viernes, 23 de mayo de 2025

Administrar bien la multiforme gracia de Dios (I Pedro 4.1-11), Pbro. Miguel Ortiz Saavedra


25 de mayo, 2025

Qué alegría tan profunda estar aquí con ustedes comenzando celebración de los 50 años de vida comunitaria, de fidelidad, de luchas, de esperanzas compartidas. ¡Qué bendición volver a esta casa que fue mi hogar pastoral por un tiempo y sigue siendo parte de mi historia! Hoy, más que predicar, me siento llamado a compartir desde el corazón, a agradecer con ustedes, y a mirar hacia adelante con esperanza.
    En medio de este jubileo, estos 50 años de celebración la Palabra nos trae una exhortación clara y hermosa: “Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” (1 Pe 4,10).
    Esta gracia de Dios no es un solo color, una sola forma, una sola historia. Es multiforme: se ha hecho pan compartido en la cocina de la iglesia, abrazo en medio del duelo, palabra oportuna, oración silenciosa, predicación encendida, acompañamiento fiel... ¡Qué gracia tan rica ha caminado entre ustedes durante medio siglo!
    Yo tengo hermosos recuerdos: Hechos 29, Vistas al hospital con la Dra Montaño, a mi hija corriendo por esta nave con su pequeña guitarra, bautizando jovenes, el café de la fe, con Tomás y Juanita de quien aprendí tantas cosas, con mi hermano Miguel, visitando a Alfredo Tepox para tomar café…

1. Gracia que transforma desde dentro
Pedro comienza recordándonos que seguir a Cristo implica asumir una nueva forma de vivir, no ya marcada por los deseos egoístas, sino por la voluntad de Dios. No es una tarea sencilla. Nos cuesta dejar atrás patrones del mundo, ambiciones vacías, prejuicios earraigados, resentimientos que endurecen el alma. Pero es justamente ahí donde la gracia actúa como fuego que purifica y como bálsamo que sana.
   Al mirar hacia atrás, no podemos sino reconocer que si esta iglesia ha caminado por 50 años, ha sido por pura gracia. No porque todo haya salido perfecto. No porque no haya habido errores o caídas. Sino porque Dios, en su infinita misericordia, ha sostenido a su pueblo. A lo largo de estas décadas, muchas personas han pasado por estas puertas. Algunas han servido desde la sencillez del anonimato. Otras han predicado, enseñado, sanado, organizado, dado consuelo. A todos ellos, Dios les dio una parte de su gracia para ser compartida.
   Y aquí está lo maravilloso: la gracia no es premio para los perfectos. La gracia es regalo para los humildes, medicina para los quebrantados, impulso para los cansados. La gracia ha sido luz en medio de oscuridades personales, familiares y comunitarias. Ha sido la presencia de Dios que no se retira incluso cuando nos equivocamos. Esa gracia es la que celebramos hoy.
   ¿Dónde necesitamos hoy que esa gracia vuelva a entrar? ¿Qué aspectos personales o comunitarios necesitan ser sanados, renovados o transformados?

2. Gracia que se expresa en el amor, el servicio y la hospitalidad
Pedro nos dice: “Ténganse intenso amor unos por otros, porque el amor cubre multitud de pecados” (v.8). ¡Qué frase tan poderosa! No cubre con hipocresía, sino que cura, restaura, reconstruye relaciones quebradas. Luego nos llama a ser hospitalarios —sin quejarnos— y a usar los dones recibidos para servir.
   El texto no se queda en la gracia recibida. Nos empuja hacia la gracia compartida. Dice: “Minístrela cada uno a los otros”. No es una gracia para acumular, para presumir, para esconder. Es una gracia para repartir. Y aquí está el llamado de Dios a su iglesia: ser comunidad que actúa con gracia. ¿Cómo tratamos a quienes son distintos? ¿Cómo acogemos al que viene herido por la vida? ¿Qué espacio damos a quienes aún no comparten nuestra fe, pero buscan sentido, amor, pertenencia?
    La gracia se vuelve concreta cuando servimos con los dones que hemos recibido. La gracia se vuelve poderosa cuando perdonamos, cuando acogemos, cuando abrimos los brazos al extranjero, al pobre, al joven que duda, al anciano que se siente solo. La gracia no discrimina. No se encierra. No se aísla. La gracia camina con los pies descalzos de Jesús, y nos invita a caminar con él hacia los márgenes, hacia las periferias, hacia los rostros olvidados.
    Éste es el corazón de la administración de la gracia: compartir lo que Dios nos ha dado, sin temor ni reserva.
    Aplicación. Hoy más que nunca, ser iglesia significa abrir puertas, romper con la lógica del “nosotros y ellos”, y recordar que la gracia nos alcanza a todos o no es gracia.

3. Gracia para el camino que sigue: con quienes sufren y con quienes sirven
Pedro termina con una exhortación clara: que todo lo que hagamos sea para que Dios sea glorificado por medio de Cristo.
    Este aniversario no es un punto final, sino una nueva página. Dios no ha terminado su obra en esta iglesia. Al contrario, el desafío es más grande hoy que nunca. En un mundo marcado por la desigualdad, la violencia, la soledad y la desesperanza, necesitamos comunidades que reflejen la gracia de Dios con hechos y no solo con palabras.
  Necesitamos una iglesia que no tenga miedo de tocar las heridas del pueblo. Que esté dispuesta a trabajar por la justicia, a defender al débil, a escuchar al que nadie escucha. Una iglesia que no se encierre en sus certezas, sino que se abra al misterio de Dios que se revela también en quienes no piensan igual que nosotros.
  La multiforme gracia de Dios nos llama a múltiples misiones. Algunos enseñarán, otros consolarán, otros organizarán, otros sanarán, otros escucharán. Pero todos, todos, hemos recibido algo. Y todos estamos llamados a servir con lo recibido.
   La misión continúa. Hoy Dios sigue necesitando una iglesia que no se conforme, que no se encierre, que no se rinda. Una iglesia que escuche el clamor del pueblo, que se anime a nuevas formas de servicio, que no olvide nunca que la fe se verifica en el amor concreto. 

Aplicación. En los rostros de quienes sufren violencia, injusticia, soledad... ahí está Jesús. ¿Dónde está El Dorado llamado a estar en los próximos años?

Seguir caminando bajo la gracia
Querida Iglesia de El Dorado: han caminado 50 años, y cada paso ha sido sostenido por la gracia. Pero no hemos llegado al final. La gracia de Dios no se agota, se renueva, se multiplica, se diversifica. “la gracia es la posibilidad siempre abierta de volver a empezar”.
     Hoy les invito, con todo mi corazón, a seguir administrando esa gracia: 

     • Con gratitud: reconociendo lo que Dios ha hecho. 
     • Con fidelidad: siendo testigos del amor que transforma. 
     • Con valentía: saliendo al encuentro del que sufre.
     • Con esperanza: sabiendo que Cristo vive y su Espíritu nos impulsa.
 

viernes, 16 de mayo de 2025

Practicar el bien por encima de todo (I Pedro 3.8-17) Pbro. L. Cervantes-Ortiz

18 de mayo, 2025

 

Tengan una buena conciencia, para que sean avergonzados aquellos que murmuran y dicen que ustedes son malhechores, y los calumnian por su buena conducta en Cristo. Es mejor que ustedes sufran por hacer el bien, si Dios así lo quiere, que por hacer el mal.

I Pedro 3.16-17, Reina-Valera Contemporánea

Trasfondo

Varios son los códigos de conducta que aparecen en el Nuevo Testamento. Se centran en la transformación interior y en la vida de acuerdo con el amor y la gracia de Dios. Enfatizan la importancia de amar a Dios y al prójimo, viviendo una vida coherente con las enseñanzas de Jesús y practicando el perdón y la reconciliación. Pedro no dicta un nuevo código de conducta propiamente dicho sino más bien un estilo nuevo de vida. En lo que coincidió San Pablo al hablar de “las buenas obras” como resultado de la “nueva creación en Cristo” (Ef 2.10). En el fondo, se trata de practicar una auténtica ética cristiana que sea capaz de mostrar la novedad de vida en medio del mundo y de superar las limitaciones morales que establecen los sistemas de gobierno y que tratan de controlar las conciencias de las personas. En esto el apóstol Pedro va a ser muy concreto al referirse a la necesidad de tener y promover una conciencia sana que aplique las consecuencias de la salvación en la vida cotidiana, incluso en los detalles más minuciosos. 

“Ama y haz lo que quieras” es una frase atribuida a San Agustín que resume muy bien las bases de la conducta cristiana en medio del mundo: “En su exposición de la epístola de San Juan a los partos se encuentra un excelente compendio […]: “Ama y haz lo que quieras; si callas, calla por amor; si clamas, clama por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor; si está dentro la raíz del amor, no podrá salir de esa raíz sino el bien”. Su imprecación “¡haz lo que quieras!” es un imperativo categórico del amor. Los imperativos éticos que harán su entrada en la historia siglos adelante nunca rozarán la dimensión ética y esperanzadora del “ama y haz lo que quieras”.[1] 

No devolver mal por mal (vv. 8-12)

I Pedro 3 inicia con una serie de exhortaciones sobre la vida conyugal que entra muy bien en el esquema de los “códigos domésticos” que debían normar la conducta de las personas (Col 3.18-4,.1; Ef 5.22-6.9; 1 Tim 2.8-15, 6.1-2; Tito 2.1-10). Se marcan los deberes recíprocos de los esposos, de los hijos con los padres, de los esclavos con los amos y viceversa. “Pedro caracteriza el estilo de vida de las comunidades cristianas y acaba su exhortación con la cita del Salmo 34.13-17”.[2] La exhortación comienza con un llamado a mantener una misma actitud sin fisuras (v. 8a) pues en los criterios fundamentales de conducta no puede haber discrepancias entre los creyentes. “La solidaridad y el amor fraterno en el interior de la comunidad son indiscutibles como talante cristiano”.[3]

Los tres primeros adjetivos (misma actitud, solidaridad y amor fraternal) apuntan hacia la convivencia de la comunidad de fe. Los dos últimos que aconsejan tener buen corazón y de ser de carácter humilde (v. 8b) y lo que se agrega en el v. 9 acerca de no devolver mal por mal aplican para los demás, que incluso pueden ser adversarios.[4] La misericordia y la humildad en las relaciones con los otros implica abajarse y considerar superiores a los demás. La convergencia en hacer el bien en medio del mundo apunta hacia la fraternidad universal. La actitud predominante debe ser la de bendecir continuamente a todas las personas (9b): “Al contrario, bendigan, pues ustedes fueron llamados para recibir bendición”. A continuación, viene la extensa cita del Salmo 34 para corroborar lo dicho.

Forjar y consolidar una buena conciencia (vv. 13-17)

La pregunta retórica del v. 13 es crucial para el resto de la exhortación: “¿Quién podrá hacerles daño, si ustedes siguen el bien?”. Practicar el bien por encima de todo y responder con él siempre es la consigna dominante de toda esta sección. El recuerdo de las bienaventuranzas es bastante evidente al referir el sufrimiento por causa de la justicia. Exactamente como acaba de suceder en Argentina al ser objeto de la represión por apoyar la causa justa de los jubilados.[5]El bien sigue siendo el objetivo fundamental de la actividad cristiana. El sufrimiento por la fidelidad a los valores cristianos, que incluyen la búsqueda de la justicia del plan de Dios sobre la humanidad, la adquisición de la libertad para todo ser humano y la lucha permanente por la paz, constituye, sin duda, el culmen del empeño en hacer el bien hasta el punto de que quien lo consiga se puede considerar realmente dichoso”.[6]

La exhortación a no experimentar temor cuando se hace el bien (v. 14b) procede de Isaías 8.12-13, pues al único que hay que temer es a Dios. “Resistir al mal haciendo el bien significa tener el coraje de saber aguantar, la libertad de criticar desde el evangelio cualquier situación injusta y la valentía de enfrentarse por obediencia a la verdad, a cualquier instancia que maltrate u oprima a los seres humanos”.[7] Con ello se glorificará al Señor en su corazón (15a) y se podrá dar razón de la esperanza en Él (15b). La invitación a hacerlo busca dar testimonio verbal y racional de la esperanza profunda de cada creyente. Y es allí adonde aparece el lugar central de la conciencia, de la “buena conciencia” (16a), una conciencia limpia y segura de las acciones que conducen a hacer presente el bien en el mundo.[8] 

Conclusión

El hermoso aforismo con que concluye esta sección (“Es mejor que ustedes sufran por hacer el bien, si Dios así lo quiere, que por hacer el mal”, v 17) relaciona los tres aspectos enunciados previamente: hacer el bien, la voluntad de Dios y el sufrimiento: “La voluntad de Dios consiste en hacer el bien y éste va asociado en esta carta a ponerse a disposición de los demás (2.12-17; 3.6), a sufrir (3.17) y a aguantar (2.20). La voluntad de Dios no es que alguien sufra por hacer el bien, sino que hacer el bien sea la actitud propia del creyente ante cualquier circunstancia, ya se encuentre éste ante la ignorancia de los no creyentes (2.15) o se enfrente al sufrimiento (4.19)”.[9] “Lejos de desesperar del mundo, Pedro da por descontado que para los cristianos el obrar bien desarmará cualquier crítica y acabará inclinando a los paganos hacia el Señor en el día de su visita”.[10]



[1] Alejandro Poli Gonzalvo, “Ama y haz lo que quieras”, en La Nación, Buenos Aires, 5 de diciembre de 2022, www.lanacion.com.ar/opinion/ama-y-haz-lo-que-quieras-nid05122022.

[2] Edouard Cothenet, Las cartas de Pedro. Estella, Verbo Divino, 1984, p. 30.

[3] José Cervantes Gabarrón, “Primera carta de Pedro”, en Armando J. Levoratti, dir., Comentario bíblico latinoamericano. Nuevo Testamento. Estella, Verbo Divino, 2008, p. 1127.

[4] Ídem.

[5] “‘Cf. “‘El miedo no les va a salir bien’ organizaciones religiosas exigen el fin de la represión”, en Página 12, Buenos Aires, 16 de mayo de 2025, www.pagina12.com.ar/826112-el-miedo-no-les-va-a-salir-bien-organizaciones-religiosas-ex. Cf. Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, 15 de mayo de 2025, www.facebook.com/share/p/19UodRJnr3/: “Esta semana, la fe se enfrentó con la fuerza. En una acción pacífica celebrada el 14 de mayo frente al Congreso Nacional de Argentina, líderes religiosos se reunieron para bendecir y acompañar a jubilados que exigían pensiones justas. Lo que pretendía ser un acto simbólico de unidad y solidaridad se convirtió en un escenario de violencia estatal. Entre quienes fueron brutalmente reprimidos se encontraban pastores de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata y de la Iglesia Reformada en Argentina, ambas miembros de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas (CMIR)”.

[6] J. Cervantes Gabarrón, op. cit., p. 1129. Énfasis agregado.

[7] Ídem.

[8] Ídem.

[9] Ibid., p. 1130.

[10] E. Cothenet, op. cit., p. 36. Énfasis original.

sábado, 10 de mayo de 2025

El pueblo de Dios adherido a la piedra viva (I Pedro 2.4-10), Pbro. L. Cervantes-Ortiz

11 de mayo, 2025

 

Acérquense a él, a la piedra viva que los hombres desecharon, pero que para Dios es una piedra escogida y preciosa. Y ustedes también, como piedras vivas, sean edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepte por medio de Jesucristo.

I Pedro 2.4-5, Reina-Valera Contemporánea

 

Trasfondo

La primera carta de Pedro es uno de los documentos más importantes del Nuevo Testamento para conocer las dimensiones de la reflexión teológica, la profundidad espiritual y la fuerza vital de las comunidades de Asia Menor mencionadas al inicio (v. 1: Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia).[1] Una de sus grandes aportaciones es su abordaje original a la figura de Jesucristo, el “cordero intachable e impecable” (1.19) cuya sangre tiene un valor insuperable para la liberación de los creyentes. También hace una relectura creativa de algunos temas del Antiguo Testamento tales como el Siervo sufriente de Isaías y, sobre todo, la metáfora cristológica de la “piedra viva” (el Señor) y las “piedras vivas” para hablar acerca del nuevo edificio del Pueblo de Dios formado por sacerdotes reales al servicio incondicional de Dios. Por ello es tan relevante la doctrina eclesiológica que brota de esta carta dado su énfasis en el “sacerdocio universal” de cada creyente. Un versículo clave para aproximarse al desarrollo de la enseñanza petrina es 1.13: “Por lo tanto, preparen su mente para la acción, estén atentos y pongan toda su esperanza en la gracia que recibirán cuando Jesucristo sea manifestado”. Esta teología muestra un notable grado de avance en relación con las primeras cartas apostólicas. 

Acercarse a Jesucristo, la “piedra viva” (vv. 4-8)

I Pedro 2 abre con una exhortación a desear “la leche espiritual no adulterada, para que por medio de ella crezcan y sean salvos” (2.2). “Cualquier otro alimento puede ser un sucedáneo adulterado y engañoso que influya negativamente en el proceso de crecimiento de los hijos de Dios”.[2] el propósito central aquí es el crecimiento en la salvación, por eso debe desearse la leche auténtica a fin de superar los vicios morales y las desviaciones. Esto es un importante indicio “de la existencia de un esquema formal de exhortación para romper con el modo de vida anterior”.[3] Asimismo, esta propuesta de cambio espiritual profundo chocó frontalmente con el contexto imperial: 

De tal modo los creyentes son testigos de una ideología alternativa, de una utopía inédita, que socava los cimientos mismos de las estructuras sociales de poder vigentes en el Imperio romano, y proporciona elementos críticos para una transformación del sistema social, político y religioso en medio del cual viven las comunidades petrinas. La condición social, política y jurídica de los creyentes como “forasteros y emigrantes” (I P 2.11) se convierte en el supuesto básico de su identidad cristiana.[4] 

No hay que olvidar, además, que el “trasfondo invisible” de la metáfora de la “piedra viva”, tan claramente retomado del A.T., se complementa con las implicaciones derivadas de la conocida afirmación de Mt 16.16-19 acerca de la supuesta superioridad de Pedro al interior de la iglesia: 

En I Corintios 3.11, 10.4; Mateo 21.42 y en I Pedro 2.4ss se dice que Jesús mismo es la piedra fundacional o la piedra angular. Esta es, sin duda, la premisa implícita en todos los demás pasajes. Pero esto no impide que los apóstoles sean el fundamento, compuesto por instrumentos humanos de Dios, y que a su vez se apoyen en Cristo; ni impide que Pedro tenga un papel destacado entre ellos y para la Iglesia de tiempos posteriores. […]

En el fundamento que forman todos los apóstoles, Pedro es la roca especialmente visible. Aquí se confirma de nuevo nuestra conclusión histórica anterior: comparte, sin duda, su dignidad con los demás discípulos, pero dentro del grupo es particularmente representativo.[5] 

Es significativo que el texto recupere esa imagen simbólica a través de textos como Isaías 28.16, Salmo 118.22 e Isaías 8.14-15 para afirmar, sin dejar lugar a dudas, quién es la “piedra viva” (ya no sólo vista como “piedra angular”, lo que le da mayor dinamismo) que ha sido rechazada (7), pero que también puede aplastar (8), y el fundamento de las “piedras vivas” que serán edificadas “como casa espiritual como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepte por medio de Jesucristo” (2.5). 

El nuevo pueblo de Dios, sacerdocio real y nación santa (vv. 9-10)

“El Pueblo de Dios es la comunidad de piedras vivas, que, unidas al Resucitado, la auténtica piedra viva desechada por los hombres, van construyendo el nuevo templo. De la misma manera llama la atención en este texto la teología del ‘sacerdocio’ del pueblo de Dios, llamado a ofrecer permanentemente en medio de este mundo el único sacrificio espiritual agradable a Dios, es decir, la propia vida”.[6] La nueva comunión con Dios es corporativa y la metáfora del edificio en construcción se extiende: “La casa espiritual es, pues, un concepto nuevo corporativo, de carácter mesiánico, que vincula a la piedra viviente con las piedras vivientes, al resucitado con los regenerados, de modo que la cohesión interna de las piedras vivas en la construcción de la única casa mesiánica implica una comunión espiritual íntima entre los creyentes, con Cristo y por Dios por el Espíritu”.[7]

Los últimos dos versículos de esta sección contraponen la situación de los creyentes con la de quienes no lo son que rechazan el mensaje del Evangelio. La elección es la realidad principal de este nuevo pueblo de sacerdotes afincado en la piedra rechazada. Los que no eran parte del pueblo de Dios ahora lo son de manera verdadera e integrada (Os 2.23). Aquí aparecerá la cadena de atributos de la iglesia que muestran el concepto que el autor tiene de ella y que la definen óptimamente en función de lo dicho anteriormente: 

Todos ellos son alusiones al A.T.: Un linaje elegido (Is 43.20), un sacerdocio real, una nación santa (Éx 19.6), un pueblo adquirido por Dios (Éx 19.5; Is 43.21) para anunciar las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa (Is 43.21. Los tres primeros conectan con elementos ya conocidos en esta misma exposición: elección (1 P 2.4, 6), sacerdocio (2.4, 5); el último, pueblo adquirido por Dios, alude a las dos citas anteriores (Éx 19.5; Is 43.21) e introduce un tema nuevo y específico de este vértice expositivo, a saber, el pueblo de Dios. De este modo, el autor recapitula, con expresiones corporativas de las tradiciones bíblicas, aspectos esenciales de la comunidad cristiana.[8] 

Conclusión

La doctrina de I Pedro sobre la iglesia es un asidero confiable para relacionar la naturaleza de la iglesia con la metáfora de la “familia” o “linaje” de Dios (TLA) y así poder participar de una vida comunitaria fundada en el contacto directo con la piedra viva que es el Señor. Al ser todos los miembros de la iglesia “piedras vivas” y sacerdotes se cumple la utopía del Éxodo (“un pueblo de sacerdotes”): “…es el acercamiento y la adhesión a Cristo mediante la fe lo que permite a los creyentes el ejercicio del sacerdocio. […] El fundamento del sacerdocio no es por tanto el mérito de los hombres […] Este sacerdocio también ha cambiado de destinatarios, pues al mismo tienen acceso no sólo los israelitas sino todos los creyentes, ya sean procedentes del paganismo como del judaísmo”.[9]



[1] José Cervantes Gabarrón, “Primera carta de Pedro”, en Armando J. Levoratti, dir., Comentario bíblico latinoamericano. Nuevo Testamento. Estella, Verbo Divino, 2008, p. 1107.

[2] Ibid., p. 1116.

[3] Ibid., p. 1117.

[4] Ibid., p. 1107.

[5] Oscar Cullmann, Peter: disciple, apostle, martyr. A historical and theological essay. Nueva York, Living Age Books, 1958, pp. 217, 218. Versión propia.

[6] J. Cervantes Gabarrón, op. cit., p. 1107.

[7] Ibid., p. 1119.

[8] Ídem.

[9] Ibid., p. 1120.

martes, 6 de mayo de 2025

"Una herencia incorruptible..." (I Pedro 1.1-9), Pbro. Raúl Méndez Yáñez

4 de mayo, 2025

INTRODUCCIÓN: ÁMBAR, ALGODÓN Y AMARANTO

Muchas veces tendemos a pensar los beneficios de la redención de Cristo en términos muy abstractos, lejanos y hasta complicados. Sin embargo, la primera epístola de Pedro se caracteriza por su sencillez y lenguaje directo. Cierto, utiliza metáforas y algunos recursos narrativos que merecen cierta atención al detalle. Sin embargo, el objetivo de esta misiva es ser leída por comunidades migrantes a lo largo y ancho de la zona de Asia Menor. No es un tratado complicado, sino un mensaje urgente para dar ánimos en medio de las dificultades del desplazamiento forzado debido a políticas persecutorias hacia los cristianos quienes eran considerados disidentes y sediciosos por Roma y sus administraciones locales. Pedro escribe a comunidades que viven entre fronteras sin pertenecer en realidad a ningún territorio. Estas comunidades se encuentran dispersas en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia. De hecho, son descripciones muy generales, no domicilios específicos, porque el apóstol debe guardar la discrecionalidad de sus destinatarios. En términos actuales sería como un documento escrito a “Los migrantes en la frontera norte de México”.

Podemos, por tanto, imaginar a la primera epístola de Pedro como un documento clandestino, que circulaba de forma oculta entre grupos desplazados que necesitaban leer y escuchar palabras de aliento en medio de la persecución política y la estigmatización en la que vivían. Por eso un término clave en los mensajes de Pedro es la palabra “esperanza”. Porque es lo que estas comunidades requerían para seguir adelante, saber que habrían de ser restituidos y que se les haría justicia. Se trata de una esperanza activa, es decir, no sentándose a esperar, sino esforzándose cada día por dar testimonio de Cristo con la esperanza de que las cosas podrían cambiar en el futuro.

Ésa es la perspectiva bíblica sobre el futuro, lo que comúnmente se llama escatología. A diferencia de películas sensacionalistas, el mensaje del fin de los tiempos según la Biblia no es un programa de destrucción, sino de justicia. Suele decirse que el Apocalipsis es el “fin del mundo”. Y hay quienes llegan a pensar que se trata, incluso, del fin del planeta Tierra. Pero nada más lejos de los mensajes escatológicos de la Biblia. El término “mundo” en el Nuevo Testamento no alude al planeta, sino al régimen o sistema que impera no solo en política, sino en la sociedad y la cultura dominante. “Fin del mundo” en términos bíblicos significa fin de la maldad y de la injusticia. ¡Por eso los cristianos debiéramos alegrarnos del fin del mundo! No es que nos vayamos a extinguir, es que tenemos la esperanza de un mañana lleno de justicia.

De este modo, Pedro le escribe a estas comunidades migrantes, desplazadas para darles ánimo de que sí, el mañana será mejor, y que con su testimonio, oración y santificación las cosas van a cambiar.

Un aspecto clave para esta esperanza es el término “herencia”. Tener una herencia significa que no estamos abandonados y sin recursos, sino que tenemos un respaldo, un soporte, que no vamos solos. Los cristianos tenemos una herencia en Cristo debido a que nosotros mismo ya hemos muerto al pecado y hemos renacido a una nueva vida en Cristo gracias a que, en primer lugar, Cristo mismo también ha resucitado. Por eso dice: "Es por su gran misericordia que hemos nacido de nuevo, porque Dios levantó a Jesucristo de los muertos. Ahora vivimos con gran expectación" (1 Pedro 1:3). 

Así es, como cristianos vivimos en expectación constante. Estamos abiertos a las sorpresas que mañana tras mañana nos trae Dios con sus misericordias. Ciertamente hay situaciones difíciles y oscuras en este peregrinar nuestro. Sin embargo, no estamos solos, Dios ha tenido misericordia de nosotros y nos ha dejado una herencia, un recurso del cual podemos echar mano. Es como cuando estamos jugando videojuegos y revisamos las herramientas que tenemos en nuestras mochilas o bolsas de supervivencia. En los videojuegos esas herramientas son muy variadas, pueden ir desde una varita mágica, una bomba, una espada, un robot o bebidas de recuperación de energía. Bien, pues en Cristo nosotros, desplazados de este mundo, también tenemos una mochila de supervivencia, con recursos necesarios para esta travesía.

En Harry Potter Dumbledore les deja a Harry, Hermione y Ron tres herencias, a Hermione el libro de los cuentos de Beedle el Bardo, a Harry una pelota llamada Snitch, y a Ron un artilugio capaz de atrapar la luz y devolverla, un desiluminador. De igual manera, según Pedro, Cristo también nos ha dejado tres recursos como herencia en una mochila o bolsa de supervivencia. ¿La abrimos? Dentro, podemos encontrar estos recursos, ¿qué tenemos? Se trata de un ámbar, un algodón y un dulce, una alegría para ser exactos. Veamos cómo los podemos utilizar. 


I. HERENCIA INCORRUPTIBLE

El término griego que suele traducirse como “incorruptible” es φθαρτον (aftarton) que significa “sin posibilidad de corromperse”. No es como la sal del himalaya, que fue preservada por miles de años pero cuando la compramos en el super resulta que caduca en agosto. O como algunas “mieles” que se venden por ahí y que a las tres semanas comienzan a perder sabor y textura. En realidad se ha logrado encontrar miel en buen estado incluso en sarcófagos egipcios de hace miles de años. A eso hace referencia el término incorruptible y así es nuestra herencia en Cristo, no tiene fecha de caducidad. Es por eso que en esta bolsa de supervivencia de desplazados tenemos un ámbar. Les mostraré esta pulsera que me hizo llegar nuestra hermana Abi, la cual tiene al centro una linda piedra de ámbar.

El ámbar es una resina fosilizada que ha demostrado ser un material excepcionalmente incorruptible y capaz de preservar organismos durante millones de años. Su capacidad de conservación se debe a sus propiedades:

 

· Origen orgánico: Proviene de la resina de árboles antiguos, que al fosilizarse se convierte en una sustancia sólida y estable.

· Propiedades químicas: Su composición rica en ácidos orgánicos lo hace resistente a la degradación.

· Capacidad de encapsulación: Puede atrapar insectos, plantas y otros materiales orgánicos, protegiéndolos de la descomposición.

· Fosilización lenta: Con el tiempo, la resina se endurece y se transforma en ámbar, manteniendo intactos los organismos atrapados.

 Cuando pensemos en la herencia que tenemos en Cristo imaginemos como si estuviéramos encapsulados en un ámbar. Es como si la sangre de Cristo con la cual Pedro dice que fuimos limpiados (v.2) cayera sobre nosotros y comenzara, cual resina de ámbar a cubrirnos para preservarnos. Vamos a llamarle el ámbar incorruptible de Cristo. Nosotros estamos dentro de ese ámbar el cual nos protege y preserva sin importar las inclemencias del tiempo, el paso de los años, incluso las catástrofes históricas. El poder incorruptible de la herencia de Cristo nos cuida y protege.

 II. HERENCIA INMACULADA

Pedro utiliza la palabra μίαντον (amianton) que significa precisamente “sin mancha” y era aplicado a diversos metales preciosos, pero también a ropa y tejidos finos y muy puros. Por eso, aquí en nuestra bolsa de supervivencia tenemos un algodón. El algodón ha sido considerado un material puro e inmaculado a lo largo de la historia, tanto por sus propiedades naturales como por su simbolismo en diversas culturas. Su blancura y suavidad lo han convertido en un tejido asociado con la limpieza, la frescura y la autenticidad. 

- Es 100% natural, derivado de la fibra de la planta de algodón.

- Tiene una textura suave y ligera, ideal para la piel.

- Es altamente absorbente, lo que lo hace cómodo y transpirable.

- Puede ser orgánico, libre de químicos y procesos industriales agresivos. 

Así es la herencia que tenemos en Cristo. Es 100% divina y 100% humana, como las dos naturalezas de Cristo. Por lo tanto nuestra herencia es tanto celeste como terrena, tanto eterna como temporal. Podemos confiar abiertamente en el poder de Cristo. Pero, como algodón la vida en Cristo también es suave y ligera. Así lo dijo el Señor “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; “porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28–30). A veces pensamos que la vida cristiana es un valle de lágrimas y sufrimiento y cuando sentimos que no estamos sufriendo lo suficiente, ¡nos inventamos nuevas tribulaciones!

Pero la vida en Cristo que tenemos en herencia debiera ser suave, ligera. No es negar los problemas. Es saber que podemos sobrellevar las situaciones porque Cristo va con nosotros.

El algodón también es muy absorbente. Tal como Cristo absorbió nuestras culpas y pecados en sí mismo y de este modo nos ha purificado y hechos limpios. Cuando los afanes de este mundo nos saturan y estamos llenos de preocupaciones, dolor y angustias, entonces podemos clamar al poder de Cristo y cual algodón posará suavemente sobre nuestras vidas para absorber nuestros malestares. Por eso más adelante Pedro nos dirá “echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).

 

III. HERENCIA INMARCESIBLE


Las traducciones modernas de la Biblia ponen al final de 1 Pedro 1:4 que la herencia en Cristo “no se marchitará”. Sin embargo, la versión Reina-Valera 1960 puso la palabra “inmarcesible” que me parece mucho más contundente que la expresión “no se marchitará”. Inmarcesible, además de ser una palabra excelente para incorporar a nuestro vocabulario, tiene un sonido o cadencia de belleza sonora. Ahora bien, el término griego original es igualmente bello, se trata de la palabra “μάραντον” (amaranton), la cual significa precisamente que no se puede marchitar. No es casualidad, por tanto, que el amaranto también sea el nombre de una semilla cuya flor tiene esas cualidades.

El amaranto es un pseudocereal originario de nuestras tierras, de aquí de Mesoamérica. En náhuatl se conocía como huautli. Se valoraban por su alto contenido nutricional y su capacidad para crecer en condiciones adversas. Su resistencia a la sequía y su adaptabilidad lo convierten en un cultivo ideal para la seguridad alimentaria. Además, su semilla es rica en proteínas, fibra y minerales esenciales, lo que refuerza su imagen de alimento perdurable y esencial.

En la tradición mesoamericana, el amaranto no solo era un alimento, sino también un símbolo de inmortalidad y fortaleza. Se usaba en rituales y ceremonias, y su consumo estaba ligado a la resistencia y la vitalidad. Hoy en día entra en la categoría de superalimento. Y, desde luego, es de lo que están hechos las riquísimas alegrías, este maravilloso dulce mexicano.

Cuando prueben su próxima alegría, recuerden que así de dulce e inmarcesible es nuestra herencia en Cristo. Siempre mantendrá su brillo y su brío, su fuerza, y, desde luego, su alegría. 

CONCLUSIÓN

Recordemos que Cristo no nos ha dejado solos, ha enviado al consolador, a su Espíritu Santo a guiarnos y, así mismo, nos ha dejado una herencia, un bolso de supervivencia con recursos de los que podemos echar mano en medio de las adversidades. Esa es nuestra herencia que tenemos en Cristo.

Es como ámbar que protege,

como algodón que purifica,

como amaranto que da alegría duradera.


"Ha puesto eternidad en el corazón de ellos" (Eclesiastés 3.9-15), Pbro. L. Cervantes-Ortiz

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