viernes, 26 de septiembre de 2025

Practicar el fruto del Espíritu en libertad total (Gálatas 5.19-26), Pbro. L. Cervantes-Ortiz

28 de septiembre, 2025 

En cambio, el Espíritu de Dios nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos. No hay ley que esté en contra de todo esto.

Gálatas 5.22-23, Traducción en Lenguaje Actual

 

Trasfondo

El cierre de Gálatas 5 es una celebración de la obra del Espíritu de libertad en la vida de los creyentes. Es, también, una sólida exhortación a experimentar esa libertad de manera continua y a practicar el fruto de esa libertad en todas las áreas de la existencia. Como bien escribió Karl Lenkersdorf al comentar las palabras inmediatamente anteriores al v. 19: “Quien se deja guiar por el Espíritu no está bajo la ley. El versículo corresponde al v. 16: el estar bajo la ley es idéntico con el cumplir la codicia de la carne, porque la ley provoca la codicia carnal (Ro 7.7), sea transgrediéndola o cumpliéndola (Ro 10.3); pero el Espíritu de Cristo guía al servicio de los unos a los otros. Así la ley, cumpliéndose conforme a su verdadero propósito se manifiesta como la voluntad de Dios”.[1] El apóstol Pablo concluye esta sección aterrizando claramente las diversas dimensiones de la libertad cristiana como acción directa y permanente del Espíritu Santo. Esa libertad se desdoblará en el fruto del Espíritu que cada persona y comunidad desarrolle en su vida.

 

La libertad contraria al Espíritu (vv. 19-21)

El “catálogo” de antivirtudes que aparece aquí (¡17 en total!) va a servir para contrastar de manera específica los frutos de las acciones de la carne, que contrariamente a los que produce el Espíritu de libertad, manifiestan una radical oposición al designio divino. Todas ellas forman parte del ejercicio de una forma de libertad que entra más bien en el esquema del libertinaje humano, el cual no es más que una clara deformación de lo que es la verdadera libertad. Evidentemente, Pablo no quiso ofrecer una lista exhaustiva de todas las “obras de la carne” (19a) pues le bastó con una mediana selección de vicios que las manifiestan. Ésta, para él, puede reinar también “en el hombre por medio de las obras requeridas por la ley, lo que Pablo había aclarado”.[2] Varias de estas antivirtudes atentan contra la misma persona que los practica (adulterio, fornicación, lascivia, borracheras), otros son de abierta desobediencia a los mandamientos del Señor (idolatría, hechicerías), otros afectan directa o indirectamente al prójimo (enemistades, pleitos, iras, contiendas, homicidios, envidia, disensiones) y no se dejan de mencionar las desviaciones doctrinales (herejías). En todos está en juego un mal uso de la libertad de decisión y práctica para dejarse dominar por acciones contrarias a la voluntad de Dios.

“La nueva identidad de quienes están en Cristo demanda manifestaciones concretas de hijos e hijas libres. La libertad es un don que se manifiesta frente a Dios y a la sociedad. Por eso en esta sección Pablo exhorta y aconseja a los gálatas sobre cómo vivir una ética responsable. Él contrapone ‘carne’ y ‘espíritu’ como dos fuerzas opuestas”.[3] Se trata, pues, de tomar distancia de todas estas acciones que son contrarias a la libertad del Espíritu y de manifestar plenamente la superioridad de la libertad que Jesucristo otorga a sus seguidores. La muestra de prácticas de libertad contraria evidencia la importancia de la libertad recibida del Señor.


El fruto del Espíritu de libertad (vv. 22-26)

Por el contrario, el fruto plural del Espíritu despliega la libertad cristiana como una nueva y auténtica forma de vida. A la desatada ética convencional de judíos y griegos del mundo helenístico, Pablo opone este fruto encabezado, como no podía ser de otra forma, por el amor. A él le siguen otras ocho virtudes, el gozo, la paz, la paciencia, la mansedumbre y, sobre todo la templanza, es decir, la posibilidad de autocontrolar la libertad recibida (v. 23a), en el mismo tenor de I Corintios 10.23: “Todo me está permitido, pero no todo es provechoso; todo me está permitido, pero no todo edifica”. El creyente ahora puede emplearse a fondo para discernir adecuadamente entre lo que proviene del Espíritu y lo que no: “Aunque las tendencias de la carne no desaparecen en los seres humanos, Pablo recuerda que la carne con sus deseos ha sido crucificada junto con Cristo [v. 24]. Posiblemente aluda al bautismo, pues en el bautismo el yo es crucificado para que muera al pecado y viva para Dios”.[4]

No hay que espantarse ante las dimensiones de semejante don, la libertad plena que viene de Jesucristo, el Señor, más bien hay que servirse de su Espíritu para disfrutarla poniéndola por obra en un mundo que se solaza en recordar a sus seguidores que el riesgo de recaer en el libertinaje, “en la carne”, enemiga de la libertad verdadera, es permanente. “El Espíritu prevalecerá frente al poder de la carne, si el creyente es dócil a sus impulsos e inspiraciones (v. 25)”.[5]

 

Conclusión

La exhortación final (v. 26: “No seamos orgullosos, ni provoquemos el enojo y la envidia de los demás por creernos mejores que ellos”) que se extiende hasta 6.10 es una serie de consejos concretos para la comunidad expresados con frases y proverbios comunes a las culturas judía y helenista. Es bueno recordar que: “Las primeras comunidades cristianas que vivieron en suelo helenístico poseían un lema impresionante; rezaba así: ‘Aquí está el Espíritu y la Libertad’. En esta divisa quedan anuladas todas las diferencias humanas: las diferencias religiosas, políticas, sociales, e incluso las que se ha venido en llamar diferencias naturales”.[6] Nuevamente en consonancia con otra gran afirmación paulina: “Donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad” (II Corintios 3.18). Apeguémonos a esa consigna para que presida todo lo que hagamos, pensemos y planeemos al momento de contribuir a la extensión del Reino de Dios.



[1] Carlos Lenkersdorf, Comentario sobre la epístola a los Gálatas. México, El Escudo, 1960, p. 102.

[2] Ídem.

[3] Elsa Tamez, “Carta a los gálatas”, en Comentario bíblico latinoamericano. Nuevo Testamento. Estella, Verbo Divino, 2015, p. 917. Énfasis agregado.

[4] Ídem.

[5] Ídem.

[6] Jürgen Moltmann, “El cristianismo como religión de libertad”, en Convivium, núm. 26, 1968, pp. 45-46, https://raco.cat/index.php/Convivium/article/view/76338/98937.

sábado, 20 de septiembre de 2025

"Canas de honor": el peso bíblico de las/os mayores (Levítico 19.30-34), Pbro. Raúl Méndez Yáñez

21 de junio, 2025

INTRODUCCIÓN: EL CASTILLO DE CHUCHURUMBEL

 

·         Este es el Castillo de Chuchurumbel.

·         Esta es la puerta del Castillo de Chuchurumbel.

·         Esta es la cerradura que protege la puerta del Castillo de Chuchurumbel.

·         Esta es la llave que abre la cerradura que protege la puerta del Castillo de Chuchurumbel.

·         Esta es la cuerda que ata la llave que abre la cerradura que protege la puerta del Castillo de Chuchurumbel.

·         Este es el ratón que royó la cuerda que ata la llave que abre la cerradura que protege la puerta del Castillo de Chuchurumbel […]. 

Este canto infantil, probablemente de origen gitano, llamado “El Castillo de Chuchurumbel” nos va a permitir comprender el valor y la importancia de las personas mayores en el libro de Levítico. Lo hará porque jugando este juego damos de lleno con el corazón mismo de este libro bíblico.

Históricamente, como se ha discutido en las clases de Escuela Dominical con el pastor, el libro de Levítico ha sido leído de forma muy legalista. Y eso provoca que sea quizá el libro bíblico menos favorito de nadie. Y es que nadie quiere acercarse a un texto donde como dice el reverendo Alegría de Los Simpson, ¡hasta ir al baño es impureza y pecado! (Lv. 15:1-18). ¿Quién va a querer leer un libro que te va a decir que Dios se va a enojar contigo hasta por el barrito que te salió en la cara (Lv. 13:1-2) o que te castigará si comiste unos tacos de chamorro (Lv. 11:7) con salsita toda picosa, tortillas bien calientitas y un Boing de mango? (Es que, Dios, ¡con las carnitas, no!) Pero ¿es Levítico una especie de Código Penal de la Ciudad de México?  ¡No!... y pongan atención.

Las “leyes” de Levítico, sobre la lepra, sobre los rituales de sacrificios, sobre lo que se puede o no comer, no son “artículos” legales, son principios de vida. No son reglas abstractas, son el código secreto de cómo funciona la Creación. Por decirlo así, para los antiguos hebreos el libro de Levítico no forma parte del área de Derecho, sino de Astronomía. Un experto en Levítico no sería un abogado famoso, sino más bien alguien como Julieta Fierro, astrónoma mexicana recientemente fallecida esta semana que tenía el talento de explicar las rutas cósmicas a niños y a adultos. Porque Levítico es un mapa de la Creación de Dios. No comer animales que rumian, pero no tienen la pezuña hendida, no es una “ley” jurídica, es una forma de cuidar el orden del universo. Levítico no busca el cumplimiento de leyes abstractas, en cada rincón de este texto, se defiende la vida, se preserva la Creación, se protege a los débiles y se busca la justicia. A ese conjunto de acciones Levítico le llama santidad.

Hoy estamos aquí para honrar a los ancianos. A nuestro Grupo Maranatha. Reconocer su valentía. La valentía de testificar del poder de Dios en el mundo actual, donde las personas mayores son invisibilizadas, y donde se privilegia la “juventud” como sinónimo de éxito y felicidad. La Palabra de Dios y en concreto el libro de Levítico nos hablan de un modo muy distinto, nos dicen que llegar a una edad avanzada es el verdadero éxito, y tener recuerdos de una vida de bendiciones es la verdadera felicidad. Y aún más. Levítico, en ese universo sagrado que expone, nos mostrará que las canas son la corona con la que Dios honra a quienes más ama. Y para eso es que estamos jugando al Castillo de Chuchurumbel.

 

I.                     EL ALTAR DE LOS HIJOS DE AARÓN

¿A quién no le pasó? Cuando nos decidimos a leer por primera vez la Biblia “de tapa a tapa” comenzamos con Génesis ¡y es extraordinario! Los poderes cósmicos en juego, los monstruos marinos, el bello e idílico Jardín del Edén. Nos mantenemos al borde de la emoción viendo a Eva probar del fruto, odiamos a la terrible Serpiente, nos llenamos de compasión por Adán todo espantado cuando Dios lo descubre y castiga, solo para darnos cuenta de que nosotros mismos somos Adán. Nos llenamos de enojo y horror al leer el crimen de Caín contra su hermano Abel. Vivimos una épica de aventura con el Diluvio, y nos reímos con el capítulo cómico de la Torre de Babel donde Dios le da su merecido a unos orgullosos humanos. Luego, ¡silencio! “Ya comenzó mi novela”. Vienen todas las historias de los patriarcas, las aventuras y desventuras de Abraham y Sara, el horror y angustia se apodera de nosotros al ver a Abraham levantando el cuchillo sobre su hijo Isaac, y luego lloramos de alegría y amor cuando leemos ese bellísimo capítulo de cómo aquel joven se enamora de Rebeca. No paran las risas con todas las tretas de Jacob y sus peripecias románticas. Cerramos Génesis dejando caer lágrimas de los ojos cuando vemos al Administrador de Egipto quitarse el disfraz del poder para decirle a esos angustiados hebreos, “Yo soy José, vuestro hermano que vendisteis a Egipto” (Gn 45:4). Luego llega el drama, las persecuciones y los milagros del Éxodo, el Mar Rojo se abre ante nuestros ojos. Nos llenamos de reverencia ante el humeante Sinaí y el estruendo de la voz divina dando sus Mandamientos. Luego viene un cierre del libro de Éxodo cargado de leyes civiles e instrucciones de cómo vestir a los sacerdotes; se pierde un poco el ritmo de aventura. Llegando a Levítico esperamos una nueva historia, pero ¿con qué nos encontramos? Con sangre, vísceras, muchas llegas y pelos sobre las heridas…  

O bien, nos encontramos textos tan abrumadoramente aburridos como este: “… los hijos del sacerdote Aarón pondrán fuego sobre el altar, y compondrán la leña sobre el fuego.  Luego los sacerdotes hijos de Aarón acomodarán las piezas, la cabeza y la grosura de los intestinos, sobre la leña que está sobre el fuego que habrá encima del altar” (Lv 1:7b-8a).

Sin embargo, ¿realmente es un texto tan aburrido? Si lo leemos como manual de armado como si se tratase de una mesa de Ikea, sin duda es muy cansado. Pero si leemos este pasaje en clave del Castillo de Chuchurumbel quizá encontremos algo distinto.

 

·         Este es el sacerdote Aarón.

·         Estos son los hijos del sacerdote Aarón.

·         Este es el altar que preparan los hijos del sacerdote Aarón.

·         Este es el fuego que habrá encima del altar que preparan los hijos del sacerdote Aarón.

·         Esta es la leña que va sobre el fuego que habrá encima del altar que preparan los hijos del sacerdote Aarón.

·         Estas son las piezas (cabeza, grosura e intestinos) que están sobre la leña que va sobre el fuego que habrá encima del altar que preparan los hijos del sacerdote Aarón. 

Podemos notarlo. Hemos estado leyendo Levítico mal, por eso nos aburre, lo que creemos que es un pesado código penal es simple y llanamente, ¡una canción infantil! Levítico está escrito como si fuera una ronda para niños, porque su objetivo es que una y otra vez cantemos estas palabras, nos las aprendamos y podamos comprender que esta es la manera en que funciona la Creación de Dios: Las cosas van en su lugar, porque Dios las ha establecido. Y no hablamos solo de su lugar de acomodo físico, sino de su lugar creacional o cósmico. El altar de la ofrenda es en realidad un mapa del universo, la clave del conocimiento y sabiduría. Esa sabiduría que solo existe plenamente sobre la cabeza de los ancianos.  Este mandamiento sobre los altares, así como todo el libro de Levítico es un mapa para la vida. Vamos a explorarlo.

  

II.                   UN MAPA PARA LA VIDA

Las piezas de los animales tienen tres partes: intestinos, grosura y cabeza. A su vez el altar tiene tres partes superpuestas: La leña, encima el fuego, encima las piezas de los animales. Porque el altar pertenece a una de las tres partes del tabernáculo. Recordemos que el tabernáculo tenía tres divisiones: el Sanctosantorum o lugar santísimo donde estaba el Arca de la Alianza y donde solo podía entrar el Sumo Sacerdote, luego viene la parte central, el lugar santo donde entran los sacerdotes y precisamente donde está nuestro altar. Finalmente, a las afueras, estaba el atrio, con una fuente donde todo el pueblo acudía a lavarse. Esto es así porque el cuerpo de los animales, la composición del altar y la distribución del tabernáculo son un reflejo del Monte Sinaí que tenía tres partes. Primero la cima donde, como ocurre con el arca que está en el lugar Santísimo, la Shekhiná o presencia de Dios se manifiesta ante Moisés quien fungía como el sumo sacerdote. Luego estaba la parte central del cerro, donde Aarón y ancianos esperaban e intercedían por el pueblo, al igual que harán en el tabernáculo los sacerdotes en la parte central del lugar santo. Finalmente, a las faldas del Sinaí se aglomeró el resto del pueblo tal como lo hará posteriormente en los Atrios del tabernáculo.

¿Y por qué el Sinaí tiene tres partes? Porque Levítico es un libro de la Creación, nos conecta directamente con Génesis 1 donde Dios crea un mundo de tres partes: Primero los cielos donde están las estrellas, el sol, la luna y vuelan las aves y donde Dios mismo tiene su presencia, al igual que si fuera la cima del monte Sinaí o el lugar Santísimo del Tabernáculo; luego viene la parte intermedia de la tierra seca, donde caminan y viven cierto tipo de animales como las ovejas que son, efectivamente, animales que sirven para los sacrificios y holocaustos presentados por los sacerdotes en la zona intermedia del lugar santo. Finalmente, las partes bajas, las aguas. Recordemos que en los Atrios hay de hecho agua, una fuente para que el pueblo se lavara.

Pudiéramos con voz infantil cantar esta sabiduría ancestral:

 

·         Esta es la Creación de Dios.

·         Estos son los cielos de la Creación de Dios.

·         Esto es la tierra seca que está debajo de los cielos de la Creación de Dios

·         Estas son las aguas que están en lo profundo de la tierra seca que está debajo de los cielos de la creación de Dios. 

O ir más allá vinculando todas las escalas de este universo sagrado.

 

·         Este es Dios

·         Esta es la gloria de Dios

·         Estos son los cielos que cuentan la gloria de Dios.

·         Esta es la cima del Sinaí que toca los cielos que cuentan la gloria de Dios.

·         Este es Moisés que habita en la cima del Sinaí que toca los cielos que cuentan la gloria de Dios.

·         Este es el lugar santísimo indicado por Moisés quien habita en la cima del Sinaí que toca los cielos que cuentan la gloria de Dios.

·         Esta es el Arca de la Alianza que está es el lugar santísimo indicado por Moisés quien habita en la cima del Sinaí que toca los cielos que cuentan la gloria de Dios.

·         Esta es la gloria de Dios que se manifiesta sobre el Arca de la Alianza que está es el lugar santísimo indicado por Moisés quien habita en la cima del Sinaí que toca los cielos porque ellos también cuentan la gloria de Dios. 

Todo cuadra, o como dirían nuestros amigos chilenos, “todo calza, pollo”. Levítico no se reduce a un simple código legal, es el mapa del universo. Todo encaja con todo, es un modelo cósmico o creacional de cómo funciona el mundo. El privilegio de ver las cosas en su conjunto es el gran poder que tienen las personas mayores. No ven la hoja, por más que para ti sea una hoja importante, la única hoja a la que te aferras. La sabiduría de los años te permite ver el bosque.

 

III.                 UN UNIVERSO DE JUSTICIA

Existen actualmente diversos estereotipos sobre los adultos mayores que no son del todo precisos con la realidad. Por ejemplo, se suele pensar que las personas con más de 60 años son las más “conservadoras” y hasta “intolerantes” porque están aferrados al pasado y a los “valores antiguos”. Pero, en realidad, la oleada de conservadurismo que se vive en la actualidad no es promovida por los adultos mayores, ¡al contario! De manera lamentable y paradójica son los jóvenes quienes están al frente de los discursos de odio por todas partes. En el caso de México, los principales críticos de los apoyos sociales universales y las políticas de igualdad tienden a ser adultos de mediana edad de clase media y alta. En Argentina, el 70% de los jóvenes entre 16 y 24 años votó por el ultraconservador Javier Milei.

O hablemos de felicidad. Se supone que los jóvenes, con su salud y energía serían por mucho, más felices que los adultos mayores. Sin embargo, según la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (Enbiare) del Inegi, las  jóvenes entre 15 y 38 años tienen un cociente de satisfacción de vida 8.3 sobre 10, mientras que los mexicanos mayores de 60 años tienen una satisfacción de vida alta con 8.7. El nivel de felicidad de la generación joven se clasifica como “volátil”, en especial por al auge de estrés y ansiedad que reportan mientras que la felicidad de las personas mayores de 60 años es estable. A nivel de satisfacción social la de los jóvenes se tipifica como baja, con mucha incertidumbre y desconfianza, mientras que los adultos mayores tienen una satisfacción social moderada o alta.  Es una gran época para ser adulto mayor.

Es esta plenitud y sabiduría lo que en Levítico se honra de la vejez. Cuando se nos dice “delante de las canas de pondrás en pie”(Lev 19: 32) es en un momento clave del libro, el Capítulo 19. Este capítulo se encuentra custodiado por otros dos capítulos, el 18 y el 20, que tratan sobre pureza sexual y de las relaciones de parentesco. Por su parte, nuestro capítulo 19 es un pequeño tratado de justicia social. Aborda temas como la protección a los pobres “dejarás grano para el pobre y para el extranjero” (v. 9-10), la justicia económica y comercial, “balanzas justas, pesas justas… tendréis (v. 35-36), el arbitraje laboral, “no retendrás el salario del jornalero (v. 13). Ahora bien, si miramos los capítulos 18, 19 y 20, podemos encontrar en medio de esta sección el corazón mismo de Levítico en 19:2: “Sed santos como yo soy santo”.  Según Levítico, la santidad se corona con la justicia tanto íntima y privada como pública.

Sin embargo, prevalece el error común de creer que el término “qadosh” (קָדֹשׁ) que se traduce por santidad significa “apartado” Y se cree que ese “apartado” es alejado, aislado, enclaustrado como si de monjes se tratara. Sin embargo, no es un apartamiento físico, qadosh/santidad es apartado en el sentido de “dedicado” o “exclusivo”, no de aislarse. Al contrario, la verdadera santidad, como hemos dicho, solo se ejerce en acciones de justicia. Santidad es cuidar tanto a tu corazón como a tu prójimo.

Por eso los personajes clave de Levítico son las personas enfermas (Lev. 13-14), lesionadas (Lev. 24:19-20), las mujeres, en especial las mujeres en puerperio y menstruantes (Lev. 12 y 15). En Levítico se cuida a los débiles (Lev. 19:9-10), a los extranjeros (Lev. 19:33-34), a la viuda y a los huérfanos (Lev. 19:9-10), y muy especialmente a los animales vulnerables, mal calificados como “abominables” (Lev. 11:10). Levítico no es un código de leyes obsesivas por la pureza, es un himno de justicia creacional y cuidado de la vida.

Si el tema central de Levítico son las instrucciones sobre el tabernáculo y el altar, el corazón del libro reside en el capítulo 19 donde aparece explícitamente el mandato de santidad; a su vez, el corazón de este capítulo lo encontramos en el versículo 32: Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor. Yo Jehová.

 

IV.                EL ALTAR DE LOS JÓVENES

El verbo que en hebreo se usa para levantarse es taqum (תָּק֔וּם) lo cual no significa solo el movimiento de ponerse en pie. De hecho, es el mismo verbo utilizado para “levantar” un altar y para establecer un pacto. Cuando se habla de ponerse en pie delante de los ancianos usando el verbo taqum, se remite a la construcción de un altar y al establecimiento de un pacto. No es meramente estar de pie cuando hay un anciano presente, es mirar a nuestros mayores y decirles: “Estamos haciendo un pacto de honrar con nuestros actos la sabiduría que nos han transmitido”. 

Por tanto, terminemos en donde comenzamos: el altar. No puede ser de otro modo si estamos predicando sobre Levítico. Vimos que el altar es un mapa del universo, nos revela la estructura de la Creación de Dios. Hemos visto también que “ponerse de pie” o “levantarse” delante de las canas de los ancianos es una forma de levantar nuestro propio altar de compromiso como generación joven. Ahí está el misterio mayor de Levítico, lo que revela la sabiduría de los ancianos: El Pacto.

Todo el capítulo 19 de Levítico nos remite al capítulo 20 del Éxodo, un pacto, caracterizado en ambos casos por la fórmula “Yo soy el Señor su Dios” es una expresión que aparece en Éxodo 20:2, así como en 19.2. De hecho, nuestro capítulo termina con la misma expresión que aparece al inicio del Decálogo: Yo Jehová vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto (v. 36). Levítico 19 no es un capítulo de leyes jurídicas, es la anatomía del Pacto con el que Dios se relaciona con nosotros. Y la clave de este pacto, su corazón mismo, se descubre sutilmente por el verbo taqum / levantarse. Así como todo el libro de Levítico enseña cómo levantar altares que simbolicen el Pacto con Dios, así los jóvenes debemos levantarnos ante nuestros mayores, pactar delante de sus canas de que nosotros, como ellos lo hicieron antes que nosotros, también seremos el pueblo de Dios que velará por el cumplimiento de la justicia y de la santidad. 

CONCLUSIÓN: NOS LEVANTAMOS ANTE LOS ANCIANOS

En un célebre capítulo de la Dimensión Desconocida llamado “El bote pateado”, se nos muestra a un asilo de ancianos que reciben la visita de un misterioso visitante que se pone a jugar con ellos un juego que consiste en patear un bote en el jardín. Lo juegan durante toda la noche. Todos, salvo uno de los residentes que no desea infantilizarse. Quienes decidieron jugar de pronto traen a su memoria los recuerdos de su infancia y al amanecer, tras haber jugado toda la noche, ¡vuelven a ser niños! Excepto por el escéptico que decidió no jugar.

Quisiera que con este sermón, jugáramos al bote pateado. Por eso quise comenzar cantando la retahíla infantil del Castillo de Chuchurumbel para que podamos leer Levítico con ojos maduros, pero con corazón joven. Terminemos pues, nuestro sermón con una ronda más. Acompáñenme, pero primero quisiera pedir a los hermanos y hermanas del grupo Maranatha que honramos hoy que puedan pasar al frente.

 

·         Jehová es nuestro Dios.

·         Este es el Pacto que ha establecido Jehová, nuestro Dios.

·         Estos son los ancianos que nos han transmitido el Pacto que ha establecido Jehová, nuestro Dios.

·         (Se invita a los presentes a ponerse en pie) Aquí están las canas que están sobre la cabeza de los ancianos que nos han transmitido el Pacto que ha establecido Jehová, nuestro Dios... 

Ante ellos nos levantamos, y con ellos pactamos ser santos, como Jehová nuestro Dios es santo.

sábado, 13 de septiembre de 2025

Llamados/as a vivir en el Espíritu de la libertad (Gálatas 5.10-18). Pbro. L. Cervantes-Ortiz


14 de septiembre, 2025

 

Hermanos, Dios los llamó a ustedes a ser libres, pero no usen esa libertad como pretexto para hacer lo malo. […] Pero si obedecen al Espíritu de Dios, ya no están obligados a obedecer la ley.

Gálatas 5.13a, 18, Traducción en Lenguaje Actual

 

Trasfondo

El discurso del apóstol Pablo a los Gálatas sobre la libertad cristiana remite inevitablemente a las palabras del Señor Jesús en Juan 8.32 y 36: la verdad libera y sólo si el Hijo del Hombre hace libre, se experimenta la verdadera libertad. La capacidad liberadora del Señor es el centro del mensaje del apóstol a los gentiles que desconocían el compromiso al que obligaba la ley judía. Ésta podía ser entendida y practicada por quienes aceptan sus limitaciones y exigencias, pero para quienes han probado la libertad, que era el caso de sus conversos en Iconio, Listra y Derbe (Hch 14), la aceptación de la ley judía era un verdadero obstáculo para disfrutar la libertad obtenida en Cristo. Él es el liberador absoluto de todas las opresiones que puede enfrentar la humanidad: “En el Nuevo Testamento el hombre ve apuntar un brote concreto de libertad cada vez que Jesús trae algo de la soberanía divina a un mundo encadenado y alienado. Porque la libertad del hombre se entendió siempre como el correlato de la soberanía divina. Por esto en el Nuevo Testamento aparece el singular paralelismo entre Dios y hombre: todo es posible para Dios - todo es posible para el creyente. El que cree participa en la libertad y en el poder de Dios —y el poder está entendido aquí como poder de creación sobre las criaturas—”.[1] Definitivamente Pablo fue el apóstol de la libertad cristiana.

 

Pablo predica la libertad de Cristo, no la circuncisión (vv. 10-12)

El problema de la libertad para los gálatas era caer de la gracia de Dios si asumían la postura contraria a la del apóstol. El mensaje anunciado entró en crisis con las enseñanzas judías porque se distanció radicalmente de las prácticas judías como la circuncisión. Sus adversarios querían acorralarlo con la acusación de que lo hacía (v. 11a). “Pablo espera que los gálatas piensen la misma cosa de él, a saber: que el evangelio basta para la salvación”.[2] En ese contexto, se contrasta lo que predicaba Pablo con las enseñanzas que podían alejar de la libertad de Cristo a los gálatas.

El rechazo de la circuncisión “tiene el amor como base: por amor a los gálatas, para que no caigan de la gracia, el apóstol rechaza fuertemente el propósito de ellos de recibir la circuncisión”.[3] La cruz del Señor tenía que estar muy por encima de lo que se buscaba con la circuncisión, es decir, integrarse al pueblo histórico del pacto (la parte más positiva de ese ritual). Pablo se escandalizó con aquellos que perturbaban a los gálatas. Llama mucho la atención que Pablo enfrente a sus propios hermanos de fe en un “territorio neutral” ajeno a esa fe común. Era, consecuentemente, un conflicto que inevitablemente surgiría al salir el Evangelio de Jesucristo de las fronteras de Palestina. Afirmar que el ungido de Dios tuvo una muerte tan vergonzosa era un verdadero escándalo para esos “oídos castos”. “Para el apóstol es importante que la cruz de Jesús sea siempre escándalo. El día que deje de serlo la fuerza de Dios desaparecería frente a los poderes perversos del mundo y la muerte de Jesús sería en vano (cf. 1.4)”.[4] Pablo estaba verdaderamente indignado (v. 12).

Llamados a la libertad (vv. 13-18)

La afirmación inmediata de Pablo es enfática: Dios los llamó a la libertad, pero esa libertad no debe ser pretexto para practicar la maldad (13a). “La libertad tiene otro enemigo: el libertinaje, el abuso de la libertad, porque se puede imaginar que la libertad en Cristo abre el camino para hacer lo que agrada al hombre ya que no hay ley”.[5] La libertad es una llamada, una vocación, una transformación total. Dios otorga los medios para enfrentarse con el riesgo de la libertad. El que ésta enfrenta podría desnaturalizarla y volverla su contrario, lo que choca frontalmente con lo que ella significa. Afianzarla en la vida de un individuo, de un pueblo o de una sociedad cuesta mucho trabajo, prueba de ello lo fueron los esfuerzos de los libertadores mexicanos, particularmente Morelos, que intentaron introducir prácticas nuevas, democráticas para preparar a sus huestes en el camino de la nueva situación. Él, especialmente, determinó someterse a los dictados del Congreso de Apatzingán (1814), dando un firme paso al avance de la lucha por la independencia del país. Recaer en el libertinaje es una verdadera negación de la libertad.

Si el ser humano piensa que puede vivir a su gusto, se pone en jaque la verdadera libertad en Cristo, pero el apóstol señala que, por el contrario, la libertad debe expresarse y vivirse en el amor y en la ayuda al prójimo (13b). Toda la ley de Dios, en la línea de Jesús, se resume en el mandamiento de amar a los demás como a uno mismo (14b, Lv 19.18). El Señor Jesús es la fuente de la libertad, por lo que apartarse de él hace que se recaiga de la gracia y se vuelve a confiar en las obras propias: “El amor de Cristo incita el amor al prójimo y no puede hacer distinciones ni diferencias entre los que merecen ser amados y los demás que no lo merecen”. El amor es definitivamente el cumplimiento de la ley. Los odios y rencores siempre serán destructivos (15). Por ello, la obediencia al Espíritu permite superar las tendencias contrarias a la libertad obtenida por el Señor Jesús (16). El Espíritu se opone a los malos deseos (17a) opuestos a la libertad y que la tergiversan. Por eso no puede haber libertinaje sino en contra del Espíritu del Señor (17b). Sólo si se obedece al Espíritu divino se puede descansar de la obediencia estricta de la ley (18).

 

Conclusión

La libertad obtenida por el Espíritu del Señor es un grandioso son que no se debe desperdiciar de ningún modo, pues, al contrario, debe producir frutos de amor y de justicia. La verdadera libertad no se muestra en hacer simplemente lo que se desee sino en aplicar en los demás una ética de justicia, paz y armonía acorde con la actuación del Espíritu en la vida de los seres humanos. Por eso las palabras del apóstol resuenan intensamente en los oídos de la iglesia y de la humanidad de todos los tiempos: “Donde está el Espíritu de Dios, allí hay libertad” (II Corintios 3.17).



[1] Jürgen Moltmann, “El cristianismo como religión de libertad”, en Convivium, núm. 26, 1968, p. 44, https://raco.cat/index.php/Convivium/article/view/76338/98937.

[2] Carlos Lenkersdorf, Comentario sobre la epístola a los Gálatas. México, El Escudo, 1960, p. 92.

[3] Ibid., p. 93.

[4] Elsa Tamez, “Carta a los gálatas”, en Comentario bíblico latinoamericano. Nuevo Testamento. Estella, Verbo Divino, 2015, p. 917. Énfasis agregado.

[5] C. Lenkersdorf, op. cit., p. 95.

"Ha puesto eternidad en el corazón de ellos" (Eclesiastés 3.9-15), Pbro. L. Cervantes-Ortiz

  31 de diciembre, 2025 …todo lo hizo hermoso y a su tiempo, e incluso les hizo reflexionar sobre el sentido del tiempo, sin que el ser huma...