27 de julio, 2025
Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.
Isaías 43.25, Reina-Valera 1960
Trasfondo
En la parte final de Isaías 43, Yahvé se dirige a su pueblo para recriminarle sus errores y fallas. Es una auténtica disputa contra él. El Señor asume un lenguaje de denuncia y de recordatorio para, a partir de ahí, introducir la posibilidad de un reinicio que transforme la historia de la comunidad de fe. Los caminos de la esperanza que se propone al pueblo desterrado atraviesan por esta expresión de reproche por lo sucedido en el pasado. Y aunque parecería que la memoria de Dios refresca lo acontecido en la historia, lo cierto es que no se trata de la imagen de Dios que más nos conviene, porque para decirlo en rigor el pueblo y los creyentes siempre necesitan un “Dios amnésico”, capaz de olvidar y de no llevar un libro de contabilidad en el que siempre saldrían perdiendo. Tal como lo escribió Rubem Alves al recontar la historia del hijo pródigo: “Jesús pinta un rostro de Dios que la sabiduría humana no puede entender. Él no lleva una contabilidad. No suma las virtudes ni los pecados. Así es el amor. No tiene ‘porqués’. Es sin razones. Ama porque ama. No hace contabilidad ni del mal ni del bien. Con un Dios así, el universo se hace más ligero. Por eso, un mejor nombre para esa historia sería: ‘Un padre que no sabe sumar’ o ‘Un padre que no tiene memoria’”.[1] Ése es el Dios que más nos conviene a todos, qué duda cabe.
Querella contra el pueblo por sus
pecados (vv. 22-24)
Pero
antes de hacerse presente la amnesia divina el texto muestra lo contrario, su
buena memoria, en la que salen a la luz las cosas que el pueblo hizo mal, el
recuento de los daños hacia sí mismo en primer lugar, evidentemente. “Los vv.22-24a
se caracterizan por siete negaciones, la primera de las cuales es muy enfática:
‘no a mí me llamaste / invocaste...’. Es una queja de Yavé que implica
el desinterés, y hasta un cansancio, por él (22b). Cuando se traduce ‘no me has
invocado’ se pierde el matiz de exclusión en favor de otros que el texto
hebreo ofrece. La recriminación siguiente sobre la falta de sacrificios y otros
actos cúlticos tampoco se refiere a una negligencia religiosa de Israel, sino a
una opción por otros dioses en lugar de Yavé”.[2]
La acusación directa: “Te cansaste de mí” (22b) es sumamente dolorosa para Dios
y así hay que asumirla.
Yavé no había sobrecargado a Israel con exigencias litúrgicas ni de ofrendas económicas o sacrificios (v.23b-24). “Él más bien se sintió esclavizado por los pecados de Israel. ¿Se trata de una expresión metafórica para decir que Yavé tuvo que sufrir o estar molesto por dichos pecados? Tiene otra dimensión el texto si lo referimos a la situación del exilio. En la concepción mesopotamia, avalada por numerosos textos asirios y babilonios, también los Dioses son llevados cautivos (a través de sus estatuas) y dominados por los de sus conquistadores. Al castigar a Israel por sus pecados con el exilio, es como si también Yavé quedara esclavo. El Yavé que no se cansa ni se fatiga (40:28s) resulta como fatigado (43:24b final). Marduc, en fin de cuentas, es el más fuerte”.[3] Esto último es inaceptable, pero Dios estaba harto de las maldades y pecados (24b).
“Yo borro todas tus rebeldías…” (vv. 25-28)
El
v. 25 se opone casi simétricamente al 24b por la reiteración de términos: “pecados
/ iniquidades // rebeldías / pecados”, en donde destacan “tres matices
literarios para captar la fuerza del mensaje: 1) Yavé mismo entra en acción
para invertir la situación; 2) se decide a borrar y no recordar más esos mismos
pecados por los cuales Israel lo había esclavizado entre las naciones; 3) lo
hace por su propia causa, o sea para salvar su nombre”.[4]
Esto explica un poco más el anuncio sorpresivo de 40.2 con el mismo vocabulario
de “iniquidades / pecados”). Aquí encontramos la falta de contabilidad de Dios
en toda su maravillosa expresión: Dios acepta y quiere ser amnésico. Es el
espíritu del perdón de las deudas que aparecerá en el Padrenuestro, de la
capacidad efectiva de olvidar los agravios cometidos. Se trata de redescubrir el
rostro amable y jubilar de un Dios perdonador, fácil de ser amado, por razones
obvias. Aquellos que no lo logran, siguen asediados por la duda del apóstol:
“Miserable hombre que soy... ¿Quién me librará…?”. “Deudores y acreedores
son esclavos eternos. Solamente los que no tienen nada qué recibir o por
pagar pueden volar juntos, como amigos”.[5] Desde esta perspectiva jubilar, la
historia del hijo pródigo se agiganta.
En
los vv. 26-28 aparece la querella legal como tal: Yavé invita a Israel a
levantar su demanda (“hazme recordar”, término técnico para demandar), y le
ofrece la oportunidad para justificarse en un juicio, pero no hay respuesta. Entonces
habla él mismo a fin de recordar el pasado. En el v. 27 se recuerdan “el primer
antepasado y los maestros”, Jacob y los reyes de Judá. El contexto es el de la
caída del reino de Judá, como se aprecia en 28b. “Que Yavé haya ‘profanado’ a los
príncipes significa que deja de sentirse como “el Especial de Israel” y a este
pueblo como ‘especial (qados)’ para él. Profanar es equivalente a
desacralizar. […] …revela, por otra parte, que en el proyecto del 2-Isaías las
autoridades políticas, si a ellas se refiere, no juegan un papel simpático”.[6]
Aquí está con toda su fuerza la memoria divina nuevamente.
Conclusión
El
peso mayor de Isaías 43 está en su capacidad para hablar del Dios amnésico, que
decide olvidar las maldades de pueblo para reencaminarlo hacia la tierra mediante
un retorno que abarcaría todos los aspectos para una buena relación con Él. Cada
experiencia del pueblo debía abonar a una mejor comprensión del Señor como una
divinidad perdonadora, amplia para practicar la misericordia y profundamente
empática con el destino de la comunidad política y de fe, que lo era
simultáneamente. El pueblo estaba listo para escuchar otras palabras de
consolación y de promesa del Espíritu en 44.2-4: “Yo soy el Señor, tu Hacedor,
el que te formó desde el vientre y el que siempre te ayudará. Y yo te digo que
no temas. Tu eres mi siervo, Jacob; tú eres Jesurún [diminutivo], a quien yo
escogí. Y voy a derramar aguas sobre el desierto y ríos sobre la tierra seca, y
también voy a derramar mi espíritu sobre tu generación, y mi bendición sobre
tus renuevos. Así ellos crecerán entre la hierba, como crecen los sauces a la
orilla de los ríos”.
[1] R. Alves, “Sem contabilidade”, em Tempo e
Presença, núm. 289, septiembre.-octubre de 1996, p. 42. Versión
propia. Cf. L. Cervantes-Ortiz, “El Padrenuestro y la faltade contabilidad de
Dios“, en Protestante Digital, 29 de agosto de 2014, https://protestantedigital.com/ginebra-viva/14709/el-padre-nuestrorsquo-y-la-falta-de-contabilidad-de-dios#_ftn19.
[2] J.S. Croatto, Isaías. La
palabra profética y su relectura hermenéutica. Vol. II: 40-55. La liberación es
posible. Buenos Aires, Lumen, 1994, p. 92.
[3] Ibid., pp.
92-93.
[4] Ibid., p.
93.
[5] R. Alves, “Meu filho, eu não sei somar...”, em Pai
Nosso. Medita. , p. 111. Énfasis agregado.
[6] J.S. Croatto, op. cit., p. 93.

