viernes, 21 de marzo de 2025

Dios siempre responde al clamor de su pueblo (Salmo 78.34-39), Dra. Ruhama Pedroza García

23 de marzo, 2025

Mientras planeaba el tono del mensaje, y comenzaba a articular las ideas, me di cuenta de que mi mente me llevó a un lugar conocido, bien explotado por la religión. La culpa. Iba a comenzar a hablarles sobre la hermosa fidelidad de Dios para luego poner el dedo sobre nuestra horrible infidelidad, y la increíble capacidad que tenemos para pecar y cómo es que hacemos honor a ese texto que describe el corazón humano inclinándose de continuo hacia el mal, y que debemos arrepentirnos, y constantemente humillarnos y buscar agradar al Señor aún en medio de nuestra bajeza, pero quiero que sepan que el Espíritu me detuvo.

Cargamos demasiada culpa, y vergüenza y vileza.

Y lo peor es que cuando con comparamos con el tierno amor de nuestro Padre, pues quedamos hechos una nada. Somos malas personas. Infieles, torpes, ciegos, faltos de memoria, cortos de visión.

Pero este es un camino conocido. Este es un énfasis utilizado una y otra y otra vez y yo no sé cómo sea su iglesia y en qué se especialice, pero si sé que este es un punto álgido que se utiliza para sembrar incluso miedo en la gente, temor de vivir, de tomar decisiones, de seguir adelante. Y eso, genera clientelismo. Pero al mismo tiempo personas quebradas.

Cuando lo horrible de nuestro ser, aquello oscuro que como humanidad compartimos es lo que nos mueve, lo que nos motiva a llegar al pie de la cruz, o lo que nos impide acercarnos con confianza al trono de la gracia, qué creen que pasa con la chispa divina que todos tenemos en nuestro interior. Con esa imagen y semejanza en la que fuimos creados, con ese espíritu, esa alma y ese cuerpo en el que fuimos hechos salvos y en el que somos amados…

Los cristianos a veces somos seres tristes, pesimistas o excesivamente realistas, lo cual es otra forma de pesimismo, y vemos la vida a través del filtro de la tragedia. Por ejemplo, durante muchos siglos interpretamos la venida del Señor, el día final, el día del juicio solo, ojo, SOLO como día de destrucción. Pero se nos olvidó seguir leyendo, que también será un día de restauración, de vindicación, de alegría, de sanidad para la tierra y para las naciones.

Y cuando leemos este salmo, claro, la tendencia sigue siendo la misma. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Soy malo, soy indigno, no merezco, no valgo, soy escoria, soy incapaz de amar, etcétera. Nos quedamos en los vv. 36 y 37.

El otro lado de la moneda es que los/as predicadores/as también queremos asegurarnos de que nadie se vaya “limpio”. Y entonces, a veces, lo confieso, intentamos convencer a la audiencia de que todos somos pecadores y estamos lejos de la gloria de Dios. Lo cual es cierto, pero no es nuestra tarea, sino del Espíritu, llevarnos a la certeza que se acompaña de arrepentimiento y conversión. Nosotros creemos que sí, que debemos combatir el cinismo creciente en nuestra sociedad y entonces, zas, el énfasis de nuestra predicación es el pecado, y la necesidad de arrepentimiento.

Hoy no va a ser así.

Y no porque yo no quiera que sea así, de verdad es la forma convencional, la primera reacción al texto. Hoy no va a ser así, porque el Espíritu me movió a enfocarlo diferente.

Hoy quiero que miremos este pasaje a la luz de quién es Dios.

Y no crean que yo soy una experta en la infinita persona de Dios, y además este enfoque no resulta tan familiar. Por eso les propongo dos cosas.

 

1.       Mantengan su enfoque centrado en Dios. Céntrense en descubrir quien es este ser a quien podemos llamar “Abba”, Apá, porque él mismo nos dio permiso a través de Jesús. Si sientes que te jala el chip de lo terrible y pesimista por la conducta del ser humano, para y vuelve a Abba.

2.       Para entender un poquito mejor a Dios, elige uno de tus roles como persona que ama a otra. Puede ser, por ejemplo, padre, madre, amigo, amiga, esposo, esposa, novio, novia, hermano, hermana… Del que te sientas más orgulloso y con el que te es más “fácil” identificarte. 

No estoy diciendo por supuesto que tú te sientas como Dios, sino que ese papel que tú juegas y con el que estás contento se lo atribuyas a Dios, lo cual también lo magnificará y perfeccionará. Es decir, Dios como padre, como madre, como amigo, como hermano, como esposo, etcétera.

¿Listo, lista?

Primero, pensemos juntos en esto. Dios es omnisciente, todo lo sabe. Bueno, no es sólo que lo sepa todo, sino que lo conoce y entiende todo. Abba conoce todo de nuestro corazón y de nuestro pensamiento. Conoce cada rincón de nuestro pasado, presente y del futuro. Sabe que a veces lo alabamos con nuestra boca, y que al mismo tiempo le mentimos. Sabe que le hemos sido infieles. Lo hemos engañado. Sabe con qué, con quién. Abba sabe. Pero él, misericordioso, perdona la maldad, y no nos destruye; Y ha apartado muchas veces su ira, Y no despierta todo su enojo. Se acuerda que somos carne, un soplo que va y no vuelve.

Y él quiere que estemos. Él quiere que permanezcas, que lo sigas intentando, que no te des por vencido, que aprendas de tus errores, que crezcas en todos los aspectos, que madures, que te superes, que aprendas a dominar aquello que te mueve a pecar… porque te ama. Así como tú amas a tu esposa, esposo, hijos, pareja, padres… y has perdonado tantas veces. Aunque los conoces. Aunque has visto sus luchas y sabes que les va a costar mucho trabajo cambiar… pero los amas. Así Dios te ama. Así nomás, sin tanta complicación, aunque nos resulte incomprensible.

Dios es omnipotente. Cuando Dios hace algo es porque quiere y porque puede. Pero su omnipotencia se acompaña de dos características interesantes, que también tú aplicas con las personas que amas. Dios es sabio y paciente. Dios es todopoderoso, pero a veces se contiene porque él sabe lo que te conviene, lo que necesitas enfrentar, lo que no vas a poder manejar si te lo da, lo que requiere de ti, de que estés listo para participar, lo que no necesitas. Dios no es consentidor. Dios ama ver a sus hijos crecer, madurar, ir superando etapa tras etapa. Por eso espera oír tu clamor. Porque solo el que clama ha renunciado a su sentido de autosuficiencia, a su soberbia y a su falsa autoconcepción, sin importar que estés en un apuro. He visto a varios padres dejar que sus hijos experimenten por sí mismos el dolor, una caída, el fracaso, que algo no salga como esperaban, y se contienen. Más cuando los niños son pequeños. Ahí están frotándose las manos, estirando los brazos, pero dejando. Solo si el niño está en peligro inminente lo toman. Pero si no es así lo dejan seguir, hasta que el pequeño reconoce que necesita ayuda y clama. No se puede razonar sobre la culpa con un niño pequeño, ¿se han dado cuenta? Por eso Abba actúa con amor, porque muchas veces nosotros somos ese niño pequeño, inmaduro, soberbio. Pero él, misericordioso, perdona la maldad, y no nos destruye; Y ha apartado muchas veces su ira, Y no despierta todo su enojo. Se acuerda que somos carne, un soplo que va y no vuelve.

Y Dios quiere que estés, Abba quiere verte crecer. Abba quiere que descubras el mundo y tu propósito de vida tomado de su mano y en el contexto de su reino. Abba sabe que somos rebeldes, inmaduros y soberbios, pero también, que somos capaces de crecer, madurar, disciplinarnos, aprender y decir al final “SÍ” a su divina voluntad.

Por último, Dios es omnipresente. A ver, no caigamos en el cliché de que Dios está en todas partes, porque cuando yo era niña me avergonzaba la idea de que Dios estuviera hasta en el baño. Omnipresente significa que podemos encontrar rastro de su presencia, de su habitar, de su ser, de su vida, de su actuar, de su caminar, en todos lados. Incluso ahí mientras le estábamos siendo infieles con otros dioses como el trabajo, el dinero, la autoindulgencia, etcétera, Abba estaba presente. ¿No les pasó que por alguna razón desobedecieron a sus padres y estaban en medio de alguna actividad prohibida, no sé, una fiesta, a punto de tener relaciones sexuales, en algo riesgoso, etcétera, y la voz de los viejos o su ejemplo, o la frase que siempre les decían se les aparece en la mente y les mueve el corazón? Mi mamá tiene dos frases que nunca voy a olvidar y que la vuelven omnipresente para mí, una es: “Aprende a usar lo que tienes y nunca necesitarás lo que no tienes”, y la otra: “Piensa en términos de eternidad”.

Hay muchas cosas en las que nuestros corazones no son rectos. Y otras en las que actuamos con maldad, por más disfraces que le pongamos, por más justificaciones, por más razones que argumentemos. Los seres humanos pecamos porque sí, y porque no. Por eso necesitamos ser salvos. Pero aún en medio de nuestra hora más oscura y de lo más terrible que podamos decir, pensar o actuar, siempre va a haber una vocecita, una sensación, una imagen que nos va a recordar que ahora somos nuevas criaturas. No necesitamos portarnos como antes lo hacíamos. Que en Cristo somos más que vencedores, suelta esa botella, no le pegues a tu hijo, no digas esas cosas, eso fue grosero pídele perdón a tu hermano…

Y yo no sé cómo les hace sentir esto a ustedes, pero a mí me conmueve. Porque la omnipresencia de Dios implica que se ensucie los zapatos conmigo. Porque si yo me estoy hundiendo en el lodo, él no se va a limitar a darme consejos desde su trono santo. Para eso se encarnó Jesús. Por eso Dios quiso hacerse carne. Abba quiere y acompaña aún en la hora más negra y terrible. Como tú, cuando cuidas a tus hijos adictos, cuando acompañas a alguien que intentó suicidarse, a tu anciana deprimida con la cadera rota, a tu mamá violentada… Dios es así. Dios es así de tierno. Dios es así de bueno, de increíble, su amor sobrepasa todo lo que consideramos normal y justo, su paz no puede limitarse a las palabras.

Somos pecadores, tú y yo. Pero él, misericordioso, perdona la maldad, y no nos destruye; Y ha apartado muchas veces su ira, Y no despierta todo su enojo. Se acuerda de que somos carne, un soplo que va y no vuelve.

Y ahora sí, con esta confianza, su pueblo clama.

Inmersos como estamos en tantas cosas terribles, políticas, sociales, culturales, internacionales. Clamemos. Ni siquiera sabemos cómo orar de la forma correcta. Las cosas que enfrentamos son tan grandes que mejor nos volvemos sordos y ciegos.

Pero no es tiempo de mirarse el ombligo y darse golpes de pecho. Es tiempo de pedir perdón, de clamar por ayuda, de ponerse manos a la obra y de volver a intentarlo. Es tiempo de compartir el evangelio, de abrir el templo a las necesidades de afuera, de destinar parte de nuestro tiempo y dinero a servir al prójimo, aliviar al necesitado, ensuciarnos los pies en el lodo.

Es tiempo de volver a clamar, aguantarnos la vergüenza por la conciencia de nuestras faltas y decirle a Dios: “Heme aquí, envíame a mí”. Es tiempo de volver a ser su pueblo redimido, no su pueblo derrotado.

Oremos.

sábado, 15 de marzo de 2025

Un pueblo contradictorio ante el designio divino (Salmo 78.17-20), Pbro. L. Cervantes-Ortiz

16 de marzo, 2025

Pero nuestros abuelos

volvieron a pecar contra Dios:

¡en pleno desierto se pusieron

en contra del Dios altísmo!

Salmo 78.17, Traducción en Lenguaje Actual

 

Trasfondo

Como parte de la historia de la salvación que desembocó en Jesucristo, el pueblo de Dios debía valorar suficientemente su comportamiento delante del Señor para que de ese modo comprendiese el plan que Él tenía de hacerse presente en el mundo. El Salmo 78 retoma las observaciones acerca de la reacción del pueblo ante lo que Dios estaba haciendo en medio de ellos. El v. 12 inicia la exposición histórica con el recuerdo de lo sucedido en la salida de Egipto y cómo Dios acompañaba al pueblo de día y de noche con señales visibles (14), y cómo les dio agua milagrosamente para calmar su sed en el desierto (15-16): “La tradición de Éx 17.6 se describe también en sus efectos, cuando la abundancia del manantial se compara con los ‘océanos primordiales’, las aguas primigenias que henchían el universo. De la peña del desierto brotan ‘arroyos’”.[1] No obstante, el escenario es el que comenzó a plantearse desde el v. 8, adonde se habla de la rebeldía y desobediencia del pueblo. La plataforma autocrítica para hablar de la actitud del pueblo está colocada para avanzar en la interpretación de la historia. 

Dudar de Dios y ponerlo a prueba (vv. 17-18)

“La reacción ante esos milagros en Egipto y en el desierto se resume en el v. 17 con la siguiente afirmación: ‘Ellos seguían pecando contra él’. Estas palabras se refieren a una actitud permanente de los padres (v. 12). La trasgresión de la berit fundamental (v. 10s) se manifiesta en los continuados yerros que despiertan la cólera de Dios. La respuesta a los milagros de Yahvé es ese hacer caso omiso, ese errar en la actitud debida: ese estar irritando constantemente al ‘Altísimo’. Elyon es una denominación de Dios enraizada en la tradición cultual de Jerusalén, y que expresa la soberana perfección del poder divino”.[2] La “actitud permanente” del pueblo era el problema, es decir, la falta de arraigo en una fe firme, sostenida, capaz de estar dispuesta a ver las acciones de Dios. Las reminiscencias del éxodo eran la referencia principal para considerar la manera en que la fe del pueblo atesoraba la intervención divina liberadora en tiempos en los que la nación de comenzó a forjar al calor de la revelación divina. Ese gran acontecimiento estaba grabado en la memoria espiritual y social del antiguo Israel, y era la base de toda la experiencia histórica que acumulaba los testimonios de lo que Dos había hecho a su favor.

“La salida de Egipto es el dato fundamental y primero de la elección. Israel no especuló acerca de la elección, sino que se refirió siempre al acontecimiento de la aproximación de Yahvé, que significaba liberación y salida”. Ése fue el equivalente de lo que sería siglos después la pascua de Jesús, el telón de fondo del sacramento que instituyó, con la sangre colocada en las puertas que afirmó la pertenencia de los hebreos al Dios vivo y verdadero incluso en la tierra de esclavitud, de la “casa de siervos”. Poner a prueba a Dios fue un enorme desatino que puso en tela de juicio el milagro de la libertad obtenida por causa de la necesidad de ser alimentados en el desierto, lo que no justificó su falta de sed. Toda comunidad tiene su Egipto, su desierto, su hambre y su sed (y su previsible rebeldía y desobediencia) en la historia para que, a partir de la precariedad (la famosa caseta de la Iglesia de El Dorado…) se pueda apreciar en su justa dimensión lo que Dios hizo, ha hecho y seguirá haciendo por ella. 

Poner en entredicho el poder divino (vv. 19-20)

“El cantor del Sal 78 renuncia al orden que previamente se había fijado en la tradición; no pretende enunciamos los hechos en su sucesión cronológica, sino que mediante transiciones originales combina las diversas tradiciones. Así, una reflexión acerca del pueblo que conduce al relato del maná figura inmediatamente después del milagro de la roca. Los que acaban de recibir milagrosamente agua para saciar su sed se sienten movidos por su avidez y tientan a Yahvé”.[3] Tentar a Dios fue la prueba máxima que enfrentó el pueblo al valorar de manera equivocada lo hecho por Él a su favor: Hablaron mal de Él y comenzaron a murmurar negativamente: “El contenido de esas palabras de tentación se condensa en la siguiente pregunta: ¿Será capaz Yahvé de hacer más por nosotros? ¿podrá proporcionarnos también pan y comida?”.[4] Estas dudas ponían en entredicho el poder del Señor para actuar sobre la vida natural y su capacidad para imponer su voluntad sobre la realidad, así fuera en contra de las leyes biológicas “Por consiguiente, ‘tentar a Dios’ significa: poner en duda su bondad y su perfecto poder mediante deseos provocadores y codiciosos (sobre la ‘tentación de Dios’, cf. Éx 17.2; Sal 95.9; 106.14; 1 Cor 10.9; Heb 3.9). Una característica de esas provocaciones es el menosprecio, la nula estima del milagro que se acaba de producir”.[5]

Si la función de esos actos sobrenaturales fue acrecentar la fe del pueblo, en ese momento ésta entró en crisis al dudar de que Yahvé fuera capaz de actuar. Por ello el Señor se indignó ante la incredulidad (21-22) pero aun así los sació con el alimento del cielo que envió (23-29). “Les cumplió, pues, su deseo” (29b). El poder del Señor se manifestó una vez más, pero hubo un elemento de juicio en la respuesta divina ante la tentación de que Dios fue objeto: “Aun estaba la comida en su boca. […] e hizo morir a los más robustos de ellos” (30b, 31b). 

Conclusión

Asumir los episodios de incredulidad del pueblo de Dios es parte del reconocimiento histórico de lo que éste ha si y cómo ha actuado al servicio del Señor. Dar testimonio de la obra de Dios en la vida de una comunidad de fe es parte de la tarea de transmisión del mensaje bíblico. Lo que se denomina “evangelización” es una tarea que implica a todos los integrantes de la comunidad. Incluso definir adecuadamente que es la misión y qué la evangelización implica comprender adecuadamente la historia de salvación que desemboca en Jesucristo. Es preciso trazar la continuidad del pueblo de Dios desde la antigüedad hasta el tiempo presente para encontrar las constantes y las variaciones en la conducta del pueblo y de la iglesia de hoy. En ese sentido, podríamos tratar de responder algunas preguntas más específicas al respecto:

 

1. ¿Tenemos bien claras las diferencias entre misión y evangelización? ¿Cómo se relacionan entre sí?

2. ¿Qué modelos de evangelización han sido los más utilizados y cuáles son sus pros y contras?: ¿el masivo, el individual, las células familiares, el activismo social y de servicio?

3. ¿Nuestra tarea de misión y evangelización toma en cuenta los cambios acontecidos en las últimas décadas?



[1] H.-J. Kraus, Salmos I. 60-150. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1995, p. 187.

[2] Ídem. Énfasis agregado.

[3] Ídem.

[4] Ibid., énfasis agregado.

[5] Ídem.

sábado, 8 de marzo de 2025

La ley eterna del Señor exige obediencia (Salmo 78.5-8), Pbro. L. Cervantes-Ortiz

9 de marzo, 2025

Dios fijó una ley permanente

para su pueblo Israel

y a nuestros abuelos les ordenó instruir en ella a sus hijos,

para que ellos, a su vez,

nos instruyeran a nosotros

y a las futuras generaciones

que todavía no han nacido

Salmo 78.5-6, Traducción en Lenguaje Actual 


Trasfondo

La poesía épica celebró en la antigüedad las grandes hazañas de héroes humanos o divinos, según el caso. Los cantos que celebran esas gestas tenían como propósito avivar la llama de la admiración popular y establecerla en la memoria colectiva. Desde los títulos de las diversas epopeyas se plasmó esta intención por mantener en la conciencia de los pueblos las imágenes vivas de los actos heroicos relacionados con su surgimiento o consolidación. En la antigua Mesoamérica también se trabajó poéticamente el recuerdo de los grandes nombres como el de Quetzalcóatl. En el antiguo Israel se vivió el dilema de la elaboración de cantos épicos o epopeyas nacionales debido al origen peculiar de la nación. Es una “épica que reflexiona” (Karl Barth, KD, IV, 3, p. 59ss). En la memoria colectiva, el éxodo de Egipto se entendió más bien como una gesta de Yahvé, la divinidad liberadora, y todos los esfuerzos por canalizar los impulsos épicos estuvieron dirigidos a subrayar la forma en que este Dios consiguió el triunfo sobre la opresión, la esclavitud y la idolatría. Alrededor de la salida de las tribus hebreas al desierto, las acciones de Dios entraron a un circuito de recuerdo, celebración y alabanza que se extendió por todo el Antiguo Testamento.

La Ley fue establecida para instruir al pueblo de generación en generación (vv. 5-6)

La intención didáctica o educativa de estos textos aparece con enorme claridad en las primeras palabras del salmo 78 (vv. 1-4), adonde se manifiesta el propósito de enseñar al pueblo que en todas las situaciones históricas ha habido un trato con Dios en las que no siempre la comunidad de fe (comunidad nacional también) ha salido bien librada. A continuación, se afirma la manera en que Dios “estableció testimonio en Jacob” y “ley en Israel” (v. 5), a fin de que las nuevas generaciones conectaran su fe y experiencia religiosa con las acciones liberadoras originarias de Yahvé (vv. 6-7). La Ley es mucho más que los mandamientos y prohibiciones, pues

 

Los mandamientos y normas jurídicas son el desbordamiento de su voluntad de salvación que domina en Israel. Por eso los mandamientos remiten a los acontecimientos fundacionales del éxodo (Sal 81, 11). Los mandamientos de Yahvé se levantan sobre el signo de su acción liberadora. Ellos son instrucciones para la libertad. La alegría que este hecho desata resuena hasta en el tardío Sal 119. […]

…[es] la bondadosa manifestación de la voluntad de Yahvé que sale al encuentro del hombre, le traza un camino que no debe ser abandonado ni por la izquierda ni por la derecha.[1] 

Las normas fundamentales aquí son la ley (“instrucción”) y el pacto (v. 10) que fue violado. “A diferencia de otras presentaciones de los bruta facta [hechos brutos] de la acción salvífica de Dios en una confesión de fe o en un himno, los deuteronomistas y las personas influidas por ellos no conocen más que la tradición histórica esbozada a base de la torá, interpretada didácticamente, y trasladada al mismo tiempo a la realidad actual Esta trasmisión tiene sus raíces en la ‘proclamación levítica didáctica’”.[2] Este vocabulario procedente del Deuteronomio explica bastante el tono pedagógico de esta parte del salmo y conduce a comprender adecuadamente la forma en que se expone cómo el pueblo desobedeció la Ley como instrucción y, por consecuencia, se alejó del pacto. “La enseñanza y la exhortación, más aún, la advertencia, queda integrada en la exposición de la historia gracias al carácter vinculante actual de la ley y del pacto. La historia de los encuentros entre Yahvé y su pueblo se convierte en un espejo que refleja la conducta ante el orden de salvación de la berit y ante el señorío y la obediencia debida a la torá”.[3] Lo ideal era que cada generación aprendiera a obedecer los mandamientos (v. 7). 

Prevenir la rebeldía y la desobediencia (vv. 7-8)

La culpabilidad del pueblo y de los dirigentes, en los diversos episodios históricos, especialmente durante la caminata por el desierto, aflora inmediatamente en el pórtico de este poema y el lenguaje profético se hace sentir intensamente, al referirse a las desobediencias antiguas. “Generación contumaz y rebelde;/ Generación que no dispuso su corazón, / Ni fue fiel para con Dios su espíritu” (v. 8). Inmediatamente después se valora la rebeldía de los tiempos pasados y se ejercita la autocrítica: “El poeta ve en la historia dimensiones de escarmientos y de gracias, y trata de hacerlas comprender a su generación, para que no sean rebeldes como sus antepasados. El autor está entrenado en la teología de la alianza y en el espíritu del Deuteronomio, y sigue sus esquemas para actualizar la historia y convertirla en luz para el presente”.[4] No podía haber ninguna sombra de triunfalismo ante las evidencias históricas de la conducta del pueblo: 

Si alguien sospechara que Israel se sobrevaloró en híbrida arrogancia religiosa, debería tener presente el hecho y en qué medida se afirma una y otra vez que la palabra de Yahvé se dirige también contra Israel constantemente y que la historia de Dios con su pueblo fue también una historia contra su autorrealización religiosa y política. La suma de esta experiencia y conocimiento aparece en Sal 78 y se perfila en la mayoría de los “salmos de historia”. En ellos termina toda jactancia y resuena la glorificación de la fidelidad de Yahvé que rompió toda resistencia y voluntad contraria, toda caída y desobediencia a fin de introducir a su pueblo en su destino auténtico, el de ser pueblo de Yahvé, primogénito entre las naciones, portador de todas las promesas, camino y portón de la venida de Dios al mundo.[5] 

Una y otra vez el pueblo incurrió en la desobediencia de la Ley por lo que siempre fue llamado a arrepentirse y a hacer penitencia. Cada generación tenía la obligación de redescubrir la grandeza y la importancia de los mandamientos para poder vivir sanamente delante de Dios. Por ello debía aprender a prevenir los ramalazos del juicio divino mediante una buena comprensión de los estatutos divinos. 

Conclusión. Lecciones de la historia para el nuevo trato con Dios desde la obediencia de la Ley

Mientras el pueblo estuvo unificado y cuando se dividió, la búsqueda de obediencia de las leyes divinas estuvo marcada por una expresión honesta de lo que los pensadores religiosos elaboraron para procesar el juicio y el castigo. Hoy más que nunca se sigue necesitando un diáfano entendimiento de lo que es la Ley: “Tal como se articula para y por Moisés, la tradición del mandamiento pretende colocar la vida de Israel bajo el gobierno de Yahvé. La vida de Israel ha de consistir en poner todas las facetas de su existencia bajo la dirección de Yahvé, rechazando por tanto la autoridad y las reivindicaciones de cualquier otro dios o de cualquier otra lealtad. […] Dado que Yahvé es el soberano, no hay laxitud, deslices o regateos. […] Un segundo aspecto de la Torá con frecuencia ha pasado inadvertido en la tradición cristiana, lo que ha determinado la reducción de la Torá a ‘ley’. Este segundo aspecto, que es igualmente constitutivo en Israel, es que […] también implica guía, instrucción y educación, un proceso de exploración e imaginación que no puede incluirse burdamente bajo la obediencia”.[6]


Ejemplo de análisis histórico específico a la luz del Salmo 78.5-8

1. ¿Cuántas planes o programas de estudio de la Biblia se han elaborado durante este medio siglo y cómo se han desarrollado?

2. ¿Cómo evaluamos los procesos educativos de enseñanza del mensaje bíblico durante estos 50 años?

3. ¿Qué testimonio pueden dar los/as expositores/as de la enseñanza bíblica y quienes la han recibido?

4. ¿Estaríamos dispuestos a someternos a una evaluación (interna o externa) acerca del grado de conocimiento bíblico con que cuenta la Iglesia de El Dorado?



[1] Hans-Joachim Kraus, Teología de los salmos. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1985 (Biblioteca de estudios bíblicos, 52), pp. 67, 217.

[2] H.-J. Kraus, Salmos I. 60-150. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1995, p. 187.

[3] Ídem.

[4] Ángel González, El libro de los Salmos. Barcelona, Herder, 1966, p. 363.

[5] H.-J. Kraus, Teología..., pp. 78-79. Énfasis agregado.

[6] Walter Brueggemann, Teología del Antiguo Testamento. Un juicio a Yahvé. Salamanca, Ediciones Sígueme, 2007. p. 613.

sábado, 1 de marzo de 2025

Aprender de Dios en la historia de su pueblo (Salmo 78.1-4), Pbro. L. Cervantes-Ortiz

2 de marzo, 2025

Pero nuestros hijos deben conocerlas;

debemos hablarles a nuestros nietos

del poder de Dios

y de sus grandes acciones;

¡de las maravillas que puede realizar!

Salmo 78.4, Traducción en Lenguaje Actual 

Trasfondo

La continuidad histórica y espiritual del pueblo de Dios nos permite conectar directamente con los grandes episodios antiguos de la salvación realizada por Él en medio de esa comunidad de fe. La historia del Pueblo de Dios tiene varios niveles: del Antiguo Testamento, pueblo hebreo; desde el Nuevo Testamento, la historia de la iglesia hasta la actualidad, pasando por las misiones en América Latina y México, y las iglesias nativas o autóctonas. Leer los grandes salmos que recopilan tales acontecimientos (Salmos 44, 78, 136) permite que desde la actualidad de nuestra experiencia espiritual podamos obtener grandes lecciones para el presente. El Salmo 78 es una gran fuente de recuperación del sentido histórico y de la necesaria autocrítica comunitaria, pues al lado del reconocimiento de la obra divina, se señalan los errores propios. Es una dinámica sana de interacción con la obra de salvación y con la manera de valorar la conducta del pueblo en diferentes épocas y momentos. 

El Sal 78 es, en muchos aspectos, una pieza única en el antiguo testamento. […] Por su contenido, podríamos considerarlo como un “salmo histórico”. En él se desarrollan himnos y cánticos de acción de gracias. […] En los vv. 1-2 se anuncia un poema sapiencial. Por el contrario, en el v. 4 se hace referencia —como en el introito hímnico— a las grandes acciones salvíficas de Dios. Y en los vv. 5-11 […] se da a conocer que el salmo es una exhortación y advertencia que brota ya de las primeras páginas de la historia de Yahvé con su pueblo. […] El compositor del cántico recoge diversas tradiciones de la época de Moisés hasta David, y […] las combina de manera independiente y les da una orientación tendenciosa. No es difícil reconocer principios de la historiografía deuteronomista en la manera de tratar los materiales históricos. Todo el salmo tiene acento didáctico.[1] 

Exhortación a escuchar la enseñanza (vv. 1-2)

“En su forma actual el Sal 78 es un impresionante poema didáctico que, recogiendo, seleccionando y combinando tradiciones ya existentes y sólidamente establecidas, enseña a entender la acción salvífica de Dios y la torá de Yahvé como una promesa y una interpretación para el presente”.[2] En su inicio el salmo alude a un secreto, un enigma que permanece oculto en la exposición que se hace de la historia, pero que está por revelarse de manera sapiencial y didáctica. “El misterio de la historia de Israel con su Dios es la incesante actividad salvífica de Yahvé, por un lado, y el también incesante alejamiento del pueblo, por otro”.[3] Los detalles de la historia cobrarán sentido a medida que avanza la recapitulación histórica. Luego de la introducción (vv. 1-11), lo sucedido en el desierto (12-31), la continua desobediencia (32-41), la distribución de la tierra y el juicio divino en la época filistea (54-64), y finalmente, el despertar de Yahvé y la elección de Sión y de David (62-72). Todo enumerado en una clave afín a la predicación levítica de manera similar las crónicas, pero con gran aliento poético.

La introducción (“Escucha, pueblo mío…”) es la fórmula para comenzar la enseñanza. Quizá en un ambiente de culto, el cantor se dirige como maestro de sabiduría a la comunidad y la llama “pueblo mío”. Se anuncia que hablará “en proverbios” o “ejemplos”, una fórmula recuperada en Mateo 13.35 cuando el Señor introdujo las parábolas. Lo que se expondrá se remite a los tiempos antiguos con las experiencias comunitarias acumuladas con el sabor de lo dicho en Deuteronomio 6 para recuperar las enseñanzas remotas en la vida del pueblo. Es un “cántico de enigmas” que el oyente debería escudriñar para encontrar las intenciones didácticas ocultas; deberá escuchar atentamente para conseguirlo. 

Las grandes acciones de Dios en la historia del pueblo (vv. 3-4)

El autor conecta aquí con la tradición que permitirá comprender el contenido didáctico del poema. Hasta el v. 11 se reflexiona sobre los acontecimientos pasados y su incidencia en la manera de asimilar las acciones salvíficas de Dios. Se presentan así los “hechos gloriosos” y “milagros” realizados por Él (4b), pero ahora para mostrar una faceta oculta de esas tradiciones históricas. Se anuncian los himnos y alabanzas que celebran los actos divinos y dan testimonio de sus hazañas. El v. 4 subraya la transmisión directa, de generación en generación, a fin de no perder la memoria de todo ello, muy en la línea de la insistencia deuteronomista por compartir a la gente más joven el contenido de la historia de salvación. Ella debía conocer en profundidad los sucesos concretos, pero sobre todo la interpretación que debía destacar la fidelidad divina al pacto y, al mismo tiempo, la conducta desordenada del pueblo en sus diferentes épocas, mediante un ejercicio autocrítico sólido y necesario.

Nunca estas recapitulaciones de dejaron influir por el triunfalismo o el nacionalismo. Era una verdadera “síntesis penitencial” que recordaba los beneficios divinos al lado de la confesión de los pecados comunitarios. Prevalecería el esquema gracia-pecado-penitencia-perdón, de inspiración deuteronomista, para valorar lo sucedido. Los vv. siguientes agregan más elementos: la intención de que las futuras generaciones estén al tanto de la historia (5-6) para poner en Dios su confianza y no incurrir en la rebeldía de otros momentos (7-8). Esta lectura teológica y espiritual de la historia sería el soporte para lo que vendría. 

Conclusión

Las lecciones del pasado deben pasar por el filtro de la meditación profunda para lograr que se asienten en la memoria y en la conciencia colectiva. Cada episodio mostraría un significado propio asociado al devenir en el que Dios aparecía siempre como justo y misericordioso, a la vez. Cuando se traslada esta enseñanza a la historia de la iglesia, queda bien claro que en ella debe ser vista a la luz de los dos polos mencionados: fidelidad divina y desobediencia comunitaria. “El salmo invita a recordarla y meditarla para gozar y agradecer los beneficios y para pedir perdón por las infidelidades”.[4] No se trata de culpar a nadie sino de asumir con madurez y claridad los logros y las fallas, las bendiciones y los errores, los aciertos y las caídas que están ahí en los registros espirituales del pueblo de Dios.



[1] Hans-Joachim Kraus, Salmos I. 60-150. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1995, p. 187.

[2] D. Eichhorn, Gott als Fels, Burg unn Zuflucht. 1972, p. 67, cit. por Ibid., p. 187.

[3] H.-J. Kraus, op. cit., pp. 187-188. Énfasis agregado.

[4] Enzo Cortese y Silvestre Ponguiá, “Salmos”, en Armando Levoratti, dir., Comentario bíblico latinoamericano. Antiguo Testamento. II. Estella, Verbo Divino, 2007, p. 700.

Pasos para abordar la historia de El Dorado con base en el Salmo 78

  1. La decisión misionera: formación de una conciencia para responder a la movilización producida por el Espíritu
  2. El envío de misioneros: negociación dentro del proyecto denominaciona
  3. La elección del lugar: estrategia geográfica de expansión misionera
  4. Los primeros contactos: diagnóstico de necesidades y contexto
  5. Los avances en la construcción: la "caseta" como inicio y símbolo
  6. La dedicación del santuario: un paso adelante en la construcción comunitari
  7. La nacionalización de la iglesia: transformación de la visión eclesia
  8. Contar con un pastor: nueva proyección eclesiástica y misioner
  9. La vida comunitaria y el trabajo de evangelización: continuidad de una tradición confesiona
  10. Las diferentes etapas: ¿por pastorados o por dinámica interna?



"Ha puesto eternidad en el corazón de ellos" (Eclesiastés 3.9-15), Pbro. L. Cervantes-Ortiz

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