
murmurar negativamente: “El contenido de esas palabras de tentación se condensa
en la siguiente pregunta: ¿Será capaz Yahvé de hacer más por nosotros?
¿podrá proporcionarnos también pan y comida?”.[4] Estas dudas
ponían en entredicho el poder del Señor para actuar sobre la vida natural y su
capacidad para imponer su voluntad sobre la realidad, así fuera en contra de
las leyes biológicas “Por consiguiente, ‘tentar a Dios’ significa: poner en
duda su bondad y su perfecto poder mediante deseos provocadores y codiciosos
(sobre la ‘tentación de Dios’, cf. Éx 17.2; Sal 95.9; 106.14; 1 Cor 10.9; Heb 3.9).
Una característica de esas provocaciones es el menosprecio, la nula estima del
milagro que se acaba de producir”.[5]
Si la función de esos actos sobrenaturales fue acrecentar la fe del pueblo, en ese momento ésta entró en crisis al dudar de que Yahvé fuera capaz de actuar. Por ello el Señor se indignó ante la incredulidad (21-22) pero aun así los sació con el alimento del cielo que envió (23-29). “Les cumplió, pues, su deseo” (29b). El poder del Señor se manifestó una vez más, pero hubo un elemento de juicio en la respuesta divina ante la tentación de que Dios fue objeto: “Aun estaba la comida en su boca. […] e hizo morir a los más robustos de ellos” (30b, 31b).
Conclusión
Asumir los episodios de
incredulidad del pueblo de Dios es parte del reconocimiento histórico de lo que
éste ha si y cómo ha actuado al servicio del Señor. Dar testimonio de la obra
de Dios en la vida de una comunidad de fe es parte de la tarea de transmisión
del mensaje bíblico. Lo que se denomina “evangelización” es una tarea que
implica a todos los integrantes de la comunidad. Incluso definir adecuadamente
que es la misión y qué la evangelización implica comprender adecuadamente la
historia de salvación que desemboca en Jesucristo. Es preciso trazar la continuidad
del pueblo de Dios desde la antigüedad hasta el tiempo presente para encontrar
las constantes y las variaciones en la conducta del pueblo y de la iglesia de
hoy. En ese sentido, podríamos tratar de responder algunas preguntas más
específicas al respecto:
1. ¿Tenemos bien claras las diferencias
entre misión y evangelización? ¿Cómo se relacionan entre sí?
2. ¿Qué modelos de evangelización
han sido los más utilizados y cuáles son sus pros y contras?: ¿el masivo, el
individual, las células familiares, el activismo social y de servicio?
3. ¿Nuestra tarea de misión y
evangelización toma en cuenta los cambios acontecidos en las últimas décadas?
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